Sombras del sur y del norte

Sombras del sur y del norte

Nicolás Gómez Echeverri

Unidad de Artes y Otras Colecciones, Banco de la República

La historia es el tiempo en el que aquellos que no tienen derecho a ocupar el mismo lugar pueden ocupar la misma imagen […], Jacques Rancière, 2013

Una pierna queda anclada al suelo, mientras la otra se levanta para brindar equilibrio en un enérgico movimiento que debe haber recurrido a las fuerzas reservadas en todo el cuerpo. Un brazo aparece atrás, halado por la gravedad, y empuja el cuerpo hacia abajo para reforzar el apoyo de la pierna que sirve de pivote. El otro brazo queda en primer plano, extendido, con el hombro estirado por delante del cuerpo, y empuja el pecho hacia atrás para proteger al rostro de cualquier cosa que se aproxime de frente. Detrás de este cuerpo arqueado y desenvuelto, muchos hombres y mujeres miran estáticos y aglomerados como una muralla. El sujeto que nos confronta es su representante, su médium.

Sombras del sur y del norte

A este manifestante anónimo lo hemos visto, en otros tiempos, en las calles de París, Palestina, Estambul, Santiago de Chile, Berlín, Roma o Río de Janeiro. Sus causas son diversas. Sobre la fotografía de un manifestante boliviano que reprochaba la decisión de su Gobierno de exportar gas a Estados Unidos, el escritor español Juan José Millás ha dicho que “lleva toda la vida intentando pasar de un lado a otro de la historia” (2005, p. 37); se refiere al empeño de este sujeto de desprenderse de esa muralla que lo respalda para alcanzar, con sus gestos, el lado que lo excluye, lo margina, lo explota y lo denigra, para exigir un esquema de correlación diferente, justo y horizontal. Y concluye Millás: “Queda al menos la fotografía de ese hombre cuyos brazos aletean sobre la desigualdad y el caos como el espíritu de Dios, en el Génesis, aleteaba sobre las tinieblas antes de que se hiciera la luz” (p. 39). Pero no conocemos los fines de nuestro manifestante, y tampoco sabemos las causas o consecuencias de su acción. La fotografía que nos lo muestra tan solo revela el gesto que, como lo define Giorgio Agamben, no es un medio hacia un fin, ni un fin en sí mismo, sino un medio puro: “el gesto es la exhibición de una medialidad, el hacer visible un medio como tal” (2001, p. 54). Por medio de este gesto “no se produce ni se actúa, sino que se asume y se soporta” (p. 53). Por esto, de manera coincidente con las ideas de este filósofo, la imagen nos remonta a los estudios de finales del siglo XIX de Gilles de la Tourette, que analizan con huellas los pasos del ser humano para comprender su andar, y que fueron realizados casi al tiempo que los fotogramas de Muybridge, quien se esforzó por capturar los gestos más mínimos de humanos y animales. La imagen detenida del manifestante rescata la exhibición corporal, el medio expresivo que suspende un hecho del pasado y lo vuelve evidencia en el presente para proyectar un porvenir. En las calles, este manifestante queda sin expresión, pues lo que se expresa —lo que es atendido— es el golpe de la piedra, la confrontación de las partes y el inevitable barullo mediático. En el arte se rescata la expresión perdida y la manifestación mediática del cuerpo expresándose, en una pausa del tiempo cronológico, en un acontecimiento que tiene un presente continuo.

