Prensa

Sobre Durero

EL TIEMPO de Bogotá – 18/08/2014. Página 3 - Ver nota completa

Hace años leí una novela policiaca del italiano Leonardo Sciascia que basaba su trama en El caballero, la Muerte y el Diablo, de Durero. No recuerdo la historia, pero luego de ver frente a frente el grabado en la exposición de Durero en el Museo de Arte del Banco de la República queda claro que es la imagen perfecta para desatar cualquier relato de misterio. ¿Cómo descifrar la indiferencia del caballero ante la presencia del Diablo y una Muerte representada por un anciano monstruoso con una corona de serpientes?, ¿quién está en el castillo que está al fondo de la imagen? Hay que tener una lupa en la mano y varias horas de reflexión, y seguir.

Porque con Durero el tiempo nunca es suficiente. Y en Bogotá no es la excepción. La exposición tiene más de un centenar de grabados en los que aparecen –con el mismo halo de misterio– los sufrimientos de Cristo; un san Antonio que mientras goza de sus visiones, tiene a un león restregándose contra su espalda, o la propia Melancolía en la imagen de un ángel entregado a sus meditaciones.

Cada grabado es un universo compacto y cada uno es capaz de resistir durante horas la mirada de una persona y no revelar todos sus secretos. Los han ocultado durante más de 500 años y siempre exigen nuevas miradas. Yo, particularmente, vi la exposición en tres recorridos. En el primero me concentré en las escenas. Durero –como todos los grandes artistas de su época– lograba contar una historia en una sola imagen y –todavía sin sospecharlo– podía lograr trucos cinematográficos; quiero detenerme en un grabado modesto: La ascensión. El grabado muestra a un grupo de personas –algunas arrodilladas en el piso– con los ojos hacia arriba, ¿cuál es el truco? Durero solo muestra los pies de Cristo y un pedazo de su túnica, ¿quién puede dudar que subió al cielo? El espectador tiene que imaginar a Cristo fuera del espacio del grabado, camino a las nubes.

¿Y qué decir de los personajes? Durero tiene retratos memorables como el de El cardenal Alberto Brandeburgo y logra efectos totales como “la melancolía” del perro que acompaña al ángel en el cuadro del mismo nombre. Y también hay que hacer el recorrido en busca de su firma. Durero marcaba sus grabados con un sello que se integraba perfectamente con la imagen. Su sello aparece en lápidas, butacos, en la sombra de un camino o como un papel tirado en el piso. Y hay otro recorrido para disfrutar de sus escenarios y todo lo que rodea la escena principal, ¿cómo no maravillarse ante los arcos del templo de Los desposorios de la Virgen o cómo no perderse en el bosque desolado de El caballero, la Muerte y el Diablo? O mejor: ¿cómo no maravillarse y soltar una sonrisa ante la legión de angelitos que aparece discretamente en La huida a Egipto?

 

Repito: se necesitan horas, la vida entera, para disfrutar a Durero, pero basta un instante con él para iluminarnos el resto de la vida.

Grabados de Alberto Durero se encuentran en Bogotá

CANAL EL TIEMPO de Bogotá – 08/08/2014 - Ver nota completa

113 grabados del artista alemán Alberto Durero fueron traídos por el Museo de Arte del Banco de la República a Bogotá. La exposición muestra las etapas más importantes en la vida del artista y está abierta al público desde el 1º de agosto hasta el 3 de noviembre.

"Durero fue un estudioso científico del arte"

REVISTAARCADIA.COM de BogotáVer nota completa

Hablamos con la especialista española Rosa Perales Piqueros, responsable de la curaduría de las exposición de 113 grabados de Alberto Durero, que se puede ver en el Museo de Arte del Banco de la República.

 

Rosa Perales Piqueres tiene un marcado acento español, extremeño para más señas, y dice estar encantada con Colombia -"De los países de Sur América, es dodne me he sentido más cómoda"- aunque es la primera vez que viene. Perales pasó cuatro días preparando la gran exposición de Durero, Grabados (1496 - 1522) compuesta por 113 obras del artista alemán que se exhiben, hasta noviembre, en el Museo de Arte del Banco de la República.

Entrevista a Sigrid Castañeda, coordinadora curatorial de la exposición Alberto Durero

CARACOL RADIO – LA VENTANA de Bogotá – 08/08/2014 - Ver nota completa

Realiza una invitación a visitar la exposición ‘Durero Grabados 1496 - 1522’, la cual reúne 113 grabados de Alberto Durero, uno de los principales artistas del renacimiento alemán, la muestra está abierta al público desde el 1º de agosto hasta el 3 de noviembre en el Museo de Arte del Banco de la República.

