Los finales felices, eso es lo que se llama ficción

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Libro reseñado: 

Las aguas del olvido

Datos libro: 

Caza de Libros, Ibagué, 2012, 210 págs.

De entrada a esta novela de Luz García, Las aguas del olvido, dos cosas se hacen obvias. En primer lugar, se trata de una nueva novela sobre la violencia y la desigualdad social como males mil veces allanados en la literatura colombiana. En segundo lugar, que el fenómeno que este libro habrá de describir nos acercará una vez más a ese sentimiento colectivo de impotencia, las aguas del Leteo se llevan todo como los ríos colombianos en los que la muerte flota río arriba con una naturalidad pasmosa. Luz García –quien además ha publicado a la fecha el libro de no ficción Armero un luto permanente (Random House Mondadori, 2005) y un par de novelas en las que aborda ya sus principales inquietudes, la enfermedad y la violencia, Un libro especial (Pijao Editores, 2007) y Ladrón de violetas (2009)– nos cuenta en esta nueva novela sobre la vida de un grupo de jóvenes que se ven obligados a lidiar con el día a día, entre guerrilla y paramilitarismo, mientras engañan el hambre con pegante o huyen de la miseria en un largo peregrinaje hacia cualquier parte. El lugar del que huyen es precisamente un caserío al que la autora ha dado el nombre de Las aguas del olvido, palafitos gobernados por el abandono y la pobreza en donde tiene lugar la historia de Joselillo, mejor conocido como el mudo, personaje encargado de llevar la narración a lo largo de tres grandes apartados cuyo nombre nos pone ya al tanto del curso de los hechos: “La huida”, “La recuperación” y “El regreso”. Nos enfrentamos a un relato que va de revisar la rutina de los moradores de Las aguas del olvido –impregnado para bien de un lenguaje menos crudo y más lleno de descripción de paisajes y acentos líricos, como describir la aurora y el espectáculo de los langostinos y las jaibas recogidas en las redes con los primeros rayos de sol–, a visitar las aulas de una escuela que le sirve a la autora para concentrar su atención en las problemáticas infantiles propiamente dichas, asistimos pues a una serie de relatos personales que hacia el final del libro se resuelven en una ficción ideal: los enfermos se recuperan, los adictos abandonan sus vicios, algunos se casan y los pobres se hacen menos pobres. 


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