Un ejemplo de dignidad

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Libro reseñado: 

En el tiempo de la bala y la salamandra.

Datos libro: 

Vladimir Carrillo; Atanor Ediciones, Madrid, 2012, 478 págs.

En este libro el escritor Vladimir Carrillo reconstruye la vida dramática de Gilberto Torres, un colombiano con una entereza y una dignidad como pocos en este país. En un territorio dominado por la banalidad de la televisión, en donde el fútbol, la farándula y la cultura traqueta se han convertido en el pan de cada día del imaginario de la mayoría de los habitantes de este país, los colombianos que “hacen patria” son aquellos que promocionan su imagen como si se estuvieran vendiendo un automóvil, una hamburguesa o cualquier marca comercial, tal y como acontece con costosos futbolistas que se desempeñan como mercenarios internacionales del deporte más popular del mundo o destempladas cantantes, que aunque no canten venden discos por millones y nutren las arcas de las multinacionales de la música. Por supuesto, Gilberto Torres no forma parte de ninguna de esas categorías comerciales, porque sencillamente su vida está ligada al mundo del trabajo en la industria petrolera y fue en esa actividad en donde realizó un acto de protesta que produjo su secuestro y tortura por parte de las Autodefensas Campesinas de Casanare (ACC). Ese hecho está relacionado con el secuestro y posterior asesinato del dirigente petrolero de Cartagena Aury Sará Marrugo por parte de los paramilitares dirigidos por Carlos Castaño. Ese secuestro se produjo el 30 de noviembre de 2001 y, con sorprendente sincronía, unas horas antes el Estado había dado la orden de militarizar las instalaciones e infraestructura petrolera en todo el país. Sin embargo, por un azar en la Estación de Bombeo El Porvenir, a pocos kilómetros del casco municipal de Monterrey, Casanare, el trabajador Gilberto Torres, directivo de la Unión Sindical Obrera (USO), logró penetrar en las instalaciones y, de acuerdo con otros directivos de la USO que se comunicaron con él por teléfono celular logró reducir la presión del bombeo del crudo, para obligar a Ecopetrol y al Estado colombiano a salvar la vida de Aury Sará y su escolta. Esto no se logró, pues el 4 de diciembre apareció muerto el sindicalista cartagenero. Esta acción demostró la solidaridad de los trabajadores e indicó que estaban dispuestos a enfrentar la oleada de asesinatos de dirigentes sindicales de la USO y a denunciar a diversas empresas transnacionales como copartícipes en esa campaña de exterminio. Que Gilberto Torres se hubiera atrevido a reducir el bombeo de petróleo fue considerado como un hecho inaudito por las empresas petroleras que manejaban la red de oleoductos, entre ellos el Oleoducto Central de los Llanos. Por eso, esas empresas decidieron matar a Gilberto Torres y ordenaron a los paramilitares de la región que lo hicieran. Éstos lo secuestraron con el fin de cumplir la orden que les habían impartido, pero en el camino se les atravesó la tenaz resistencia de la USO, que efectúo un paro de varios días con el fin de salvar la vida de su compañero secuestrado y organizaron una campaña internacional de denuncia. Como resultado, Gilberto Torres fue dejado en libertad, luego de soportar un cautiverio de cuarenta y dos días y de hacer realidad algo que se creía casi imposible: que un dirigente sindical o militante de izquierda que hubiera sido secuestrado por las autodefensas saliera vivo, algo que se consideraba como una “posibilidad… de uno contra un millón” [pág. 59]. 

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