Un grande del Renacimiento en Bogotá

SEMANA de Bogotá – 02/08/2014. Páginas 70 y 71 Ver nota completa

Por primera vez 113 grabados de Alberto Durero, uno de los artistas más importantes de la historia, están en el Museo del Banco de la República. Razones para no perdérselo.

Sin duda los siglos XV y XVI fueron unos de los más ricos en materia de arte. Genios como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y Jan van Eyck experimentaban con diferentes técnicas y creaban obras maestras que aún hoy cautivan al mundo. Entre esos grandes está Alberto Durero, el alemán que pintó cuadros tan famosos como la Liebre joven (1502), Autorretrato de Durero (1498) y Adán y Eva (1507).

El pasado jueves el Museo del Banco de la República inauguró la exposición Durero, grabados 1496-1522 que trae por primera vez a Colombia 113 originales del genio de Núremberg, cuyo talento convenció a alemanes, holandeses y austríacos de que el artista no era un mero artesano.

Durero nació en Núremberg en 1471 y desde muy pequeño se convirtió en un brillante aprendiz de xilografía y orfebrería. En 1494, como solían hacer los artistas de la época, viajó a Italia para estudiar la obra de los maestros. Allí conoció una nueva manera de hacer y pensar el arte: el Renacimiento. Con el Medioevo tras de sí, los italianos se dedicaban a estudiar las matemáticas, la naturaleza y el cuerpo humano.

Miguel Ángel, por ejemplo, duró años memorizando cada uno de los músculos y tendones del cuerpo para dibujar a hombres y mujeres a la perfección, mientras Leonardo da Vinci analizó las leyes de la física y se fijó en los gestos de las personas. A través de la construcción de la perspectiva y la cuidadosa observación de los fenómenos de la naturaleza, los artistas habían logrado convertir el lienzo en una ventana al mundo.

Pero cuando volvieron la mirada hacia los clásicos de Grecia y Roma se encontraron con un ideal de belleza basado en la armonía matemática. En vez de olvidarse de esa conquista de la realidad y perseguir un ideal geométrico, decidieron combinar las dos tendencias y pintar el mundo con proporciones perfectas. Esa dualidad entre el gótico y el imaginario del Medioevo, y la investigación y la experimentación artística del Renacimiento, aparecen constantemente en la obra de Durero, que revelan el camino que lo llevó a convertirse en un hombre y un artista de esa época.

Los grabados en blanco y negro ilustran motivos religiosos e historias del fin del mundo en las que ángeles y caballeros luchan contra dragones alargados. Una y otra vez los paisajes del norte se intercalan con los italianos y las características de la religión mediterránea con las banderas de la reforma luterana. Entre los grabados y las xilografías del alemán hay maravillosas ilustraciones de libros de la época pero también imágenes sueltas que revelan al espectador la forma como este genio entendía su momento histórico. “Con Durero –dice Rosa Perales Piqueres, curadora de la exposición– el grabado dejó de ser el oficio de un artesano y se convirtió en obra de arte.” Y es que precisamente con esa idea él concebía y tallaba los moldes.

El nivel de detalle de los grabados es enorme. A partir de ellos Rembrandt, uno de los maestros del claro-oscuro, aprendió la técnica de luz y sombra. Basta con mirar las pequeñas imágenes para intuir que quien las hizo era un perfeccionista empedernido. “Para llegar a las proporciones perfectas del cuerpo humano –explica el artista Carlos Nariño– Durero pintaba el cuerpo del hombre y la mujer partiendo de un rectángulo.” Los grabados y las pinturas revelan esa búsqueda por las proporciones perfectas que culminó en su Adán y Eva de 1507.

A pesar de que el de Núremberg es un reconocido pintor, sin duda sus grabados le dieron su mayor fama. Gracias a la imprenta Durero hacía miles de copias de sus xilografías que recorrían Europa y llegaban a América en manos de los conquistadores. Estas imágenes lo posicionaron como uno de los artistas más grandes e influyentes del momento. Pintores y aprendices de dibujo alrededor del mundo copiaban sus imágenes para aprender y con ello aumentaba su fama. Su trabajo influyó en el expresionismo alemán de comienzos del siglo XX y tal vez Cézanne haya tomado de Durero la idea de pintar a partir de figuras geométricas.

