Reflexiones sobre las libretas de dibujo en las colecciones del Banco de la República

Por: Beatriz González Aranda

Cuando se piensa en los antecedentes de las libretas de bocetos en Colombia, se viene a la mente la colección de dibujos sobre hojas de papel del mismo tamaño del pintor Gregorio Vásquez Ceballos (1638-1711). ¿Se encontrará allí el inicio de la historia de las libretas de bocetos? También se piensa en los tacuinos, como se llama en Italia a los cuadernos que usaron los recolectores de plantas o herbolarios, debido a la posibilidad de que estos, los pintores botánicos o el mismo José Celestino Mutis, director de la Expedición Botánica, llevaran en sus desplazamientos cuadernos de dibujo. Si, como afirma Panofsky, los tacuinos se encuentran en los orígenes del realismo del Renacimiento, se puede sospechar que unos cuadernos botánicos podrían estar en el origen de las libretas de bocetos en Colombia1 . Infortunadamente, esos cuadernos no existen dentro de la surtida producción conservada en Madrid hasta el momento de la Expedición Botánica.

Las libretas de artistas están relacionadas con la sorpresa causada por el hallazgo, que ha permitido mirar con otros ojos esos desgastados y a veces no muy limpios cuadernos de artistas. Una libreta encontrada puede arrojar luces sobre un pintor. Una colección de libretas de bocetos, como la de la Biblioteca Luis Ángel Arango y la Colección de Arte del Banco de la República, puede dar luces sobre el país, su ciencia y su arte.

Libretas científicas

Son libretas realizadas con el objetivo de consignar los pasos de una investigación o un descubrimiento científico. Tienen un fin específico y se pueden utilizar en viajes y exploraciones, o en un mismo sitio o lugar. La Biblioteca Luis Ángel Arango posee solo dos libretas científicas; son de gran interés por su novedad, puesto que tratan temas de geografía con respecto a los límites del país, de botánica y de entomología. La libreta que aparece identificada (reg. MSS544) tiene una larga denominación Historia natural y paisajes de La Guajira, región del Catatumbo y del páramo de Tamá. Santiago Cortés, 1900. Miembro de la Comisión de Límites de Venezuela. Como naturalista y dibujante, Ricardo Lleras. Su contenido es heterogéneo: hay paisajes de La Guajira intercalados con vistas del Quindío y Bogotá; se encuentran imágenes de las travesías por el lago de Maracaibo en el vapor Colombia, al lado de unas vistas del Meta. Existe un dibujo que representa soldados porque el país se encontraba en plena guerra de los Mil Días, ya que la fecha de iniciación de la libreta es el 31 de diciembre de 1899 y la guerra se había iniciado en octubre del mismo año. Los textos de la libreta tienen visos poéticos, pues hay frases como “la tristeza profunda de los paisajes guajiros”. El autor de esta libreta y del Diario de ciencias físicas y naturales (1919), que posee la Biblioteca, es el científico e ingeniero Santiago Cortés (1854-1924), quien formó parte de la denominada “primera agrupación” de la Comisión de Límites de Colombia y Venezuela; la misión del dibujante era hacer visible lo mensurable.

Desde el punto vista artístico, existen dudas sobre si él es el autor de los paisajes, puesto que solo hay uno con su firma; también aparece el nombre de Nazario Sánchez. En el bello paisaje del Quindío se encuentran las iniciales MJC. En la denominada “segunda agrupación” aparece el nombre del gran paisajista colombiano Jesús María Zamora (1871-1948), de quien se conoce un óleo sobre tela que representa Expedicionarios en el Catatumbo (reg. AP 3188). Aunque no se hallan en la libreta paisajes firmados por él, se nota su influencia por el estilo y el manejo de la luz sobre los ríos. En la Comisión de Venezuela no hay nombres de dibujantes reconocidos.

La mayoría de los dibujos botánicos y de insectos se pueden atribuir al científico Cortés y al naturalista Lleras Codazzi. Cortés elaboró la edición total de las libretas, con los textos escritos a mano. Coloca un pasto disecado a manera de herbario; además, pega en las primeras páginas el menú original de la cena que ofreció la Comisión Venezolana, y como una novedad, incluye una fotografía de la Cattleya trianae. Entre los 50 dibujos que configuran la libreta hay curiosidades de la naturaleza, como los espejismos propios de La Guajira. Son llamativas las escenas de nubes de mosquitos sobre el lago de Maracaibo; como buen entomólogo, denuncia ante los gobiernos el paludismo que azotaba a los dos países. Se tiene conocimiento de dos hojas de libreta sueltas importantes, que no se encuentran en la colección de la Biblioteca: una que representa a Cortés remando por el Zulia, que debe ser un autorretrato, la cual pertenece al Museo Nacional (reg. 3679), y otra de una colección particular, que retrata una escena en el campamento en la que aparece una cámara fotográfica sobre su trípode como un instrumento de trabajo (colección particular).

En Una geografía hecha a mano, fascículo que acompaña la edición facsimilar de esta libreta, se habla de que el naturalista bogotano elaboró cinco libretas anteriores o posteriores a la denominada Historia natural y paisajes de La Guajira, región del Catatumbo y del páramo de Tamá, aunque según las autoras “no debía ser fácil conseguir las libreticas”2 , consideradas como “compañeras de viaje”.

¿Desde qué época se volvió común el uso de libretas científicas en Colombia? Se ha mencionado la inexistencia de cuadernos (tacuinos) realizados por los herbolarios durante la Expedición Botánica, excepto una reciente libreta de dibujos, firmada por Francisco Javier Matís (1774-1851), que es una burda falsificación.

