Un poeta en ejercicio revisa su tradición

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Libro reseñado: 

Galería de espejos

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Alfaguara, Bogotá, 2012, 298 págs.

“En este libro haré énfasis en generaciones del siglo pasado como los Nuevos, Piedra y Cielo, Mito, el nadaísmo, la generación de poetas del inxilio (cuyas obras empiezan a aparecer en los años setenta), y en los poetas de la década del cincuenta” [pág. 11].

El programa resulta convencional pero Juan Manuel Roca le inyecta su visión, de participante activo que rescata por razones familiares poetas que conoció, como Ciro Mendia (1892-1979) o Luis Vidales (1900-1990), y en los que subraya sobre todo el humor, a veces sólo ingenioso, en otras en verdad más trascendente. “Los relojes pierden el tiempo”, consignara Vidales. El debate se sitúa entonces en si las “gotas amargas” de José Asunción Silva abren una brecha que cuestiona o ésta más bien se inicia en la música sarcástica con que León de Greiff habla de ese Bolombolo, “país de tedio” y de “cejijuntos horizontes”; “síntesis de los Saharas y summa de los Congos”. El trópico como calor que todo lo aplana. Pero quizás el origen habría de encontrarse, río arriba, en la paradójica figura de Rafael Pombo, “un hombre moderno y contradictorio en medio de un país aldeano y creyente” [p. 56], como lo califica Roca. Pero la opulenta música romántica, con su silencioso temblor ante el misterio, se conmueve con las estrellas distantes y anhela que estas lleguen a rozarlo, en algún momento, sea en las pupilas de la amada, sea cuando “abrió esta noche, como a las turbas su palacio un rey” [p. 59]. De ahí que la “Noche de Diciembre” de Pombo inaugure esa tradición de “Nocturnos” que enlaza a Silva con de Greiff y a Aurelio Arturo con Fernando Charry Lara, en la perplejidad de una poesía sobrepasada por ese temor a la otra faz de las cosas, a su anverso atrayente y peligroso. No las cosas como enigmas a descifrar, con su lenguaje propio, sino lo que José Asunción Silva, en “Una noche”, trazó con música certera “por el infinito negro / donde nuestra voz no alcanza, / solo y mudo por la senda caminaba” [pág. 73].


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