Haciendo el museo

¿Y CÓMO SE HACE UN MUSEO?

El Museo del Oro Nariño ha sido fundamental en la formación de varias generaciones de nariñenses. Muchos, al venir con su colegio y luego con su familia, aprendieron en él a querer su geografía, apreciar sus costumbres y entender el valor de las tradiciones y culturas indígenas. Renovarlo para ponerlo al nivel de los mejores museos de Colombia y de Latinoamérica era entonces no solo una necesidad, sino un reto.

En grupos focales y largas conversaciones con una gran variedad de personas de la región, los curadores del Museo del Oro fueron acopiando ideas y contenidos para escribir un guión actualizado respecto del saber arqueológico, pero que además toca de cerca a cada uno, porque trata temas de interés para innumerables personas. El trabajo artesanal, la geografía contrastante de la costa pacífica y la serranía andina, la fauna, la minería del oro, las festividades, los entierros, las lenguas indígenas, incluso la matemática son temas que se muestran en el museo como facetas del pasado prehispánico, y que cada visitante encuentra dentro de sí y en su entorno, lo que genera fuertes lazos e hipervínculos de identidad.

Las indígenas quillacingas y las kamentsás del alto Putumayo comparten saberes en la “minga de pensamiento”, una fiesta de la diversidad que reunió ideas y contextos para la concepción del nuevo Museo del Oro Nariño. Ver más.

Barbacoanos que ahora viven en Bogotá asesoraron la descripción cuidadosa y analítica que hace el Museo sobre la extracción artesanal del oro de aluvión en los ríos de la vertiente pacífica. De la misma forma se llevaron conversaciones con comunidades indígenas, historiadores, artesanos y tantos otros que brindaron su saber para hacer un museo de todos.

 

La colección arqueológica exhibida en el Museo del Oro Nariño de Pasto recibió cuidados integrales de restauración, limpieza y preservación en los talleres de restauración del Museo del Oro de Bogotá.

A pesar de lo estable que nos parece la piedra no se deben tocar las estatuas, porque los dedos dejan grasa y ácidos que afectan su conservación. 

La cerámica arqueológica se limpió y consolidó, y se registró su estado actual en la base de datos con el fin de monitorear su conservación para las generaciones futuras.

En el premontaje horizontal, sobre una plantilla de papel del tamaño de la vitrina, se decide cuántos y cuáles objetos podrán ilustrar cada uno de los temas. El preguion, ante todo una lista de temas, se va convirtiendo en un guion con los textos cada vez más pulidos. Nunca es tarde, por cierto, para obtener un nuevo dato sobre el mineral de un hacha de bronce, mediante la espectrografía de rayos x.

El microscopio de barrido electrónico de la Universidad de los Andes en Bogotá permite acercarse con 8000 aumentos a los adornos de orfebrería de Tumaco. Indagar sobre cómo trabajaban los orfebres indígenas prehispánicos aportará ideas y experiencias para la ingeniería mecánica de nuestro tiempo.

Curadores, museógrafos y restauradoras ensayan en los premontajes verticales el efecto y la legibilidad de cada vitrina, mucho antes del montaje final. "Mmmm tal vez podríamos conseguir una foto para ilustrar mejor este aspecto".

Una pausa de satisfacción, en un trabajo dedicado de varios años. En las vitrinas, los soportes de acero normalmente son invisibles, ¡pero nos gustan tanto!

Ya los arquitectos museógrafos que hicieron grande un espacio pequeño tienen todo implantado en 3D, una empresa metalmecánica construye las vitrinas blindadas, los ingenieros de seguridad ubican mentalmente sus cámaras y sensores satelitales, los diseñadores gráficos diseñan estilo, paneles y textos (y catálogo, y postales, y pendones), los gestores culturales atienden la expectativa, hacen talleres fuera del museo, planean los servicios y la promoción. Pronto todos tienen una cita en el Museo del Oro Nariño.

En el momento del montaje del museo cada objeto llega al lugar que se le ha asignado con anticipación, lo que garantiza el cuidado y el tratamiento riguroso de las piezas arqueológicas. Con cuidado notarial, los registradores continúan llevando el control de 182 objetos de orfebrería, 1 de platino, 176 cerámicas, 57 líticos, 26 conchas, 18 maderas, 6 huesos, una resina y 3 textiles prehispánicos.

Vigilantes, coordinadores, directivos, animadores, aseadores, personal de apoyo y de reemplazo y muchos más completan la tarea del Museo del Oro Nariño: atraer y recibir a los visitantes regionales, nacionales y extranjeros que harán realidad el lema:

El Museo del Oro Nariño, un espejo para mirarnos a través de nuestro pasado

Vea El recorrido