Durante la Comisión Corográfica (1850-1859) se descubrió en una colección particular una libreta de la cual Eafit imprimió un facsimilar (Libreta de apuntes de Manuel María Paz), el cual se incluye en la presente exposición. Su autor es Manuel María Paz (1820-1902), tercer pintor de la Comisión, militar, cartógrafo, dibujante y fotógrafo. Lo importante del hallazgo de esta libreta es que en ella muestra su habilidad para el dibujo. En la primera página aparece un rostro en acuarela que se sospecha es un autorretrato. En la plaza de Suaza se puede reconocer a Agustín Codazzi, con un instrumento científico en la mano. En las hojas de la libreta aparecen cerca de 30 dibujos en acuarela y lápiz que pueden identificarse como bocetos para las láminas de la Comisión Corográfica. Un dibujo muy elaborado en las últimas páginas representa una serie de casas, con los pórticos y tejados, de la plaza de Almaguer, en la provincia de Popayán. Allí se pueden apreciar sus dotes de dibujante de arquitectura. En otras páginas aparecen animales, en especial micos, lo cual lo señala como dibujante de láminas zoológicas. Se observa al paisajista, al científico, al retratista. El cuaderno hallado da luces sobre el pintor científico y sobre cómo trabajaban los artistas de la Comisión Corográfica. El tiempo les ha agregado valores a los dibujos de este álbum, con manchas y borrones acentuados. Allí están representados sus días de trabajo al lado de su jefe y maestro, Agustín Codazzi, a quien acompañó hasta el momento de la muerte. Esta libreta es el testimonio de una etapa de su vida —la más interesante, sin lugar a dudas—, en la que pone a prueba libremente su sensibilidad y su habilidad.

De los otros pintores de ciencia y arte de esta empresa oficial, el venezolano Carmelo Fernández (1809-1887), el inglés Henry Price (1819-1863), el francés León Ambroise Gauthier (1822-¿1901?), no se tiene conocimiento de la existencia de libretas. No obstante, el álbum de acuarelas de Henry Price, que perteneció a la familia Lleras Codazzi, cuyas páginas están hoy en la Colección de Arte del Banco de la República, es posible que hubieran sido parte de una libreta por su formato pequeño, que se acopló a las páginas del álbum.

Dentro de la inmensa colección de acuarelas de Edward Walhouse Mark (1817 -1895) que posee el Banco de la República, muchas de ellas permiten identificarlo como un viajero. Sin embargo, permaneció trece años en el país mientras ejercía la delicada misión diplomática conocida como el “asunto Mackintosh”. En la colección de dibujos que representan paisajes, aspectos sociológicos, etnográficos, botánicos y entomológicos, hay una serie sospechosa de haber constituido una libreta por su formato y los temas específicos. Las libretas científicas se diferencian de los denominados “diarios de viaje” en que estos tienen un espectro más amplio, aunque algunas veces pueden estar ligados como subproductos de expediciones científicas.

Diarios de viaje

Las libretas conocidas como “diario de viaje” son un recurso de la memoria. Un ejemplo grandilocuente que adquirió recientemente la Biblioteca Luis Ángel Arango son los diez tomos del manuscrito Impresiones de un viaje a América: Diario ilustrado de un viaje por Colombia (1870-1884) del escritor José María Gutiérrez de Alba (1822-1897), quien narra su viaje por el territorio conocido como Estados Unidos de Colombia. Esta biblioteca ya poseía una libreta de su autoría, Apuntes de mi viaje a la América del sur, un raro ejemplar, más informal, escrito a mano con una ilustración muy torpe y con artículos de periódicos insertos, seguramente de los publicados durante su permanencia en Bogotá. Podría tratarse del inicio de su proyecto editorial.

Su voluntad manifiesta dirigida al “amigo lector” era “consignar en un apunte diario no solo mis impresiones sino la imagen de los objetos”3  que iba encontrando. El diario se inicia en España, cuando se dirige de Madrid a Alcalá de Guadaira, en las cercanías de Granada, para despedirse de su madre y sus hermanos. La fecha de partida de España es el 6 de enero de 1870. Al igual que Mutis en su Diario de observaciones, cuenta que durante la travesía en barco solicitó a un dibujante que pintara los peces voladores. Gutiérrez la presenta como una de las primeras imágenes de su diario: ¿es una acuarela o es un grabado coloreado del mismo tema? Se debe anotar que, años después, el científico Santiago Cortés también dibujó en acuarela un bello ejemplar de estos peces.

El diario de Gutiérrez de Alba contiene dibujos, acuarelas, grabados y fotografías de varios autores. Son cerca de 400 imágenes. Este diario se caracteriza por su ambición. Según lo calificó un periodista de Puerto Rico, Gutiérrez tenía un claro propósito: “Recoger materiales para un libro que se ha de titular Álbum de dos mundos […] Pocas cosas podrán distraerlo de este empeño”, que se manifiesta en “la necesidad de adelantar los trabajos para mi futura publicación de mis impresiones de viaje, asunto para mí de mayor interés, y que por motivos ajenos a mi voluntad se hallaban un poco atrasados”4 .

