Unos cuantos buenos cuentos

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Libro reseñado: 

Unos cuantos tigres azules.

Datos libro: 

Gustavo Arango; Ediciones Pluma de Mompox S. A., Cartagena, 2011, 110 págs.

Unos cuantos tigres azules es el título de una compilación de cuentos de Gustavo Arango, quien también es periodista y autor de libros de cuentos (Bajas pasiones, 1990; Su última palabra fue silencio, 1993; El origen del mundo, 2010, entre otros), reportajes, crónicas y ensayos. Además es profesor de literatura en los Estados Unidos. Extrañamente, en el libro que aquí reseño no hay datos biográficos del autor (fecha y ciudad de nacimiento) y no he logrado hallar otros libros suyos en Medellín, ni Internet me satisface la curiosidad y la necesidad para este escrito. El libro se compone de diecisiete relatos casi siempre muy cortos, que oscilan entre la realidad y el sueño, sin descontar su vocación de juego verbal en el cual el lenguaje va de la paradoja a la ironía, hasta la crítica. Todos elementos que, sin duda, el autor cultiva como características estéticas, digámoslo así, en las cuales muestra sus intenciones de innovar en el género, de experimentar con el lenguaje y con la composición misma de los relatos. A veces acierta, digamos, y a veces es del todo intrascendente. En general, diría, esa es una búsqueda “en el filo de la navaja”, dado todo lo acumulado hasta el momento en ese campo. Después de Monterroso, Cortázar, Cabrera Infante y Beckett, por ejemplo, hay que venirse con algo del otro mundo. Si no, todo puede salir muy regular, como creo que le sale aquí al cuentista. El comienzo, de hecho, no es halagüeño con “El adiós del enano” [pág. 15], en el cual el autor parece decirnos de entrada que lo de él no es el trascendentalismo y sí el humor, la sorpresa. Un enano que se emplea en un circo y todo termina en una especie de chiste, de humorada con ese personaje elevado por los aires impulsado por los cuernos de un toro, y sus palabras finales (“Dios mío”) al caer, que eran mantenidas en suspenso y que son el cuento y son, como digo, más un chiste, pero sin gracia. Puede decirse que el libro no avanza en unas historias que, además de mostrar invención o imaginación, demuestren dominio del género, una escritura sólida, convincente, plástica. En los cuentos sucesivos: “El intruso” [pág. 17] y “Escapar” [pág. 21] ve uno que el autor quiere, algo tiene, pero no puede todavía comprarse al lector, hacer que quiera seguir detrás de nuevas historias. Llega “La historia de Bill” y, bueno, algo mejoró. Ya ese personaje, al final, deja un suspenso muy interesante, abierto: se muere o sigue en su estado de decaimiento casi total. “Antes de que el sueño lo arrastrara pensó que morirse podría ser mucho más fácil de lo que había pensado”, es la última frase del libro. Es una buena frase del final de un relato que tampoco era claramente definido en su trama ni sus personajes.

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