Muchos cabos sueltos

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Mataron a Jalisco. 26 de febrero, el día que todo estuvo a punto de estallar

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Luis Aurelio Ordóñez Burbano; Universidad del Valle, Facultad de Ciencias de la Administración, Cali, 2011, 216 págs.

En 1971 se efectuó la protesta estudiantil más importante de la historia de Colombia, tanto por su nivel organizativo, como por su capacidad de movilización, que posibilitó que se prolongara durante muchos meses en la mayoría de las universidades públicas y en algunas privadas y, sobre todo, por la masiva presencia de miles de jóvenes que paralizaron treinta y cinco universidades y cien colegios de secundaria. Como no podía faltar en protesta que se respete en este país, la represión oficial del Estado colombiano se desató con furia criminal contra los jóvenes estudiantes, dejando en el camino más de quince muertos, decenas de heridos y de detenidos. Esa persecución se justificó con el sambenito del anticomunismo, un pretexto permanente de la antidemocracia imperante durante el Frente Nacional, que le daba –y todavía le da– licencia franca al Estado para perseguir a todos aquellos que disientan y emprendan acciones prácticas por alcanzar reivindicaciones sociales, económicas y políticas. La Universidad del Valle se constituyó en uno de los escenarios más importantes de la lucha estudiantil de 1971 porque esa institución era presentada como modelo de la modernización al estilo estadounidense por las élites locales, lo que se reflejaba en su alianza con instituciones de los Estados Unidos, como la Misión Rockefeller, y por recibir préstamos y asesoramiento del BID y de instancias financieras similares. Además, esta universidad se había convertido en una especie de laboratorio de experimentación del Plan Atcon o Plan Básico en Colombia. Este plan debe su nombre a Rudolph Atcon, asesor del gobierno de los Estados Unidos para América Latina desde el Departamento de Estado, quien diseñó un tipo de universidades para convertirlas en instituciones técnicas, suprimir las humanidades, aumentar el costo de las matrículas, implementar lo que se empezaron a llamar “estudios generales”, controlar política y socialmente a los estudiantes y profesores… Como una muestra del sentido del Plan con respecto a los estudiantes se rechazaba de plano su participación en la dirección de las instituciones, puesto que se afirmaba sin tapujos que eso era como tener un espía enemigo en una reunión del Estado mayor [porque] es un hecho deplorable, pero cierto que los estudiantes universitarios representan el elemento más reaccionario en la actual sociedad latinoamericana. Con toda su rebeldía, con todos sus lemas revolucionarios, el estudiante es en realidad una fuerza negativa dentro del orden social. Pertenece a una élite, alimentada por el privilegio, desembarazada de la disciplina o de conocimientos, arrogante con la sensación de su poder [págs. 28-29].

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