La verdadera profesión de José María Gutiérrez de Alba era la de dramaturgo. Hay que destacar en él, desde joven, sus grandes deseos de viajar, en tanto que en sus obras literarias aparecen aspectos costumbristas. Pasó 24 años en Madrid (1847-1870), escribiendo y presentando obras de teatro, zarzuelas y revistas musicales. Allá, con sus amigos del Café del Príncipe, comentaba sus obras y escribía críticas sobre el tema en revistas especializadas. Paralelamente a su actividad de dramaturgo, desarrolló una actividad política. Produjo una obra que lo comprometió, sufrió la censura y tuvo que huir a París. Con posterioridad se relacionó con el gobierno liberal que por pocos años derrocó a los Borbones, y que al parecer lo interesó por la suerte de las antiguas colonias españolas.

Durante “esa coyuntura política ideológica” se le encomendó de parte del gobierno una “misión confidencial”, que consistía en investigar el estado de las relaciones de Colombia con España. Los cuatro puntos más importantes de esta investigación eran los siguientes: indagar la razón por la cual Colombia “no había hecho ningún género de gestiones para ser reconocida por el gobierno español”; averiguar el estado de los inmigrantes españoles en estos territorios; investigar cómo se comportaba el gobierno ante el gigante del norte y si se apoyaban las luchas independentistas de Cuba y Puerto Rico, y por último, averiguar por qué no se difundían la literatura, la ciencia y la industria editorial españolas5 . Permaneció en Estados Unidos de Colombia durante trece años, entre 1870 y finales de 1883; es decir, vivió gran parte de la era radical. No se sabe si sus gestiones para cumplir su comisión, que fue de tan solo dos años, tuvieron que ver con la firma en París del tratado de amistad entre Colombia y España en 1885. Gutiérrez de Alba denominó su propuesta “Tratado literario y comercial entre todas las naciones de raza española”. Según Aída Martínez, “el trabajo de informante sucumbió ante el desinterés de su propio gobierno, dedicado a reprimir revoluciones y guerras internas. Ni siquiera hay constancia de que se acusara recibo de los oficios regularmente remitidos durante esos dos años”6 .

La Misión Confidencial despertó en su espíritu sentimientos americanistas, pero estos sentimientos no incluyen el amor por la independencia de Colombia, ni por Simón Bolívar o los héroes que lucharon por la libertad. Manifiesta, en cambio, curiosidad por las tierras colombianas, la misma que desde su llegada lo llevó a viajar por regiones inhóspitas; de ello dejó testimonio en su diario, que recibió el nombre de Impresiones de un viaje a América.

Cuando llegó a América se le conoció como escritor y político, pero nunca como científico, como Desiré Roulin (1796-1874), ni como viajero periodista, como Saffray (1833-1890), ni mucho menos como dibujante, como los académicos Mauricio Rugendas (1802-1858), Albert Berg (1825-1884) o el barón Gros (1793-1870). Con respecto a esto último dice en su introducción al Diario que de dibujo solo tenía las nociones que aprendió en la escuela primaria. Que no era ni pintor ni fotógrafo. No hay indicios de que pintara acuarelas en España, antes de llegar a Colombia.

Su diario Impresiones de un viaje a América presenta a un escritor del siglo XIX que exalta el progreso como un cambio social. En las ilustraciones se observan estas actitudes, cuando en la imagen que hace de la población cundinamarquesa de La Mesa incluye el poste del telégrafo. Son muchos sus intereses: botánica, zoología, entomología, arqueología, etnografía, geografía, antropología y agricultura. Una de las facetas más interesantes es la búsqueda de imágenes para ilustrar sus textos. En este aspecto se lo puede considerar un cazador de imágenes. Recuerda a esos impresores franceses del siglo XIX que tenían un archivo de planchas de grabado para ilustrar libros de viajeros.

Hay un buen porcentaje de imágenes realizadas por él mismo, de diferente valor, que van desde lo ingenuo hasta la buena calidad, en particular al representar frutas y flores; en cambio, en los temas de costumbres demuestra su incapacidad para dibujar la figura humana. Numerosas imágenes se tomaron, en primer lugar, de la Comisión Corográfica, que tuvo la oportunidad de conocer directamente en la Biblioteca Nacional gracias a la generosidad del director, José María Quijano. En su diario aparecen 66 láminas, copiadas con muy baja calidad, la mayoría intervenidas por él, con el objeto de actualizarlas; esto último es lo más periodístico, porque procede como un ilustrador moderno. Allí se encuentran láminas del excelente acuarelista venezolano Carmelo Fernández; del británico Henry Price, de quien también aparece en el diario una acuarela original; del colombiano Manuel María Paz, con quien pudo establecer relaciones, y del francés León Gauthier. También ilustra su libro con 23 litografías de la primera edición de los cuadros de costumbres de Ramón Torres Méndez (1809-1885), realizada por los hermanos venezolanos Jerónimo (1826-1898) y Celestino Martínez (1820-1885). Su paso por Puerto Rico está ilustrado con grabados antiguos. Otra de las principales facetas de las ilustraciones del Diario son las fotografías inéditas, en su mayoría anónimas, que reseñan vistas importantes de Tunja, Sogamoso, Muzo, Cúcuta, Pamplona, Ocaña y Maracaibo. Las de Muzo son un inédito registro de la explotación de las minas de esmeraldas. Algunas ilustraciones provienen de páginas de libros impresos de autores colombianos, como la geografía de Felipe Pérez, y de varias ediciones de Codazzi. Como cosa extraña, aparece una litografía original de la Virgen de Chiquinquirá.