En sus obras, Graciela Sacco acude a imágenes de rasgos y acciones de todos. En los carteles de Bocanada, que instala en calles de diferentes ciudades, multiplicó bocas abiertas para ilustrar los gritos demandantes que —sin sonido, sin ruido, sin palabras y solo mediante el gesto— comunican la necesidad humana de comunicar. Entre muros y escaleras camufla miradas que, temerosas e inquietas, están Esperando a los bárbaros. En otras obras, como Migrantes o Fueron al norte para llegar al sur, nos enseña el andar de los caminantes urbanos o los pasos largos de las personas que corren para alcanzar el tren y, en su expresión anatómica, revela el anhelo de transformación en sus vidas. A propósito de los seres errantes, sin lugar y sin dirección fija, acude a las manos entrelazadas que dan calor y protección. En sus obras, Graciela Sacco utiliza imágenes de prensa y medios masivos, que son evidencias a las que nuestra sociedad ha asignado la potestad de legitimar los hechos históricos. Pero estos recursos median nuestro saber sobre la realidad. Precisamente, ella ve a través de la mirada de otro, y propone la multiplicación de miradas con la experiencia de los espectadores. Las imágenes que la artista apropia revelan a los habitantes de la ciudad desplazándose afanosamente, en fila esperando trámites o participando en manifestaciones públicas. La manera como se organizan las personas, comparten ciertos gestos y se compenetran en masa rectifica órdenes orgánicos que movilizan y transforman las sociedades. En 2014, el Banco de la República adquirió la obra Sombras del sur y del norte (2002), que consta de un montaje de fragmentos de lámina acrílica impresos con fotoserigrafía que proyectan su sombra por acción de una lámpara que los ilumina. Estas sombras se han visto en la Bienal de Arte de La Habana impresas sobre pendones de papel en medio de un escenario de casas ruinosas que acogen a este hombre en combate perpetuo con el devenir de la historia. La misma imagen se ha visto en la Bienal de Fotografía en México, en las calles de Rosario o en algún museo en Nueva York, Boston o Miami. Esta circulación internacional es coherente, pues este hombre es, indiferentemente, del sur y del norte.

La piedra lanzada por el personaje ya habrá golpeado algo o a alguien. Esta hipótesis nos ubica a los espectadores en dos escenarios posibles:

1. Estamos del lado cómodo en el que no nos golpea la piedra. Tan solo nos queda la fotografía documental que suspende el momento de su lanzamiento y el agotamiento de todas las energías del cuerpo puestas en el ansia de algún resultado. El escenario está fragmentado y quieto, y lo que vemos son sus sombras como reliquias. Somos, como en el mito de la caverna de Platón, aquellos sujetos con las manos atadas y las cabezas inmovilizadas que solo ven sombras que toman por reales. Pero estas son el remanente de la prensa o, como lo narra Denis Diderot, “la representación de todas las escenas cómicas, trágicas y burlescas de la vida” (1994, p. 63) que representan “los reyes, ministros, sacerdotes, doctores, apóstoles, profetas, teólogos, políticos, bribones, charlatanes, artesanos de ilusiones y una gran tropa de mercaderes de esperanzas y de temores” (p. 63).

2. Como lo expresó Carol Damian (2005), respecto a la exposición Sombras del sur y del norte de Graciela Sacco en la Galería Diana Lowenstein, de Miami, los visitantes “se convirtieron en rostros entre la multitud, que aparecían y desaparecían como enigmáticos fragmentos de desconocidos, todos alineados para algún propósito igualmente desconocido”. Frente a estas sombras nos envolvemos en la proyección borrosa de la memoria de un gesto, aunque también podríamos convertirnos en sombras. De cierta manera, la obra nos introduce en el otro lado, al lado de los deseos de la multitud. Y si bien confrontamos a su pasado, que se muestra en un presente fragmentado, esperamos que el gesto del manifestante defina un destino, el mejor para nuestras sociedades.

Referencias

Agamben, G. (2001). Notas sobre el gesto. En Medios sin fin. Notas sobre la política. Valencia: Pre-textos.

Damian, C. (2005). Exposición individual Graciela Sacco. ArtNexus, 57 (103).

Diderot, D. (1994). [Jean-Honoré Fragonard (1732-1806)]. En Escritos sobre arte. Madrid: Ediciones Siruela.

Millas, J. J. (2005). El cóndor pasa. En Todo son preguntas. Barcelona: Península.

Rancière, J. (2013). Figuras de la historia. Buenos Aires: Eterna Cadencia.