Un bosque de dudas

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Libro reseñado: 

El bosque desnudo

Datos libro: 

Jorge Cadavid; Fundación Común Presencia, colección Los Conjurados, Bogotá, 2013, 147 págs., il.

En 2000 Jorge Cadavid (Pamplona, 1962) publicó La nada (Universidad de Antioquia), su primer libro de poesía, y en adelante, en estos trece años siguientes, ha publicado diez libros más, casi todos de poesía (uno es una antología de poemas cortos de todo el mundo, Ultrantología; otro es una antología de poesía colombiana, República del viento, y otro es Escribir el silencio, ensayos literarios). Sus poemas y textos son también muy cortos, a veces nada más que una imagen, una búsqueda permanente por la precisión, la levedad y la humildad, sin duda movidos por su vocación mística, religiosa, por su clara inclinación hacia el espíritu de la poesía oriental y sufí, ese espíritu místico del islam, presente en grandes poetas de la humanidad, como san Juan de la Cruz. En 2013 Cadavid publica el último libro de poesía hasta el momento: El bosque desnudo. Diario oculto. Son pequeños textos en prosa que, una vez más, buscan aquella voz queda, íntima y espiritual que el escritor concibe en la poesía como lo más preciado, como lo que es para él, sin duda, lo más anhelado del arte poético, o un arte de la vida, que él parece buscar, más incluso que la poesía misma. Es muy diciente lo que apunta el autor en el comienzo de su prólogo al libro que comento: “Este pequeño libro fue hecho para aumentar la duración de la mirada. Es solo un ejercicio contemplativo de alguien que intenta alcanzar quietud y apaciguamiento, quizá crear un poco de vacío dentro de su propio ser. Mirar con el ojo de la mente” [pág. 7]. Son aproximadamente ciento treinta breves textos de dos, cuatro, cinco o diez líneas que indagan en una observación, en una idea, en un anhelo, en una reflexión. A veces se pregunta, a veces afirma, otras veces cita, pero siempre se abstrae de los asuntos terrenales, de los problemas de los días y quiere ir hacia una esencia; aunque dude, es hacia allá POESÍA a donde dirige su mirada, su deseo, su hambre de ver. Los textos están dispersos por varios años y también por varios sitios, a juzgar por los nombres y las fechas que pone a veces debajo de ellos: Ávila, 2010; Córdoba, 1997; Ibiza, 2011; Heidelberg, 2012, etc. Sin duda en sitios de recogimiento y meditación, en momentos en los cuales el sentimiento se hizo palabras, pero palabras que quieren alcanzar el sentimiento, o la nada, como tanto le gusta al autor, que, por otro lado, bien puede querer con estas prosas, no la poesía, sino un estado del espíritu, como es acorde con alguien que, a veces, en la poesía, o en la disposición de sus textos a manera de versos (en otros libros), lo que pretende es alcanzar un estado del alma, digamos, una especie de éxtasis que solo quiere rendir culto a la despreocupación de la existencia, al dejarse ir en el silencio y nada más. Tal y como apunta aquí: “Me inclino ante no sé bien qué para orar sin palabras. Dejo pasar los pensamientos, los miro de lejos con fervor. No hay nada malo en lanzar una plegaria al viento” [“La mente limpia”, pág. 99].

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