Las ilustraciones de su diario presentan dudas. Si se toma en cuenta que algunos viajeros hacían sus bocetos en canoa, a caballo o en medio de la selva, en su caso pudo hacer muchas del natural. Reconoce que al contemplar un paisaje tendría que pintarlo un gran artista y que él no lo era. En unas láminas de aves se comporta como un científico al poner en la lámina las dimensiones de un pájaro. Habla de tener un museo donde pueda colocar pájaros disecados y hallazgos arqueológicos. En 1871 se dibuja escribiendo el diario, debajo de un caney. En otra excursión manda hacer una mesa para dibujar. Hace retratos del natural, como el del taita Joaquín y el padre Albis, y menciona que hizo una vista del paisaje desde un puente.

En el viaje al Tolima es, tal vez, donde hace mayores referencias a su actividad artística in situ; incluso relata que en Chaparral dibujó la plaza con la iglesia rodeada de público. Después, en el Caquetá, los indígenas ven su álbum y se ríen al reconocerse. Algo fundamental para la exposición de libretas de bocetos es la mención frecuente de que lleva consigo su “álbum” para dibujar; como en las cuevas del Tolima, donde dice: “Faltábame tomar una de las vistas más interesantes de la cueva, y rectificar las dos que había tomado anteriormente, para lo cual abandoné mi hamaca apenas era de día, y a las siete de la mañana me puse en camino llevando sólo mi álbum y mi caja de dibujo…” 7 . Otra vez repite la palabra “álbum” en Facatativá. Sufre cuando, durante la excursión al Caquetá, casi se pierden sus álbumes al caer la carga a un río. A las libretas de dibujo las llama “álbum” y al acto de dibujar lo llama “copiar”. Muchas veces advierte que está atrasado en el trabajo del diario y que ha pasado días sin escribir ni dibujar una página.

No obstante, según sus palabras, una vez que regresaba de una excursión se dedicaba a escribir e ilustrarla. Por la relación de las fechas de viaje con las de las acuarelas, se puede comprobar que a veces hay diferencias de años. Por ejemplo, una excursión de 1871 la dibuja en 1874. También aprovechaba la convalecencia de enfermedades como las fiebres o los cursos de agricultura que proyectó en Boyacá y Santander para actualizar su retraso diario.

Aunque la mayoría de los artistas colombianos del siglo XIX estaban activos, como José María Espinosa (1796-1883), José Manuel Groot (1810-1878), Ramón Torres Méndez, Alberto Urdaneta (1845-1887), o el mexicano Felipe Santiago Gutiérrez (1824-1904), no se relaciona con ellos.

El artista más cercano es Manuel María Paz, acuarelista de la Comisión Corográfica. ¿Le ayudaría a corregir y colorear algunas acuarelas? Encuentra a un artista inédito en Suesca, Francisco Ortega, y en Bogotá se relaciona con el norteamericano Alfred Gustin (activo en Bogotá entre 1871 y 1877), quien daba clases de grabado en madera en Bogotá. Gutiérrez ilustra su diario con paisajes originales de Boyacá y Cundinamarca hechos por Gustin, que son los únicos paisajes conocidos del artista en el país.

Con respecto a las fotografías, Gutiérrez relata que ningún fotógrafo lo quiso acompañar a sus excursiones. Sin embargo, menciona a dos fotógrafos: el venezolano Juan B. Martínez, con quien emprende la hazaña de retratar la laguna de Guatavita, de la que no aparece la imagen, y Molina, fotógrafo originario de Ponce, en Puerto Rico. Las fotografías de Pamplona y Cúcuta podrían atribuirse a Quintilio Gavassa (1861-1922).

Después de examinar los volúmenes de su Diario se llega a la conclusión de que José María Gutiérrez de Alba se comporta como un editor, que va armando sus textos con las ilustraciones que busca o que él mismo realiza. Es posible que haya hecho este trabajo en España, a su regreso de Colombia. En el volumen 12, titulado “Maravillas de Colombia”, presenta un álbum de imágenes de su viaje, que podrían ser las que le sobraron de la edición.

Otro diario de viaje que posee la Biblioteca Luis Ángel Arango es el de Alberto Urdaneta (1845-1887). Se trata de una de las libretas más importantes de la colección denominada Álbum de dibujos a lápiz (reg. 741.24 U73a), en la que el autor reseña el viaje que hizo a Europa en el barco El Labrador (1877-1878) y que comprende el trayecto entre Trinidad y Nueva York. Es un objeto total; en ella aparecen paisajes, retratos, a veces en caricatura, de sus compañeros de viaje, a los que les añade los datos personales. Al final, a manera de collage, coloca el tiquete de viaje y una nota de prensa sobre la llegada de El Labrador al puerto de Nueva York. Es posible que en otra de sus libretas se encuentre la intención de un pequeño diario, ya que está fechada el 24 de julio de 1886 y en sus páginas hay dibujos a lápiz con el tema de una representación teatral. Se ve al público, sentado o de pie, observando el estrado; incluso hay unas mujeres paradas sobre los asientos. En algunas páginas aparecen caballos marchando. Podría tratarse del diario de una de sus actividades en el teatro en Bogotá.

Un artista que tiene un diario semejante es Francisco Antonio Cano (1865-1935), quien en pocas páginas reseña un viaje. Es el más antiguo del conjunto de sus libretas en la colección de la Biblioteca (reg. MSS973). A pesar del estado del cuaderno, descuadernado y con manchas, resulta interesante porque, como buen diario de viaje, está fechado. Contiene un recorrido por regiones de Antioquia que es posible que inicie el autor el 30 de marzo de 1894 y que termine al año siguiente. En sus pocas hojas aparecen escenas típicas de los viajeros reposando en hamacas en una estancia, la comida, los animales y los paisajes.

