Guía de estudio

En el año 2012, como parte de su política cultural, el Banco de la República adquirió una selección de 1000 imágenes en copias impresas y digitales del archivo de Hernán Díaz, uno de los fotógrafos más destacados de la segunda mitad del siglo XX. Esta selección constituye una muestra representativa del trabajo de Díaz y contiene registros únicos de personajes públicos, artistas e intelectuales, que ubicaron a Díaz como el retratista “por excelencia” de su época en Colombia.

Este archivo, que hoy reposa en la Biblioteca Luis Ángel Arango, también permite un acceso inédito a cierto cuerpo de trabajo de la obra del fotógrafo, especialmente a las hojas de contactos, impresiones en papel de las sesiones obtenidas por los fotógrafos y utilizadas para evaluar los rollos de película tomados. Estas hojas de contactos nos permiten conocer, desde adentro, el proceso creativo del artista: el encuadre y su localización frente al objeto escogido, el ritmo de captura de las imágenes, la orquestación del espacio creada o buscada para cada sesión y para cada toma y el trabajo de edición realizado posteriormente, donde se escoge el resultado final, a menudo un porcentaje mínimo —dos o tres imágenes— frente a lo realizado en cada sesión.

Díaz permitió dar a conocer este tipo de procesos únicamente en la exposición que realizó junto a Rafael Moure, Una ciudad/New York. Hernán Díaz. Rafael Moure, en 1976, y que se constituyó entonces como una muestra didáctica del proceso de la fotografía, dejando de manifiesto, a través de las hojas de contactos presentadas, principios como: composición, edición, procesamiento y selección de aquel negativo que entre miles muestre realmente la historia al espectador.1

Esta selección de imágenes, de cierta forma inéditas, revelan a un Díaz menos conocido: el fotógrafo que construye cuidadosamente su propia identidad de artista a partir de la decisión de seleccionar unas fotos para publicar y otras para mantener ‘ocultas’ en sus archivos. Díaz controló cuidadosamente su producción, en parte por la defensa de sus derechos de autor, constantemente vulnerados por los medios de comunicación, en parte por su propio interés en construir un legado de sí mismo fiel a sus ideas y convicciones, insistiendo repetidamente en mostrar, en sus numerosas publicaciones y exposiciones, un relativamente cerrado grupo de imágenes que, con el tiempo, se han convertido en emblemáticas.

Esta breve descripción del trabajo de Hernán Díaz nos introduce directamente en la propuesta de la exposición Hernán Díaz revelado: retratos, sesiones y hojas de contactos que, a partir de cinco ejes temáticos: “Cada foto es una página escrita en imágenes”, “El mundo como una pintura en rollo”, “Cartagena morena”, “Paisaje e industria” y “los hombres mueren y yo no quiero que mueran”, se presenta como una narración visual que agrupa un variado y grueso cuerpo de trabajo del fotógrafo. Es el caso de las hojas de contactos de sesiones ya legendarias, como las hechas con artistas como Fernando Botero, Alejandro Obregón, Feliza Bursztyn y Eduardo Ramírez Villamizar; los paisajes y trabajos comerciales realizados en diferentes fábricas e industrias del país, las imágenes de Cartagena de Indias, ciudad cuya historia consignó en sus libros Cartagena morena (1972) y Cartagena de siempre (1992); y algunos retratos icónicos de los personajes públicos más queridos por los Colombianos.

Díaz nació en Ibagué, en 1929. En el texto introductorio titulado “Solo por el placer mío”, que escribió para su libro Retratos, el fotógrafo rememora cómo se interesó por la imagen desde la infancia. La fotografía era, a su vez, el pasatiempo favorito de sus padres, ambos profesores de secundaria en Ibagué, a quienes recuerda revelando sus negativos: “Mis padres revelaban sus negativos y recuerdo claramente a mamá abriendo una ventana del cuarto oscuro para hacer una impresión de contacto. La magia de ese momento me ha acompañado toda la vida”.2

Durante su juventud, Díaz trabajó como cabinero para la aerolínea Pan American Airways. Así es como, llevado principalmente por la curiosidad y la admiración, realizó sus primeros retratos de personajes famosos, durante los vuelos que efectuaba entre los diferentes países. En 1954 inició sus estudios en la Photographers School de Connecticut (Estados Unidos). Posteriormente, en la década de 1970, trabajó como reportero para las revistas Cromos y Life en español, colaboración que se prolongó durante cuatro años y que llegó a su fin debido a ciertos desacuerdos sobre los derechos de autor.

Díaz se encargó de estos trabajos, al mismo tiempo que realizaba encargos publicitarios y comerciales. Una labor no exenta del forcejeo con los publicistas, editores y clientes por poder desarrollar un trabajo serio, independiente y de buena calidad.

Hernán Díaz fue alumno del estadounidense Irving Penn (1917-2009), en sus retratos, es posible percibir las características estilísticas heredadas de su maestro, como son: la simplificación y la concreción de la toma, la economía de elementos, la ausencia intencional de referencias estilísticas y cierta teatralidad en las poses que, en conjunto, provocan un efecto de “desnudez” en el retratado. La influencia de Penn en Díaz puede percibirse también en el cuidado puesto a las riquezas tonales de blancos y negros y en la especial atención al fenómeno lumínico en cada placa.

