La academia repara en la literatura para los niños

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Pensar la literatura infantil, interpretación a varias voces.

Datos libro: 

Varios autores Carmen Elisa Acosta Peñaloza (Coordinadora) Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Literatura, Grupo Historia y Literatura, Semillero de Investigación en Literatura Infantil y Juvenil, Bogotá, 2011, 189 págs.

Este libro es el resultado del trabajo del Semillero de Investigación en Literatura Infantil y Juvenil, que dirige la profesora Carmen Elisa Acosta en el Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. No es menos que gratificante encontrar que, por fin, el tema se consolida en el ámbito académico. La literatura infantil fue considerada durante muchos años, hay que decirlo de frente, una subliteratura. Ninguneada y desconocida, los teóricos literarios y profesores universitarios tenían marcados prejuicios sobre esta literatura. Se consideraba que por su cercanía a la pedagogía, debía pertenecer a esa área, es decir, se lavaban las manos y la consideraban carente de valor estético y poco fiable para ganarse el derecho de ser considerada un objeto de estudio serio. Varias de estas anotaciones son señaladas con sorpresa por Acosta y su grupo de jóvenes investigadores. Desde luego que tienen razón. Estas motivaciones se entienden si comprendemos algunas cifras. En Colombia, en 2010, se publicaron quinientos títulos, entre novedades y reimpresiones, de literatura infantil y juvenil (LIJ). Esto es el cuatro por ciento de la producción total de libros en el país, que promedia los diez mil u once mil títulos. Estos libros de LIJ tienen tirajes de tres mil ejemplares, superiores a los de la media de libros para adultos, que es de quinientos. Pero ese es un aspecto. El otro tiene que ver con la relevante cantidad de masa crítica que surge cada año sobre esta área, sin dejar de considerar hechos materiales: un catálogo fulgurante de autores e ilustradores premiados (Evelio Rosero, Claudia Rueda, Triunfo Arciniegas, Yolanda Reyes, Francisco Leal Quevedo, Ivar da Coll, Henry González, Rafael Yockteng, por citar algunos), los persistentes programas de formación de lectores que usan esta literatura y, sobre todo, el caudal enorme de destinatarios potenciales, que a vuelo de pájaro, son catorce millones de niños y adolescentes en el país2. ¿Si esto no es importante para convertir un fenómeno en objeto de investigación académica, qué lo es?

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