Libretas de artistas

El acto de dibujar o de anotar en una libreta se evidencia en un retrato al óleo realizado por Eugenio Montoya (1870 - ca. 1922), que da cuenta del viajero moderno. Está vestido de negro, con sombrero borsalino, sentado en una roca al lado del camino, mirando el paisaje. No se observan el medio de transporte, ni el imprescindible caballo de los viajeros, ni el moderno coche. Lo más interesante es que tiene en las manos una libreta de apuntes. ¿Está pensando en escribir o en dibujar? ¿Es un autorretrato? Se sabe que Montoya viajó a Italia, a mediados de la década de los ochenta, para estudiar. A lo mejor está representando al personaje romántico de la historia llamada “De los Apeninos a los Andes”, que aparece en el libro Corazón, de Edmundo de Amicis, publicado en 1886.

¿En qué momento estos artistas colombianos, que habían estudiado en la Escuela de Bellas Artes, comenzaron a usar las libretas? ¿Fueron sus instrumentos de trabajo o solo un elemento que actuaba como un archivo para registrar imágenes que les llamaban la atención o les causaban emoción? ¿Fue solamente una moda? ¿Utilizaron libretas los artistas anteriores a la creación de la Escuela, en 1873, o a la reactivación de esta, en 1886? La prueba de su existencia está en manos de un artista autodidacta como José María Espinosa (1796-1883), de quien se ha hallado una libreta (reg. L0370) que había usado un escritor de lengua inglesa. Esta libreta de bocetos, que hace parte de la colección de la Biblioteca Luis Ángel Arango, es un documento de cómo trabajaban los artistas del siglo XIX. La escasez de papel los conduce a utilizar cuadernos o libretas abandonados por los viajeros o por las personas que tenían medios para viajar a Europa. Esta libreta pequeña pero con bastante volumen, fabricada en el exterior, que el propietario usó de manera incompleta, la acogió Espinosa para sus dibujos. No era la primera vez que lo hacía. En los vales de la Casa de Moneda a la que habían servido su abuelo y su padre, retrató a su familia. La serie de caricaturas que perteneció al sacerdote Caro y que actualmente pertenece al Museo Nacional tiene rasgos indiciales de haber estado unida.

La libreta que adquirió la Biblioteca es la más antigua de la colección porque contiene dibujos fechados en 1821. Es la base de una notable investigación, puesto que los dibujos son bocetos de algunas de sus miniaturas y de sus retratos al óleo. Llaman la atención la finura del pincel, la pluma y la mina de plomo con que están ejecutados los dibujos. Se pueden observar los sistemas de trabajo, el talento de Espinosa y el aprovechamiento de todos los medios para realizar obras de arte. No hay duda de su autoría. Se puede suponer que Espinosa la empleó por la escasez de papel o porque le fascinó la calidad de este. De ella forma parte un retrato del Libertador que se extrajo y se encuentra con un registro aparte en la Colección de Arte del Banco de la República (reg. AP 1481).

Se puede pensar que la libreta es un objeto desconocido entre los artistas del país. Sin embargo, hay huellas indiciales en la serie de dibujos (reg. AP3008, AP3009, AP3010, AP3011, AP3012, AP 3013, AP3014, AP3015, AP3016, AP3033, AP3034, AP3836, AP3837, AP3838, AP 3839, AP 3840, AP 3841, AP 3842, AP3843, AP 3844) que representan los oficios de Bogotá, como la planchadora, el vendedor de dulces, en hojas sueltas de formato pequeño identificadas como de Ramón Torres Méndez (1809-1885), que podrían catalogarse con el nombre de “libretas deshojadas”, como las denominó Verónica Uribe: el papel presenta marcas en los bordes que indican que estas hojas estuvieron unidas a otras hojas, formando un conjunto.

De la correspondencia de José Manuel Groot (1808-1878) se deduce que tenía un álbum de dibujos para mostrarlos a los visitantes extranjeros, como el embajador Turner, el hombre de negocios Joseph Brown o el diplomático Auguste Le Moyne, para que le encargaran sus trabajos. Manuel Doroteo Carvajal (1819-1872) hizo un álbum de viaje y un cuaderno para enseñar dibujo, que se encuentran actualmente en el Museo Nacional.

No obstante, es Alberto Urdaneta el primer artista colombiano en utilizar libretas metódicamente y con diversos fines: tal es el caso del álbum de autógrafos con dibujos de sus amigos y conocidos, la libreta Ecos de mi segunda prisión y el diario de viaje y el álbum de la Biblioteca Luis Ángel Arango antes mencionados. Seguramente entre los dibujos de la Colección de Arte del Banco de la República hay muchas libretas deshojadas de Urdaneta.

Un artista que vivió en Italia desde 1880 hasta 1899 fue Carlos Valenzuela (1876 - ca. 1932). Sus padres lo enviaron a los catorce años con los jesuitas para que se educara en Roma. Allá encontró su camino como artista. No se debe olvidar que, por tradición, en Italia está el origen de las libretas de bocetos. En las hojas de su Libreta de dibujos (reg. L0197), Valenzuela hizo finos retratos de mujeres elegantes con la moda de fin de siglo. También dibuja hombres en un parque, y en la misma libreta sorprende la imagen realista de una campesina llevando a una vaca.

