La levedad que ríe

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Libro reseñado: 

Una palabra cada día

Datos libro: 

Letra a Letra, Bogotá, 2015, 90 págs.

Yo no sé cómo, en qué momento, Gustavo Adolfo Garcés (Medellín, 1957) se hizo un poeta muy reconocido gracias a sus poemas cortos, apenas unas pocas líneas, dos líneas a veces, que en ocasiones, incluso, casi escamotean al lector lo que quieren decir. La primera vez que me encontré con un libro suyo, hace ya bastantes años, fue con Breves días, que había ganado recientemente un premio nacional. Me dije: espero a ver, porque por ahora no entiendo, estos poemas casi no me dicen nada, casi no dicen nada. Pasó el tiempo y volví a leerlos, seguro porque me había caído a las manos otro libro suyo recién editado, Pequeño reino. Y a partir de ese momento los poemas de Gustavo Adolfo Garcés se me hicieron como propios, empecé a gustarlos y a reírme con ellos, que era lo que no había logrado al principio: encontrarles la risa. Y también el silencio. Estaba muy claro que no eran haikús, porque hubiera sido muy fácil salir de ellos: definirlos como haikús y no ponerles más atención, dado que hay tantos poetas que escriben “haikús”, que uno simplemente los lee y sigue pensando en otra cosa. No se trataba de eso. Había más en estos poemas (aclaro: en los haikús de verdad, en los originales, hay mucho), había juego, dobles sentidos, elisiones llenas de alusiones, delicadas levedades que eran en sí mismas la poesía, y, vuelvo a decirlo, mucha risa. 


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