La superficialidad del bajo mundo

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Libro reseñado: 

El Pájaro Speed y su banda de corazones maleantes.

Datos libro: 

Rafael Chaparro Madiedo; Tropo Editores, Zaragoza, 2012, 229 págs.

En 1992 Rafael Chaparro Madiedo ganó el premio nacional de Colcultura con la novela Opio en las nubes. Una figura desconocida, de pronto, surgía en el panorama de la literatura colombiana. Una novela marginal, atravesada de drogas, licor, sexo y ciudades desoladas, y un poco en la línea de ¡Que viva la música! (1977) de Andrés Caicedo, acaparaba por un momento la atención de los lectores y la crítica. Esta última, sin embargo, fue demoledora con la novela. Una reseña de Mario Jursich revelaba al lector los supuestos aciertos que se convertían realmente en defectos de Opio en las nubes. La presencia de repeticiones o muletillas, el falso o engañoso o sospechosamente facilista método de hacerle creer al lector que la novela por basarse en la balada rock era vitalmente musical, la monotonía de su recurso enumerativo y la gratuidad de muchas de sus escenas bizarras, son algunos aspectos desglosados por Jursich. La conclusión del crítico Malpensante es que un jurado neorromántico y nostálgico de los elementos triviales de la contracultura de los años 1970 terminó seducido por Opio en las nubes y la premió. Sin embargo, pese a que obra y autor no lograron meterse en el mundo editorial comercial que vendría después, Chaparro Madiedo y Opio en la nubes terminarían siendo parte del patrimonio de lectura de los jóvenes adolescentes colombianos. Se ha dicho que durante un tiempo la primera edición de la novela circuló de fotocopia en fotocopia, como si fuera un adminículo votivo desolador, una melancólica biblia psicodélica, entre las manos de las nuevas tribus urbanas del país. Luego murió Chaparro Madiedo en 1995, y su novela dejó de inquietar al establecimiento literario colombiano que, en la premiación de Opio en las nubes, tuvo que escucharle sus declaraciones irreverentes. “La literatura para mí –dijo Chaparro Madiedo, como si estuviera descubriendo que el agua moja– [es] un botellazo de whisky en la cabeza, un corrientazo de energía en las pelotas, una cuchillada en la madrugada”. Con todo, empezó a correr un rumor: el malogrado escritor había dejado una novela que sería publicada pronto. Ese pronto tomó cerca de trece años y en 2012 la editorial española Tropo Editores decidió publicar El Pájaro Speed y su banda de corazones maleantes. Solo un rápido vistazo a su primer capítulo, “Una mierdita muy triste”, basta para concluir que esta novela es una especie de prolongación de los recursos literarios y de los contenidos que Chaparro Madiedo trabaja en su primera novela. Pero lo que pudo ser en apariencia interesante y fresco en 1992 con el gato Trip tomate, Sven, Gary Gilmour y Max, los narradores de Opio en las nubes; en 2013, las andanzas de Speed y sus amigos callejeros por Bogotá resultan faltas de todo brillo e interés. Mejor dicho, es como si todos los aspectos negativos que resaltaba Mario Jursich en Opio en las nubes, y que a muchos lectores pudo haberles parecido en su momento producto de una pedantería de crítico literario, aparecieran en su segunda novela con una evidencia rotunda. 

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