Divertimento gozoso

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Libro reseñado: 

Historia de Simona

Datos libro: 

Darío Jaramillo Agudelo; Pre-Textos, Valencia, 2011, 185 págs.

“Decrépito treintón es abandonado por cincuentona ardiente” [pág. 138]. Así se cierra este recuento de más de quince años en la vida de José Hilario López, joven que como barman nocturno conoce en su establecimiento a Simona Escobar, mujer mayor de Medellín con hermana gemela, casada con diplomático, y discreta en sus aventuras. Lo que buscaba en sus adulterios era sexo puro, alimentar el cuerpo de su necesidad física de ser poseído, tocado, traspasado. Nada de sentimentalismos, ni de cargas. [pág. 70] Pero algo sucedió que los llevó a estar unidos más de lo prudente, desde un arranque incontenible que en el primer capítulo del libro, “Ciento veinte horas y seis semanas” nos arrastra con su escritura fascinada en el descubrimiento mutuo. José Hilario López nos cuenta así su impaciencia, sus pueriles ardides, sin saber que para esa mujer de cuarenta y dos años él solo “era un objeto, un instrumento, un botín, un dulce y desechable jovencito” [pág. 35]. Salpicada de juegos de palabras, y de diálogos inteligentes, la novela ofrece también un humor compartible, como cuando luego de tres noches y dos días en una habitación de hotel, ninguno prende el televisor: Dos seres que en el mundo coincidían en que no les interesaba la televisión: suficiente como para firmar un pacto de sangre, o casarse, o darle la razón en todo lo que diga, o irse con el otro hasta el fin del mundo. [pág. 72] A partir de afinidades como esta, y el acuerdo de los cuerpos en sus encuentros, Simona termina por reconocer que lo ama (sin poder decírselo). Ahora tendrá que cuidarlo, desde la distancia, de su vida conyugal de diplomática por el mundo, y sin “asediarlo hasta el ahogo”, ni dejarlo suelto mucho rato. La conclusión corresponde muy bien al carácter festivo pero implacable de la descomplicada Simona Escobar: “Siempre ha sabido que soyuna perra. Pero ahora tengo que comportarme como una zorra” [pág. 75]. Pero el mundo acecha allí fuera: está la hermana, Susana, que es su doble opaco; su hermano Bernabé, que tiene algo de oso retraído y hace libros por encargo, con quien desarrolla su amplia “Teoría adúltera del equilibrio universal”, que se resume en un “mediante el adulterio, se preserva el matrimonio. El adulterio es una necesidad fisiológica de la sociedad, una vía de evacuación de libido sobrante” [pág. 139] y la melancólica confesión del marido de Susana que ahora manifestaba estar enamorado de un hombre.

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