Siempre se pierde

Tipo: 

N° revista : 

Boletín Cultural y Bibliográfico 88

Tema: 

Autor: 

Libro reseñado: 

Sobre el fracaso.

Datos libro: 

Kevin Simón Mancera Vivas; Jardín Publicaciones, Bogotá, 2010, 124 págs.

En julio de 2010, el dibujante Kevin Simón Mancera Vivas presentó una exposición en la galería bogotana de arte contemporáneo Nueveochenta. ¿El tema? El fracaso. Doce retratos de personajes –algunos muy reconocidos, otros no tanto– que en algún momento perdieron, la embarraron, dejaron de ganar: o que convirtieron el fracaso en una forma de triunfo, en toda una estética. Por aquellos días, Mancera declaró a los medios: “Dibujé gente que falló en alguna parte de su vida, eso no los hace fracasados”. Es verdad, no todos son –¿eran?– fracasados; más bien se trató de personas que tuvieron un gran capítulo de fracaso que los hizo famosos o que la historia no les perdonó. Gente a la que un error, un descalabro, le cambió la vida. Para bien o para mal. Los dibujos son tristes, cargados de melancolía; se podría decir que hay algo de ironía en las líneas y sombras escogidas por el artista: es como si cada uno dijera: “Yo sé, fracasé. ¿Me perdonan?”. Sí, se trata de personas avergonzadas. Solo caras, no hay cuerpos, de pronto un cuello, un hombro. Los retratos tienen un corte clasicista y quizá hasta académico. ¿Quiénes fueron los doce elegidos por Mancera? Ellos son: Raymond Poulidor, el excelente ciclista que nunca logró ganar un Tour de Francia: siempre segundo, siempre tercero; Robert Falcon Scott, el explorador británico que llegó tarde al Polo Sur y terminó muriendo en la mitad de la nada con los miembros de su tripulación; Adelir Antônio de Carli, el sacerdote cuyo cuerpo desapareció (después fue hallado muerto) cuando intentaba batir un récord volando con globos; Florence Foster Jenkins, la soprano estadounidense que, aunque cantaba horrible, se hizo famosa en todo su país y es ahora una leyenda; Peter Buckley, el boxeador inglés calificado como el peor del mundo: de trescientas peleas solo ganó doscientas cincuenta y seis; Franz Kafka, el escritor austrohúngaro que nunca confió en su trabajo y que pidió que, tras su muerte, toda su obra fuera destruida (y ni siquiera eso consiguió); William Miller, el predicador que creyó haber encontrado la fecha exacta en la que Jesús vendría al mundo por segunda vez; Christina Onassis, la millonaria depresiva que nunca halló el amor y que terminó dándoles a sus amantes lo que le pidieran; Lope de Aguirre, el conquistador enloquecido que se rebeló contra todo sin conseguir lo deseado: ni el dinero ni la libertad; Manuel Quintín Lame, a quien se le fue la vida luchando por los derechos de los indígenas, y quien, según podemos ver hoy, aunque trabajó mucho, consiguió poco; Gabriel Arturo Goyeneche, el político por el que nadie votó; y Amelia Earhart, la piloto estadounidense que murió en el intento de dar la vuelta al mundo. Como se podrá ver, la idea de fracaso que propuso Mancera en la exposición ni es la obvia ni es total. Los doce personajes que eligió no fueron perdedores absolutos: unos fracasaron en algún momento preciso (pienso en Scott o en Amelia), y otros no serían nadie, habrían sido olvidados por la historia, si no fuera porque hicieron de su vida un largo fracaso, el cual se convirtió, vea usted, en una forma de triunfo (he ahí los casos de la Foster o de Buckley). Digámoslo así: los fracasados de Mancera son interesantemente fracasados, lo cual bien muestra que para fracasar hay que tener talento, o al menos estilo: un buen fracaso no se consigue fácilmente. Así que hay que aplaudir el trabajo curatorial –de edición– que hubo en la selección de estos doce: Mancera se buscó doce fracasados admirables. Cada dibujo lo acompañó con un texto que tiene tono de perfil irónico. Pero no paró ahí. Consciente de que cada uno asume de manera distinta la idea de lo que significa e implica fracasar, decidió extender la idea de la exposición, ir un paso más allá, y hacer un libro titulado Sobre el fracaso, que se divide en dos partes. La segunda está compuesta por los ya nombrados doce dibujos y los respectivos textos que los acompañan (escritos en una letra casi ilegible). En la primera, trece firmas (artistas, escritores, críticos, etc.) presentan pequeños textos muy personales que parecen responder a la pregunta: ¿para usted qué diablos ARTE es el fracaso? Lo que escriben estas trece personas, unas más, otras menos, es muy interesante. El primero es Manuel Kalmanovitz G. Su texto, acaso el mejor, o al menos el más divertido, se titula “Doce apuntes sobre el fracaso”. El número uno, y ciertísimo: “Después de pensarlo un poco, se dio cuenta de que sólo fracasaban los que se proponían algo. Decidió, entonces, vivir sin proponerse nada. En eso, también, fracasó”. El cuarto, y chistoso: “Menú del día: fracasé de pollo”. El sexto, e interesante: “Si el destino de alguien fuera fracasar (asumiendo que creemos en el destino, claro), ¿no sería un triunfo ese fracaso?”. Finaliza con el número doce, y tranquilizador: “Para terminar, pensar que es posible que nada de lo anterior sea grave. Que lo importante sea llegar a un punto donde el fracaso deje de ser un obstáculo”. Después viene Humberto Junca Casas, con “Los fracasadores”. Lo que propone puede ser interesante: que este no es un país de fracasados, sino de gente que siempre nos está poniendo la zancadilla, que siempre nos está buscando el quiebre. Lo que pasa es que el texto tiene algo de cosa ya dicha, por no hablar de que no se termina de desarrollar y tiene un tufillo maluco de resentimiento. 

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