Para develar un espejismo

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Libro reseñado: 

Colón. América. Medellín

Datos libro: 

Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 2013, 122 págs.

Hay libros como este de Manuel Uribe Ángel (cuyo original fue publicado en 1892) que tienen la curiosa virtud de exponer, como si fuera en tono menor, suficientes argumentos para desmentir la tesis expresamente declarada por el autor. La primera y más extensa parte, dedicada a Colón, es un superlativo ditirambo que se esmera en honrar al personaje y celebrar su odisea. La hipérbole, elocuente al fin, nos asalta desde el mero comienzo cuando leemos, nada más y nada menos, que “la obra del genovés parece como una segunda creación: ‘Dios dijo: que la luz sea, y la luz fue’, y Colón dijo: ‘descúbrase un nuevo mundo’, [y un nuevo mundo] surgió del seno de los mares” [pág. 10]. Al final del ensayo, volvemos a encontrar esta idea del Colón creador al enterarnos de las zozobras durante el primer viaje del Almirante en el que éste estuvo a punto de perder la cabeza por un motín de los nada felices tripulantes; el narrador ensalza “la figura egregia del piloto genovés, gobernando un frágil leño de pocas toneladas, con el puño puesto en el timón, con el ojo clavado sobre el Occidente y con el corazón alentado por la fe”. Entonces, agrega, “no he podido detener el vuelo a la imaginación, y he exclamado: ‘¡Salud, sublime genitor de América!’”. Nos enteramos de que el mismísimo Colón “duplicó la extensión entonces conocida del planeta; amplió prodigiosamente la flora y la fauna corrientes de su centuria; dotó a la humanidad con las ingentes riquezas del Nuevo Mundo y, en fin, creó este vasto palenque de América […]” [pág. 42]. 

 

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