De los viajes espirituosos

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Abrir la puerta para que entre el viento

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Roberto Martínez Navarrete. El Peregrino Ediciones, colección Dememoria, Bogotá, 2013, 305 págs.

El peregrino Ediciones inaugura con Abrir la puerta para que entre el viento su colección Dememoria, “dedicada a rescatar testimonios de primera mano con valor literario” –según reza la contracarátula del libro–. La editorial se ha especializado hasta el momento en narrativa. Sin embargo, uno de sus editores se entusiasmó con un cartapacio de textos que Roberto Martínez trabajaba hacía años y que trataba acerca de la espiritualidad india, así que lo instó a convertirlo en un libro. Martínez falleció antes de terminar los retoques finales y su mujer, Olga, logró transmutar el luto en una tarea de revisión que permitiera la publicación definitiva. El resultado entra en una tradición naciente que discute, junto con Coetzee y Munro (por citar apenas dos ejemplos laureados y recientes), con el estatus ficcional de la autobiografía. El libro de Martínez tiene por ende tanto de memorias como de estampas costumbristas y crónica de viajes. También hay anécdotas, personajes pintorescos y postales escriturales. Para resumir con otro rumbo: es el libro de un cachaco que viajó por el mundo ancho y ajeno y por el suyo propio. Abrir la puerta para que entre el viento son trescientas cinco páginas de historias narradas en primera persona y que contienen suficiente material para establecer los trazos de un ser humano complejo: su personalidad abarca extremos en apariencia opuestos a través de matices refinados. El lector encontrará en alguna página al narrador embarcado en una empresa mercantil consistente en vender o negociar joyas en París; en la siguiente, asistirá en la India a una ceremonia milenaria narrada con devoción. Si hubiera que identificar un denominador común para estas disímiles vivencias decantadas por los años, quizá podría identificarse el “ansia espiritual exacerbada” [pág. 95] del narrador por encontrar estados de conciencia que lo religuen con las realidades superiores:

Encontrar ese estado del ser, comprenderlo,

me forzó a traspasar las fronteras de la religión

e incursionar por el camino de la espiritualidad.

Me llevó a buscar por todos los rincones algo que me orientara

y me llevara por ese camino. [pág. 95]  

No sorprende entonces que la obra tenga como hilo conductor la constante referencia a su maestro espiritual indio, cuyo encuentro constituyó un hito. Este preceptor, un reconocido yogui de nombre Swami Satyananda, le abrió a Martínez las ventanas del yoga y del tantra. De modo que durante todo el libro se hace hincapié en la importancia que tuvo el maestro en los siguientes cuarenta años de la vida de quien narra. Sin embargo, el encuentro es apenas el culmen de una búsqueda que tiene sus primeras manifestaciones en la liturgia católica preconciliar, que se alimenta con la exploración activa de la magia, la cábala de los libros y el ocultismo disponible a los curiosos y que solo entonces logra coherencia con las herramientas del estudio acompasado y serio del yoga y el tantra. 

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