De una parroquia editorial y sus cofrades

Tipo: 

Tema: 

Libro reseñado: 

de los malos tiempos; Caspa; Torquemada en el infierno; El mensajero de los dioses; Otras esquinas

Datos libro: 

Benhur Sánchez Suárez. Historia de los malos tiempos; Caza de Libros Editores, Ibagué, 2012, 94 págs. Joaquín Peña Gutiérrez. Caspa; Caza de Libros Editores, Ibagué, 2012, 83 págs. Edgar Bastidas Urresty. Torquemada en el infierno; Caza de Libros Editores, Ibagué, 2012, 99 págs. Edgard Sandino Velásquez. El mensajero de los dioses; Caza de Libros Editores, Ibagué, 2012, 105 págs. Jairo Restrepo Galeano. Otras esquina; Caza de Libros Editores, Ibagué, 2011, 85 págs.

La gran cantidad de autores colombianos que Caza de Libros Editores de Ibagué viene publicando hace ya tiempo y que ha venido asumiendo una postura editorial abierta, no deja, sin embargo, de recordar aquel síntoma bastante repetido en los proyectos que en este sentido se dan en el país. Si por un lado la democratización de contenidos y autores a los que se les permite publicar en proyectos editoriales de mediano renombre ha abierto las puertas a una nueva generación de escritores, por la otra viene creando escuelas y parroquias que delatan inclinaciones algo tendenciosas que en algunos momentos tratan de rescatar la producción regional por encima del gran aparato comercial de los monstruos de este mercado, pero sin llegar a publicar obras que merezcan permanecer en el tiempo. En este sentido, el mal que les dio vida sigue dando libros que se ubican en escuelitas dispares, enfrentadas por una competencia que aún hoy día no permite que los editores se unan para dar vida a un proyecto consolidado que haga frente a los males del mercado en Colombia. Ya en una oportunidad y como parte de los encuentros que la Red de Editoriales Independientes Colombianas (reic), junto a la Asociación Colombiana de Libreros Independientes (acli) –y en donde tuve la ocasión de participar como relator–, fue organizado hacia finales de 2013 bajo el nombre Bibliodiversidad un encuentro de editores independientes en el que trató de darse vida a una campaña de buenas prácticas en pro de las políticas editoriales en el sentido que estas empresas habrían de unir esfuerzos para visibilizar sus contenidos y romper de paso con la barrera que ha dividido la edición universitaria de la independiente –y que en la reic no agrupa a la fecha de esta nota más de diez editoriales de tal corte– junto a muchas editoriales regionales que velan por la divulgación de sus autores, caso de lo que ha venido ocurriendo en el Líbano (Tolima), con la Biblioteca Libanense de Cultura bajo la batuta de Carlos Flaminio Rivera. La apuesta es, a todas luces, la de afianzar un mercado nacional que dé cabida a nombres conocidos tanto como a autores noveles, imagino que bajo el criterio algo personal de los responsables de estos sellos y de las necesidades y contextos de sus dinámicas particulares. En esta apuesta aparecen editoriales emergentes con un claro y medido concepto estético, que buscan posicionar un producto que nada tenga que envidiar a los ‘dueños’ del segmento en las librerías y espacios culturales que, como ocurre en las ferias del libro, a cada minuto poseen un inventario tan prolífico como digno de un estudio de fondo; por un lado se producen millares de libros sin mayor gracia estética, a la vez que la precariedad de algunos de los independientes no agremiados –lo subrayo– brilla por sus defectos, aunque las buenas intenciones terminen por llevarnos a aplaudir su quijotada.

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