En la colección de la Biblioteca Luis Ángel Arango hay libretas, cuadernos y hasta un álbum familiar de Francisco Antonio Cano (1865-1935). En cuanto a las fechas de sus libretas, hay desde 1894 hasta la década de los veinte del siguiente siglo. La libreta, denominada Álbum para mi hijo Francisco Cano, 2 de octubre de 1895. Dibujos del hogar (reg. 741.0986 C15c), presenta la modalidad de “álbum” y en este caso se equipara con lo que se conoció en el siglo XX como el “álbum del bebé”, para insertar sus primeras fotos. El de Cano contiene dibujos de tres de sus hijos: Francisco, nacido en 1895; Soledad, la del medio, y León, nacido en 1901. Los dibujos en lápiz de los bebés y de la mamá con un niño se continúan con escenas en las que aparecen los dos niños durante otras etapas de su infancia.

El énfasis de las libretas de Cano de esta biblioteca se encuentra en una modalidad conocida como “cuaderno”: la producción de este tipo de libretas en el país es una novedad para los artistas, como se verá más adelante. Los cuadernos tenían la marca Cuadernos de dibujo y los producía la Papelería A, Cortés M. Esta papelería debía pertenecer sin duda alguna a Abraham Cortés, el fundador, propietario y director de la revista El Gráfico. Cano, que ya estaba radicado en Bogotá, las utilizó para bocetos de sus obras importantes, como el Bautismo de Cristo o los retratos que hizo de Antonio Nariño, y para prácticas académicas en las que se observa la modelo posando desnuda o para diseños decorativos.

El uso de los cuadernos de la papelería de Abraham Cortés se le debía facilitar a Fídolo Alfonso González Camargo (1884-1941) porque era director artístico de la revista El Gráfico. Sus cuadernos están marcados con su firma: “Gon-Cam”. Sus libretas y cuadernos en la colección demuestran la habilidad de este artista tanto para la perfección clásica como para captar instantes de la vida cotidiana. González Camargo pintó apenas durante diez años (de 1913 a 1923), y en esto recuerda a Van Gogh, dedicó parte de su actividad a la enseñanza de jóvenes (fue maestro de Alberto Lleras Camargo) y retrató en las hojas de los cuadernos a los alumnos en actitud de dibujar. Un autorretrato acompaña las escenas de sus alumnos en el espacio que destinó para ello en su casa. Además de ese tema, presenta en los cuadernos escenas de personas en el parque de la Independencia, a donde acudía diariamente desde su casa, situada en la calle 13. No solo recrea escenas costumbristas sino a hombres y mujeres en el parque en general, sentados pero curiosamente vistos de espalda en las bancas. Muchas hojas de sus posibles libretas deshojadas abundan en el comercio del arte, entre las cuales se registran temas bíblicos. En la sala 3, llamada ‘La renovación vanguardista’ de la Colección de Arte del Banco de la República, existe una vitrina que corrobora esto. En ella hay más de diez dibujos de diversos tamaños que parecen ser dibujos extraídos de posibles libretas, entre ellos un dibujo horizontal en el que el artista aparece templando un lienzo con la colaboración de su madre. También abundan las de Roberto Páramo Tirado (1864-1939), reconocido por sus paisajes de pequeño formato que trabajaba en sus recorridos cotidianos, en compañía de González Camargo, por el parque de la Independencia. Aparte de paisajes, hizo retratos de personajes típicos de la ciudad y copias de retratos de próceres de la Independencia. En una libreta (reg. 759.986 G65a3) de la Biblioteca Luis Ángel Arango, descuadernada, hay hojas llenas de dibujos pequeños, que parecen planas o ejercicios didácticos.

El artista boyacense Rafael Tavera (1878-1957) tuvo la oportunidad de viajar no solo por Francia y España sino también por Estados Unidos. Debió enterarse de la actividad de artistas y obras de arte, pues fue el primero en mencionar a Picasso en sus escritos bogotanos. Es obvio que criticó su obra cubista. No obstante, un artista como Tavera, que había innovado en relación con los formatos de la pintura de paisaje, también entendió el uso de las libretas como una novedad. Las libretas le debieron resultar objetos modernos que usaban pintores de paisajes de los países que recorría en 1916. En su Libreta de bocetos (reg. MSS971) de la colección de la Biblioteca presenta paisajes apaisados, o alargados verticalmente, y algunos retratos y desnudos.

Dentro de la colección de la Biblioteca Luis Ángel Arango hay un énfasis en las libretas a comienzos del siglo XX, y en cambio existe un vacío de libretas de bocetos en el nacionalismo y la modernidad. De esta última etapa se sabe que existen libretas de Eduardo Ramírez Villamizar (1922-2004) y el cuaderno marca Titán, de Guillermo Wiedemann (1905-1969), propiedad de la Universidad de los Andes, del cual se hizo la edición Wiedemann por Colombia. Mirada de un artista, editado por Juan Fernando Herrán.

El hallazgo de tres hojas sueltas de una libreta y una de un cuaderno de Débora Arango (1907-2005) da esperanzas sobre un posible proyecto de adquirir libretas de esa época. Estos cuatro dibujos son característicos, temática y formalmente, del estilo de la artista. Allí aparecen monjas glotonas y divertidas, tema por medio del cual la artista criticó el establecimiento. Es posible que se trate de dibujos tardíos, por la técnica que utiliza y por la firma dispareja. El único tema extraño dentro de su iconografía es el director de orquesta con su batuta, al que valdría la pena identificar. Con fecha 28 de noviembre del año 2002, AsenetVelasquez.arte publicó una libreta de dibujos facsimilar de la artista. La libreta tiene un formato mediano y horizontal, con hojas de papel periódico. Todos los dibujos son desnudos, y permiten establecer que artistas como Arango hicieron uso cotidiano del medio de la libreta.

