Después del siglo xv

A finales del siglo XV y comienzos del XVI, los incas intentaron conquistar las regiones al norte de Quito. Llegaron hasta el sur de la serranía nariñense, pero no se tiene certeza si lograron dominar las poblaciones más acá del puente de Rumichaca, en Ipiales. Estas incursiones conectaron con el Tawantinsuyu a los grupos que habitaban la serranía y obligaron a comunidades enteras a migrar. Así mismo, se crearon nuevas redes comerciales a través del Qhapac Ñan, o camino inca.

A las invasiones incas siguieron las del imperio español. En 1536 Sebastián de Belalcázar y sus tropas partieron de Quito hacia el norte para explorar y fundar villas y ciudades. Los acompañaban indios yanaconas, indígenas quechua hablantes de distintas etnias, muchos de los cuales se quedaron en la región. Las crónicas sobre las expediciones de Belalcázar y otros conquistadores de Nariño resaltan la diversidad étnica: quillacingas, sucumbíos, mocoas, masteles, abades, pastos, barbacoas y sindaguas, entre otros.

El mapa reproducido por el holandés Jansz Blaeu alrededor de 1630 recoge la mirada de los viajeros europeos sobre el territorio y las poblaciones de la costa pacífica y la serranía nariñense (La Haya, Koninklijke Bibliotheek).

Para controlar a los grupos de la serranía, el gobierno español los reordenó en pueblos, encomiendas y resguardos, lo que trastocó su organización social, territorios y creencias. Algunas lenguas y tradiciones desaparecieron mientras que otras, transformadas, subsisten hasta hoy.

Las tierras del Pacífico fueron colonizadas para la minería del oro. Los barbacoas y sindaguas opusieron resistencia a la conquista y muchos fueron eliminados o desterrados. Para suplir la mano de obra, se trajeron africanos esclavizados, a quienes se les obligó a trabajar en los aluviones y minas de veta. El hambre, los maltratos y la peligrosa tarea de abrir socavones cobraron la vida de miles de ellos. Muchos otros se rebelaron.

La convivencia de africanos, indígenas y europeos generó el mestizaje y sincretismo cultural. Luego de 1819, la época republicana trajo la abolición de la esclavitud, la eliminación del tributo indígena y la división de resguardos.

Desde el siglo XX, en Nariño ha predominado el trabajo para fortalecer identidades, despertar tradiciones y recuperar lenguas y territorios ancestrales.

En el Museo del Oro Nariño, las comunidades indígenas y afrocolombianas presentan en su propia voz, en video, sus costumbres y tradiciones.

 

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