La ciudad que coexiste

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Libro reseñado: 

Medellín (rojo) 1968

Datos libro: 

Óscar Calvo Isaza y Mayra Parra Salazar; Editorial Planeta, Alcaldía de Medellín, Medellín, 2012, 172 págs., il.

La referencia a “Medellín 1968” evoca entre historiadores y estudiosos sociales la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en esa ciudad colombiana entre el 26 de agosto y el 6 de septiembre de dicho año. Este evento tuvo una importancia enorme en la historia de la Iglesia en América Latina, pues propició nada menos que su transformación a la luz del Concilio Vaticano II. Entre otros aspectos, ello significó la modernización de la liturgia, la renovación del compromiso de la Iglesia con la justicia social y la radicalización política de algunos sectores de la jerarquía católica vinculados a la teología de la liberación. A mayor escala, Medellín forma parte de una serie de eventos –el mayo francés, la masacre de Tlatelolco, la invasión de la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia–, que han llevado a pensar 1968 como el año/acontecimiento donde se origina nuestro presente histórico. Aunque la discusión sobre el significado del 68 está lejos de cerrarse, pocos ponen en cuestión que dicho suceso tuvo una relevancia mundial, bien como época, como signo de cambio contracultural o como cierre de un periodo revolucionario1. Óscar Calvo Isaza y Mayra Parra Salazar muestran los otros Medellines que coexisten con el de la Conferencia y que se confrontan en esos días de agosto de 1968. Por un lado, la ciudad industrial en expansión que trata de mostrar su mejor cara ante los visitantes y la prensa extranjera. Por otro, el que ellos denominan “Medellín (rojo)” conformado por los habitantes de los tugurios y barrios piratas, curas villeros, sindicalistas y estudiantes que buscan aprovechar la magnitud delacontecimiento religioso para visibilizar sus demandas. Como lo explican los autores, el objetivo del libro no es reconstruir las discusiones de los obispos, sino “recrear la historia de la protesta social, la secularización y la vida urbana en la ciudad en 1968”, o, en otras palabras “interpretar la historia de Medellín a partir de Medellín” [pág. 24]. Es importante comprender el enfoque del problema, pues allí radica su novedad. Sobre cada tema es posible encontrar trabajos históricos detallados; más abundantes sobre la Iglesia latinoamericana, la Conferencia Episcopal, la teología de la liberación o Camilo Torres, y menos de lo que quisiéramos sobre el desarrollo urbano de Medellín, la protesta social y los cambios socioculturales de la ciudad en la década de 1960. Pero Medellín (rojo) 1968 aporta un enfoque novedoso para analizar las relaciones existentes entre estos temas, al ponerlos en juego como actores de la “zona de contacto transnacional” que se configura en Colombia por la visita del papa y la celebración de la II Conferencia Episcopal Latinoamericana. Salvo un par de menciones en la introducción y en la conclusión, no hay un desarrollo teórico sobre el concepto de “zona de contacto transnacional”. Pero ello no supone necesariamente una falencia. A lo largo de los siete capítulos del libro, el lector puede ver “actuando” el concepto tras bambalinas, sin que el texto se recargue de jerga o de disquisiciones teóricas superpuestas al problema histórico. Con un lenguaje sencillo y, sobre todo, con un exhaustivo trabajo de fuentes (algo ya característico en las investigaciones de Óscar Calvo), se logra ver, en varias escalas de análisis, cómo se presentaron los actores ante el mundo y las diferentes estrategias que utilizaron para imponer –o al menos visibilizar– su propia agenda política.  

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