Dos hallazgos recientes permiten subsanar parcialmente esta falla (reg.741.26 G71l 21 y reg. L0392). Se trata de dos obras del artista Enrique Grau (1920-2004); la primera no es una libreta, pues el soporte es una edición popular de la Celestina, sobre la cual dibujó sus comentarios artísticos a la famosa obra de Fernando de Rojas. El estilo de Grau y sus comentarios aparecen a trechos sobre las hojas amarillentas de la edición. La segunda libreta es un cuaderno semejante a los escolares, con carátula plastificada; Grau presenta en sus páginas blancas sus visiones eróticas. Utiliza el negro y el rojo en ciertas zonas de la figura, las cuales sobresalen gracias a los trazos firmes, propios del autor.

La libreta de Luis Caballero (reg. L0524), adquirida recientemente por el Banco de la República y que pertenece a la década de los sesenta, evidencia la influencia de los artistas pop Allen Jones y Richard Lindner. En los dibujos en blanco y negro muestra los cuerpos humanos y sus volúmenes intervenidos por medio de líneas rectas, luces y sombras. Esta etapa empieza con su primera exposición en París, en la galería Tournesol, y culmina con el premio que gana en la I Bienal Iberoamericana de Arte Coltejer en Medellín. Aunque hay testimonios según los cuales Luis Caballero trabaja con libretas, son muy pocas las que se conocen.

Dentro de la colección de libretas de bocetos de la Biblioteca Luis Ángel Arango hay un nuevo salto generacional. Allí se encuentra un artista bisagra entre los siglos XX y XXI, que es José Antonio Suárez Londoño (1955), para quien las libretas de bocetos son, en sí mismas, el ser del ente del dibujo. Allí consigna, en diferentes estilos y técnicas, sus propuestas contemporáneas de la especificidad de la libreta de bocetos. Esa actitud lo mueve a utilizar cientos de libretas de bocetos que se convierten en sofisticados objetos de arte. La “libreta compañera”, que conserva en los recuerdos de su niñez, cuando hacía “planas en cuadernitos”, en las reminiscencias de su permanencia en Ginebra (Suiza), durante los estudios académicos, se convierte en compañera del viaje por la vida.

Libretas de caricatura

La colección bibliográfica del Banco de la República contiene una variedad de formatos de libretas de los inicios del siglo XX que indican que es un objeto común, no solo entre los alumnos de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, sino en diversas ciudades del país. Un ejemplo de ello es una libreta realizada por un dibujante anónimo (reg.741.24 D41), primitivo, cundiboyacense, que retrata a los personajes de su pueblo, a los que identifica con sus nombres y apellidos. Allí aparecen los abogados, las beatas, las autoridades. Su estilo de retrato raya en la caricatura. Como una curiosidad, dibuja la bicicleta moderna, lo cual permite identificar la fecha en que se hicieron los dibujos.

¿Los caricaturistas también usaban libretas para apuntar sus ideas o los rasgos de algunos personajes? El pintor Coriolano Leudo (1866-1957) se debió enterar del empleo de las libretas durante su paso por la Academia de San Fernando, en Madrid, en 1913. Con la fundación de Cromos en 1916, se vinculó a la revista con el seudónimo de Moncrayón y se especializó en el retrato en caricatura. Su libreta de la Biblioteca Luis Ángel Arango es un blog de hojas sueltas que contiene retratos caricaturescos de sus colegas, puesto que una vez que regresó a Colombia se vinculó a la enseñanza en la ya citada Escuela de Bellas Artes. Por su trabajo en Cromos se aficionó a realizar series de retratos de personajes de la política o la intelectualidad.

Una libreta del artista boyacense Jorge Ruiz Linares (1922-1995) muestra que el profesor académico encuentra una faceta crítica en el ciclo de artistas. En realidad, las hojas sueltas se inician con caricaturas de profesores de la Escuela de Arte de Tunja. La libreta termina con una escena burlesca de la vida de artistas en la Escuela de Bellas Artes, en la que una pareja de profesores baila en un estrado del salón de clase, mientras que otros contemplan la escena. En esa alegre reunión se encuentran Luis Benito Ramos e Ignacio Gómez Jaramillo, entre otros.

Al examinar los periódicos entre 1953 y 1956, se observa una disminución de la caricatura en general y la gráfica política en particular. Se detecta un aumento de los temas internacionales, en especial los de la Cortina de Hierro. El país acogió a varios caricaturistas extranjeros, entre ellos al húngaro Peter Aldor (1904-1976), quien fue el que dejó más honda huella. El caricaturista se estableció en Bogotá en 1949 y consideró a Colombia como su segunda patria. Eso explica la herencia que recibió la Colección de Arte del Banco de la República, compuesta por sus caricaturas y en especial por las 27 libretas de bocetos que hizo él desde los inicios de su carrera, antes de la Segunda Guerra Mundial, durante la guerra y el exilio, su establecimiento en Colombia, hasta su muerte. Gracias a su vinculación al periódico El Tiempo como caricaturista, se especializó en temas internacionales. Cuando llegó a Colombia ya había publicado dos series de litografías de Apuntes de guerra que le daban el estatus de artista en cualquier parte del mundo. Las libretas contienen, en primer lugar, retratos de personajes notables de su patria. Algunas de ellas se vinculan al tema de sus Apuntes de guerra. A diferencia de sus caricaturas de prensa, que se refieren a la situación de la posguerra tanto europea como norteamericana, y al contexto latinoamericano, las libretas dan cuenta de personas, ciudades y actividades a las cuales estuvo vinculado. Por eso, las que realiza en Colombia retratan ciudades y paisajes. El dibujo es expresionista, con variaciones en el estilo según el tema; a veces sintético, otras veces barroco. En un dibujo puede combinar varias formas para hacer más explícito el contenido. Aldor tuvo muchos reconocimientos a lo largo de su vida; en su segunda patria fue respetado como artista.