Otra de las influencias de Díaz fue el también estadounidense Richard Avedon (1923- 2004), cuyas maneras resultan evidentes en el trabajo psicológico y en la aparente simpleza tan difícil de obtener. Como Avedon, Díaz logra transmitirnos ideas muy precisas sobre el personaje fotografiado: su carácter, el tipo o sociografía que define al personaje (el poeta, el pintor) y, lo que es más importante, el vínculo con el espectador, la transparencia del nexo emocional del retratado con el fotógrafo, que se logra casi siempre a través de la mirada fija, fluctuante en cada retratado.

En 1956 Díaz conoció, en casa del escultor Eduardo Ramírez Villamizar, a Rafael Moure. A partir de ese momento, Díaz y Moure conformaron un equipo profesional inseparable que recuerda al de la pareja de antropólogos conformada por Gerardo Reichel- Dolmatoff y Alicia Dussán o a la pareja de cineastas integrada por Jorge Silva y Marta Rodríguez, quienes también lograron, en sus trabajos conjuntos, algunas de las imágenes fotográficas más memorables del siglo XX en Colombia.

En la década de 1970, Díaz y Moure se trasladaron a vivir a la calle 26A entre las carreras 4 y 5 en el barrio Bosque Izquierdo de Bogotá, un lugar que fue bautizado como la “Colina de la deshonra”, en alusión a la película de Sidney Lumet, The Hill, y que se convirtió en un activo centro de reunión habitado y visitado por artistas e intelectuales. Ahí Díaz y Moure realizaron gran parte de los retratos de los principales protagonistas de la vida artística colombiana de la segunda mitad del siglo XX. Algunos de ellos hicieron parte de uno de los libros más influyentes en las artes colombianas de ese periodo, Seis artistas contemporáneos colombianos: Obregón, Ramírez, Botero, Grau, Wiedemann, Negret, publicado en 1963 en colaboración con Marta Traba.

Díaz también fotografió a las mujeres artistas de esa generación como Beatriz Daza, Marlene Hoffmann, Sofía Urrutia y Freda Sargent, quienes por mucho tiempo permanecieron en la sombra. De Díaz son también los retratos de los intelectuales europeos exiliados en Colombia como Karl Buchholz y Antonio Bergman, de disidentes como Camilo Torres y de escritores y poetas como Álvaro Cepeda Samudio, Gabriel García Márquez, Gonzalo Arango y Eduardo Cote Lamus.

La habilidad de Díaz para entender quiénes serían los protagonistas de la vida pública colombiana perduró durante las décadas de 1980, 1990 y 2000 gracias a que su trabajo, en la revista Credencial y el magazín La Revista, del diario El Espectador, lo llevó a retratar y capturar el carácter de los personajes más relevantes de la época en el campo del arte, la cultura, la política, el deporte y la ciencia. Es particularmente interesante la manera en la que Díaz produjo imágenes perdurables como la fotografía de Antanas Mockus, alegoría de la escultura El pensador, de Rodin; el franco retrato de Jaime Garzón; el irreverente retrato de Carlos Pizarro sin camisa y los espontáneos retratos de músicos de gran raigambre popular como Jorge Velosa y Carlos Vives.

Este ritmo de producción se vio interrumpido por el deterioro de su salud debido a un grave enfisema pulmonar que progresivamente lo debilitó. El 30 de noviembre de 2009 Hernán Díaz murió, a los 80 años, en su casa en Bogotá. Poco antes, el 9 de octubre de ese mismo año, había fallecido en Manhattan el fotógrafo que siempre quiso y admiró, Irving Penn.

La diversidad de situaciones y temas presentados y las estrategias y aproximaciones encontradas por el artista en las fotografías, que hacen parte de esta muestra, permiten ampliar de manera significativa la comprensión de la personalidad compleja y exigente de Díaz, quien, gracias a su estudio constante de la historia del arte, a su cercana amistad con artistas e intelectuales y al reconocimiento de sí mismo como artista y no simplemente como fotógrafo, llegó a convertirse en uno de los fotógrafos más importantes de Colombia.

Para el Banco de la República es muy grato presentar, en 2015, la exposición Hernán Díaz revelado: retratos, sesiones y hojas de contactos, una muestra que reúne cerca de 80 de las mejores fotografías de este autor. Acompaña la exposición un corpus de publicaciones como diarios, revistas y libros, en los que, hasta hoy, siguen circulando las imágenes más recordadas del fotógrafo.

Santiago Rueda

Curador

Coordinación curatorial: Claudia Cristancho

Diseño: Ana Vélez

Mayor información en: www.banrepcultural.org

1 Una ciudad / New York. Hernán Díaz, Rafael Moure. Bogotá: Centro Colombo Americano, 1976.

2 Hernán Díaz, “Solo por el placer mío”, en Hernán Díaz, Retratos (Bogotá, Villegas Editores, 1993), 121-127.