¿Culturas o enclaves?

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Libro reseñado: 

Culturas bananeras. Producción, consumo y transformaciones socioambientales

Datos libro: 

John Solurivita Randazzo (Traducción) Siglo del Hombre Editores, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2013, 396 págs., il.

Este libro corresponde a la versión castellana de Banana Cultures, publicado en 2005 por la Universidad de Texas y se ocupa de estudiar la historia del banano en la costa norte de Honduras o, más exactamente, las relaciones entre esa región y las compañías bananeras de los Estados Unidos. Para abordar el tema se propone un análisis interdisciplinario en el que se mezclan las Ciencias Sociales, particularmente la Historia, las Ciencias Naturales, tales como Biología y Ecología, y los estudios literarios en la perspectiva de elaborar una historia socioambiental de la producción y comercialización del banano. El autor anuncia al comienzo del libro su intención de derrumbar algunos de los mitos que se han erigido con respecto al accionar de las compañías de los Estados Unidos en nuestro continente. En este caso se trataría de demostrar que Honduras no ha sido una República Bananera, ni que la United Fruit Company o la Standard Fruit Company implantaron economías y sociedades de enclave, sino que, por el contrario, la historia es más compleja como para reducirlas a esas denominaciones. Como veremos más adelante nada de esto se logra en la obra que comentamos. El título resulta discutible porque se habla de culturas en plural, lo que lleva a pensar que se analizarán varias regiones, productos o historias, pero no hay tal, porque lo que se estudia en forma exclusiva es la región norte de Honduras. Es una cultura bananera específica (aunque en rigor calificarla como cultura es un eufemismo, ya que se está hablando de un “enclave”) la que se estudia con detalle y cuidado, porque las consideraciones que se hacen sobre otras regiones bananeras de América Central son absolutamente marginales. Seguramente, el autor utiliza el plural por la sencilla razón de que eso resulta más comercial como título de un libro –para dar la impresión que no se circunscribe a un solo país, o incluso a una única región de un país– con el fin de atraer más lectores, o porque al incorporar los hábitos de consumo del banano que se desenvuelven en los Estados Unidos se está estudiando un tipo de cultura. En este caso estamos hablando de dos cosas diferentes, que no pueden ser presentadas como similares y ser reducidas al término de cultura. Nos referimos en concreto a que es algo muy distinto producir el banano en las zonas de enclave –término que el autor se niega a utilizar–, en donde los trabajadores son sometidos a diversas formas de explotación y sufren en carne propia la contaminación, y consumirlo a cientos o miles de kilómetros de distancia en los mercados de los Estados Unidos. Aunque las dos fases están inextricablemente unidas, y forman parte de un mismo proceso en el que se vinculan producción y consumo, no resulta muy convincente fundir esos dos polos con la denominación simple de culturas bananeras. Esto no quiere decir que no sea importante estudiar la cultura popular del consumo del banano que se moldeó en los Estados Unidos durante el siglo XX, lo que el autor hace con destreza; el asunto estriba en darle la misma importancia –que no la tienen– a la producción (y sobre todo a las condiciones de producción y a las relaciones que se tejen alrededor) y al consumo. Desde luego, se puede argüir que sin consumo no hay producción, lo cual precisamente recalca uno de los aspectos críticos de la monoproducción y la dependencia que caracterizan la relación histórica entre periferias y metrópolis, como lo testifica el caso de Honduras y los Estados Unidos, respecto al banano. Esas diferencias se explican porque la expansión del capitalismo (término que el autor no emplea), y el desarrollo desigual de la implantación de las compañías imperialistas en los países periféricos, vienen aparejadas de diversas formas de explotación, sometimiento y saqueo. Estas condiciones no pueden reducirse a diferencias culturales.

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