Libretas pedagógicas

La Biblioteca Aldeana de Colombia imprimió en 1935 la Cartilla de dibujo N.º 8, de la serie técnica. El autor es Miguel Díaz Vargas (1886-1956), rector en ese momento de la Escuela de Bellas Artes. La Cartilla está dirigida a los maestros de dibujo de las escuelas, porque existía la preocupación de que estos solo enseñaban a copiar. En cambio, estos nuevos métodos servirán para estimular en los alumnos el análisis de las formas y proporciones de los objetos que los rodean, para que puedan expresarse por medio de líneas y colores. Con la Cartilla se llevará al alumno a una utilización racional y progresiva del dibujo, hasta lograr un trabajo creador.

Algunos artistas que encuentran que la libreta de bocetos es el elemento ideal para expresarse en el siglo XXI han recuperado este espíritu pedagógico. Mateo López (1978) ha compartido juegos pedagógicos como el tenis de mesa con José Antonio Suárez. Practica el dibujo, la escritura, la escultura y la instalación. Sin embargo, son las ideas del viaje donde, según Maraloto, coleccionistas de su obra “están imbricados profundamente en su aproximación al dibujo”8 . El lápiz y el trazo en sus instalaciones se apoyan en elementos que contienen toda la parafernalia del acto de dibujar: escritorio, lápiz, borrador, regla, papel. Allí incluye también “implementos ideológicos”, como una serie de cuadernillos, más bien manuales de “cómo dibujar”: la “utopía”, los “idealismos: extremo centro”, “lo disfuncional”, la “imitación de materiales”, etc.

Según Tanya Barhson9 , Nicolás París (1978) ha explorado en la práctica del dibujo el germen de un ejercicio utópico de transformación social a través de sus talleres educativos de dibujo, los cuales ha presentado en el marco de varias exposiciones. Con su trabajo ha construido una pedagogía del dibujo […] París realiza talleres como base de proyectos artísticos y ha diseñado una metodología y ejercicios de dibujo que investigan el medio como una herramienta educativa, al igual que como una manera de explorar el mundo y el proceso mismo de dibujar, y para activar la comprensión. Su participación en el Salón Nacional […] de 2013, con sede en Medellín, consistía en una libreta de bocetos; esta es una demostración de la vigencia de chdichos elementos y de su carácter pedagógico.

La exposición “Libretas de dibujos: reencuentros de memoria gráfica”, que reúne materiales y obras de la Biblioteca Luis Ángel Arango y de la Colección de Arte del Banco de la República, es un ejercicio de investigación que pone a la vista del público facetas desconocidas de los científicos y artistas. Estos hallazgos incentivan a la institución a revaluar en su colección los pequeños objetos de la cotidianidad del científico y del artista.

Referecias

1 Pierre Francastel, Sociología del arte (Buenos Aires: Emecé Editores, 1972), 80. . Volver arriba

2 Ángela María Pérez Mejía; Natalia Ruiz Rodgers; Elizabeth Botero Orozco, Una geografía hecha a mano (Bogotá: Banco de la República, 2014), 4. . Volver arriba

3 José María Gutiérrez de Alba. “Prólogo” en Impresiones de un viaje a América: Diario ilustrado de viajes por Colombia, 1871-1873 (Bogotá: Villegas Editores, 2012). . Volver arriba

4 Efraín Sánchez Cabra, en Impresiones de un viaje a América: Diario ilustrado de viajes por Colombia, 1871-1873 (Bogotá: Villegas Editores, 2012), 40. . Volver arriba

5Malcolm Deas. “Introducción” en José María Gutiérrez de Alba. “Prólogo” en Impresiones de un viaje a América: Diario ilustrado de viajes por Colombia 1871-1873 (Bogotá: Villegas Editores, 2012), 14. . Volver arriba

6 Aída Martínez en José Manuel Campos Díaz. “Aproximación a la vida y obra de José María Gutiérrez de Alba” en José María Gutiérrez de Alba. Impresiones de un viaje a América: Diario ilustrado de viajes por Colombia, 1871-1873 (Bogotá: Villegas Editores, 2012), 22. . Volver arriba

7 José María Gutiérrez de Alba. Impresiones de un viaje a América: Diario ilustrado de viajes por Colombia, 1871-1873 (Bogotá: Villegas Editores, 2012), 166. . Volver arriba

8 Banco de la República, Colección Maraloto: el ojo del coleccionista (Bogotá: Banco de la República, 2011), 108. . Volver arriba

9Tanya Barson. La escuela peripatética: dibujo itinerante de América Latina (Bogotá: Museo de Arte del Banco de la República, 2012), 21. . Volver arriba