Entre sus clientes más fieles estaba el emperador Maximiliano I de Habsburgo quien le encargó El gran carro triunfal de Maximiliano I, una de las obras más importantes de la exposición. Al fondo derecho de la sala están Caballero, la muerte y el diablo y La Melancolía que se cree tienen un aire autobiográfico. El primero muestra a un caballero medieval y al diablo en el camino. El segundo tiene una Victoria cansada después de incontables experimentos y largas horas de estudio. Cada imagen representa uno de los mundos que constituyen la obra y el pensamiento del artista. Las imágenes hablan del hombre medieval que se convirtió en un maestro del Renacimiento. 

El adelantado Alberto Durero

EL ESPECTADOR de Bogotá – 01/08/2014. Páginas 24 y 25 - Ver nota completa

El Museo de Arte del Banco de la República recoge 26 años de trabajos gráficos del legendario pintor. Su fijación con las ideas y su singularidad lo ponen a la par de Leonardo Da Vinci.

Las ideas. Esa singular partícula produjo el cambio entre dos épocas: el Medioevo y el Renacimiento. Por entonces, cuando nació Alberto Durero, era común que el arte fuera tomado como una herramienta para la difusión de las ideas religiosas. Pero fue en ese período cuando, poco a poco, ideas y religión parecieron dos entidades por completo distintas, chocantes. Durero lo sabía y el ambiente que lo rodeaba le permitía pensar un poco más allá: Núremberg era una ciudad imperial, los artistas eran independientes. De modo que, cuando llegó el momento, supo que a través de la imagen era posible expandir las ideas con un impacto quizá más poderoso que las palabras.

Y fue artista.

Durero apoyaba a Lutero y había conocido a Erasmo de Róterdam. Era profundamente religioso y tenía una fijación curiosa por todo cuanto sucedía en el mundo. Escribía, anotaba aquello que pensaba y aquello que no, aquello de lo cual carecía y aquello en lo que se excedía. Fue en principio un artista de retratos religiosos, pero entonces, cuando sumaba 23 años, viajó a Italia por primera vez y ya nada sería lo mismo: aprendió sobre la proporción, el paisaje como parte de las imágenes, la composición, los tonos, las sombras y las luces.

“Es un investigador, escribe todo, se conoce todo —dice Rosa Perales, curadora de la exposición en el Museo del Banco de la República—. Es el gran científico de la época. Así como Leonardo también lo es: el hombre del norte, Durero, es metódico, es alemán, calculador, legal, se levanta a la misma hora, hace lo mismo, rígido en sus costumbres”. Pintaba en óleo y a través de sus estudios sobre la figura humana fue encontrando más razones para escribir: Cuatro libros sobre la proporción humana es una de las obras que prueban las obsesiones de Durero. ¿Y qué es posible hacer con tanto conocimiento? ¿A qué vienen tantos datos e investigaciones? Durero fue en principio un hombre de religión y no dejó de serlo, pero en sí mismo fue recogiendo todas las angustias y transformaciones de su tiempo hasta ser, casi por completo, un hombre de las ideas, racional, y aun así con una fuerte espiritualidad. En sí mismo, Durero es la imagen de cierto período.

Una lista de sus trabajos en óleo daría cuenta de una vaga idea: parece que, de tiempo en tiempo, Durero fue perdiendo el interés por este material y se concentró en las litografías y las xilografías. Y explotó ambas técnicas hasta la genialidad. “La litografía tradicionalmente se utilizaba de una manera tosca —dice Perales—. Se solía hacer un contorno de figura y luego se rellenaba y se hacían los oscuros y los claros, y provocaban la sombra y el volumen. Durero raya en vertical y horizontal, cruza las rayas con el buril, y crea el efecto de la sombra. Trabaja la sombra y la luz, y con eso consigue el efecto de volumen. Eso lo aprende de los italianos”.

Es bien sabido, sin embargo, que el arte no es sólo un modo de la técnica. De hecho, la técnica es sólo práctica, pero no arte real y tangible y contundente. Durero aplicó esta técnica a un pensamiento más profundo, pensamiento de su tiempo y que tal vez iba más allá de él: el arte es el vehículo de las ideas. “El logro de Durero es trabajar pictóricamente un grabado, hasta el punto que trabaja la composición, la proporción, la perspectiva y el paisaje, cuatro elementos que hasta entonces no se habían hecho —dice Perales—. La imagen era repetitiva; importaba qué se decía, no cómo se decía. En Durero, es la inversión del mundo medieval al mundo de las ideas: yo te transmito algo, pero te lo transmito como lo quiero transmitir. Es el mundo antropomórfico, no el mundo de Dios. Son las teorías del hombre”.

