¿De dónde veníamos?

Las Constituciones previas a la de 1991 eran limitadas en su definición de ciudadanía, pues la mayoría solo reconocía como ciudadanos activos a los hombres mayores de edad, con propiedades y que supieran leer y escribir. Además, fueron restrictivas en la participación del pueblo en su elaboración. Fueron redactadas por un grupo pequeño de personas privilegiadas, delegadas por el gobierno y que no representaban, en su totalidad, la voluntad de todos los habitantes del país.

Sin embargo, a lo largo de los siglos XIX y XX, muchos movimientos sociales y miles de ciudadanos lograron grandes victorias para nuestra democracia: la libertad de miles de esclavos, el derecho al voto de las mujeres o la participación ciudadana en la elección popular de alcaldes, entre muchas otras. Todos estos avances fueron modificando poco a poco la Constitución de 1886, por lo cual perdió su vigencia.

Constituciones del siglo XIX

Las Constituciones del siglo XIX invocaban a Dios como autor y fuente del poder, lo que mostraba la influencia de la Iglesia en los asuntos del Estado. La de 1863 fue una excepción; destacaba el mandato del pueblo como autoridad para la nueva Constitución. La mayoría de ellas, además, señalaban que la religión oficial de Colombia era el catolicismo y establecían mecanismos para su protección.

Plebiscito de 1957

En 1957 se convocó un plebiscito para reafirmar el voto femenino y establecer el Frente Nacional, un acuerdo que repartía equitativamente el poder del estado entre liberales y conservadores, con el objetivo de frenar la violencia que había golpeado a toda Colombia. El resultado de las votaciones fue un sí contundente, con cerca del 95% a favor. Uno de sus efectos fue la exclusión política de otros sectores y movimientos políticos y si bien el acuerdo debía finalizar formalmente en 1974, diversos rezagos y prácticas institucionalizadas impidieron la participación real y efectiva de otras opciones políticas en los años siguientes.