Presentación

A raíz de una famosa y controversial entrevista de Henri Cartier-Bresson al periódico francés Le Monde en 1974, Robert Delpire (fundador de la editorial del presente libro), defendía al fotógrafo de los ataques proferidos en su contra, recurriendo a la descripción de un monumento, tan imaginario como grotesco, erigido a la memoria del maestro. Después de haber detallado las líneas de la estatua y haber amenazado con dinamitarla, el editor invitaba a usar formas más amenas de preservar la memoria del artista que la expresión monumental. Entre otras sugerencias, Robert Delpire recomendaba hojear los libros, volver a mirar las imágenes de HCB.

Unos años más tarde se concretaría esta invitación premonitoria, por medio de la publicación de Henri Cartier-Bresson, fotógrafo, trabajo retrospectivo compilado por el editor y el fotógrafo, que cubre la totalidad de una obra diversa y coherente, atravesada por la pintura, la poética surrealista, la historia y el cotidiano del siglo XX. Esta publicación que tenemos el honor de presentar aquí, más de una década después del fallecimiento del fotógrafo, cumple con la promesa de Delpire de encontrar en un libro la estela luminosa dejada por las imágenes de Cartier-Bresson, aquella memoria viva del artista y de su obra.

Henri Cartier-Bresson, fotógrafo tiene su origen en la exposición del mismo nombre que el Museo de Arte Miguel Urrutia del Banco de la República (MAMU) presenta en el marco del Año Colombia-Francia 2017. Sin embargo, su alcance supera esta coyuntura para articularse con nuestra actividad museal y con nuestra colección de arte. Esta primera traducción al español de una obra central del llamado Ojo del siglo contribuye al esfuerzo del Banco de la República por promover la expresión fotográfica en el campo cultural colombiano mediante la realización de exposiciones de fotógrafos internacionales, la investigación y la ampliación de los fondos fotográficos en las colecciones del Banco.

Este libro entra en resonancia, por ejemplo, con algunas de las imágenes de la obra de Leo Matiz, fotógrafo nativo de Aracataca, que componen nuestro acervo. Desde su viaje fundador por Centroamérica con rumbo a México, a principios de los años cuarenta, la mirada de Matiz llevaría siempre aquella estética surrealista que habría podido enseñarle Manuel Álvarez Bravo, su compañero de foto fija en los rodajes de la edad de oro del cine mexicano; el mismo que había expuesto su trabajo, junto al de Cartier-Bresson, en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, y luego en Nueva York, en la galería de Julien Levy. Las fotografías de la época mexicana de Matiz, o las que tomó en su región natal —que conservamos en nuestra colección— están impregnadas de esa atmósfera que la presencia de André Breton, Benjamin Péret, Antonin Artaud, incluso Henri Cartier-Bresson, y principalmente toda la vanguardia muralista, había dejado en la capital mexicana de los años treinta.

Cartier-Bresson reconocía haber adherido a la ética surrealista más que a su estética. Al mirar, por ejemplo, las fotografías que tomó durante los movimientos independistas y revolucionarios ocurridos en Asia al final de los años cuarenta, las imágenes transmiten un sentimiento ético, de apacibilidad en la mirada, de visión nueva y crítica, de un ojo sagaz y sigiloso. Este respeto profundo de la presencia del otro se traduce precisamente en la concepción que el fotógrafo tenía de la práctica del reportaje: habitar en vez de viajar, perderse en el espacio y el tiempo, participar en el movimiento de las personas y, tal vez, si el instante lo permite, sacar su Leica.

En este punto reside una parte importante de la fuerza de la obra de Henri Cartier-Bresson: una forma de ética de la mirada, que evita convertir la reproducción fotográfica en un acto de colonización del mundo. Como lo decía él mismo, las fotografías interesantes “son aquellas que puedes mirar durante más de dos minutos, que es mucho tiempo. Pero ¿y las que no te cansas nunca de mirar? Hay pocas, muy pocas… ”. Indudablemente, las fotos presentadas en este libro pertenecen a ese grupo.

Ángela Pérez Mejía
Subgerente Cultural
Banco de la República