Si Dios no es el centro y el hombre es el punto de toda idea, ¿qué es el artista? Durero responde, como todos los artistas reales, a través de su trabajo: el artista es un autor y un artificio. Es el creador y es casi un dios. Quizá un dios menor, que prescinde de la inmortalidad pero se hace inmortal en un taco de madera o en una placa de cobre tratada al buril. Durero encuentra así una noción que en este tiempo es bastante común: la autoría. Por entonces, el artista era apenas un mediador, un enviado de Dios, quien se permitía tomar su talento para explorar las ideas espirituales del catolicismo más arraigado. Y sí: Durero trabajaba en Alemania y en ocasiones para la corona española. Sus trabajos eran a veces divulgados sin su permiso, falsificados y vendidos como si fueran originales: comenzaba la época de la reproductividad técnica gracias a la imprenta. Entonces decidió firmarlos, registrarlos, saber dónde estaban y quién los había comprado. Era un artista con su obra, un artista con su visión, con ideas propias formadas a partir de una experiencia, dolorosa o no, frente a la vida. Durero fue por ello un adelantado: en los primeros años del Renacimiento, firmar una obra era en cierto sentido una declaración de principios. Y Durero supo formarlos.

Erwin Panofsky, conocedor de la obra del alemán, fallecido en 1968, escribió: “Durero imaginaba un ser dotado del poder intelectual y los logros técnicos del arte, aun dentro de la desesperación de hallarse dominado por el humor negro, y así representó una geometría que deviene melancolía o, dicho de otro modo, una melancolía dotada de todo lo que está implícito en la palabra geometría. En definitiva, una melancholia artificialis, una melancolía del artista”. Durero conoció tanto, exploró tanto, que quizá no llegó a ningún lugar. Melancolía, uno de sus grabados más detallados y plenos de elementos simbólicos, podría ser un autorretrato: el artista angelical está por completo indiferente, entregado a la desidia, mientras el conocimiento lo rodea a través de imágenes proporcionadas y lumínicas. La melancolía es la vejez, el término y la cercanía a él. La melancolía es otro de los modos de la inevitable ignorancia.

Oportunidad de apreciar los grabados de Durero

ADN de Bogotá – 29/07/2014. Página 15 Ver nota completa

Los grandes artistas, como Alberto Durero, son inmortales gracias a sus obras. Nacido en Núremberg (Alemania) en 1471, vivió una época particular, puesto que en el siglo XV el pensamiento medieval estaba llegando a su final y se estaban abriendo nuevas formas de pensamiento.

Como artista, sus preocupaciones no estuvieron alejadas de los acontecimientos de su siglo, las cuales plasmó en cientos de grabados, cargados de alegorías, de contenidos religiosos y de exploraciones sobre lo humano, y hechos con total rigurosidad.

Ahora, 113 de estos grabados -pertenecientes a la colección Dal Bosco, una de las más importantes de este tipo en Europa- se verán, desde este jueves en el Museo de Arte del Banco de la República, en Bogotá, en la exposición 'Durero. Grabados 1496-1522'.

Obras del artista alemán, Alberto Durero, estarán en Bogotá desde esta semana

EL TIEMPO de Bogotá – 29/07/2014. Portada Debes Hacer Ver nota completa

Obras del artista alemán, Alberto Durero, estarán en Bogotá desde esta semana.

 

Alberto Durero revive en Bogotá

EL TIEMPO de Bogotá – 29/07/2014. Página 4 - Ver nota completa

Los grandes artistas, como Alberto Durero, son inmortales gracias a sus obras. Nacido en Núremberg (Alemania) en 1471, vivió una época particular, puesto que en el siglo XV el pensamiento medieval estaba llegando a su final y se estaban abriendo nuevas formas de pensamiento.

Como artista, sus preocupaciones no estuvieron alejadas de los acontecimientos de su siglo, las cuales plasmó en cientos de grabados, cargados de alegorías, de contenidos religiosos y de exploraciones sobre lo humano, y hechos con total rigurosidad.

Ahora, 113 de estos grabados –pertenecientes a la colección Dal Bosco, una de las más importantes de este tipo en Europa– se verán, desde este jueves en el Museo de Arte del Banco de la República, en Bogotá, en la exposición ‘Durero.

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CREDENCIAL de Bogotá – 12/07/2014. Página 4 - Ver nota completa

Primera exposición del gran Durero en el país. Disfrute sus grabados.

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