“Los porqués del soneto clásico”

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Libro reseñado: 

Del marqués a la monja. Antología del soneto clásico en castellano.

Datos libro: 

Darío Jaramillo Agudelo; Fondo Editorial Universidad Eafit, colección Otramina, Medellín, 2014, 113 págs.

“100 sonetos para aprender literatura y entender la vida”. Esto es lo que dije a mi hija cuando me preguntó qué estaba leyendo. Claro, fue un error dejar una conversación abierta con una adolescente que apenas está intuyendo de qué va la vida y cuyas incursiones literarias discurren por los caminos de la prosa juvenil. Estaba claro que habría más preguntas. La primera fue acerca del “soneto”. Difícil pregunta cuando quien quiere saber todavía no ha llegado a los formalismos de la tradición poética. Pero un poco más fácil si aceptamos que para entender qué es un soneto hay que dejar claro antes qué es la poesía. Los jóvenes la entienden bien cuando les dices que la mitad de la música es poesía y que la poesía es sobre todo ritmo y cadencia. En el caso que nos ocupa es también rima. Hasta aquí, fácil. Si además les dices que la poesía es el campo de competición de la literatura, que en realidad los mejores escritores son los poetas, entonces entienden que estamos hablando de algo importante. O al menos eso es lo que los propios escritores creían en los siglos XVI y XVII: el cetro de la literatura se ganaba en el verso. En concreto, con el endecasílabo. Pero, ¿y el soneto? El soneto era en la época clásica como el rap en la música de hoy. Más o menos. Es una forma de poesía tan perfecta para alojar determinados temas que todo buen poeta sentía la obligación de ser bueno en ella. Para ser buen escritor tenías que ser buen poeta y para ser buen poeta tenías que ser buen sonetista. Muy fácil. Es tan lograda esta forma que durante más de dos siglos, el rango histórico que cubre la antología de Darío Jaramillo, los mejores poetas y poetisas que vivían en castellano se esfuerzan constantemente por dejar su huella en la historia del soneto. Bueno, y aquí tengo POESÍA que mostrar mis debilidades, confieso que una vez que Boscán publica a Garcilaso, los poetas que vienen después se esmeran por llegar al nivel de sonetos como el “V” o el “XXXVIII” (en las páginas 9 y 10, respectivamente, de esta antología).

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