La casa

Mitos y leyendas

La Casa de la Aduana de Santa Marta es el objeto más destacado del museo que ella misma contiene. Es también uno de los patrimonios más queridos por los samarios, símbolo de su identidad y de su historia. Enclavada en el centro de la ciudad colonial, la casa ha estado siempre rodeada de mitos y leyendas.

El minarete de la Casa de la Aduana se observa en esta acuarela del puerto de Santa Marta en 1845,
por Edward Walhouse Mark, representante consular de la Gran Bretaña.
Colección de Arte, Banco de la República, Bogotá. AP005.

Muchos dicen que es la construcción más antigua aún en pie en la ciudad o incluso en el país. Otros suponen que en ella vivió el fundador de Santa Marta, Rodrigo de Bastidas, o que es la casa fuerte que en épocas de la Conquista levantó el gobernador García de Lerma como refugio de los españoles frente a los ataques de los indígenas. Casi todos saben que en ella estuvo el Libertador Simón Bolívar en los días previos a su muerte ocurrida en Santa Marta en 1830.

Las labores de restauración desarrolladas por el Banco de la República entre 2010 y 2014 implicaron el estudio de la historia de la casa y la realización de excavaciones arqueológicas, con lo que se aclararon muchas dudas. Santa Marta, la ciudad más antigua que aún subsiste de las fundadas en la “Tierra Firme” del continente americano, en sus comienzos fue quemada muchas veces por piratas y tuvo que alejarse del mar. El Parque Bolívar no es entonces la misma plaza que inicialmente trazó Bastidas, donde con madera y palma hizo construir sus aposentos. Las excavaciones no hallaron huellas del fuerte de altas tapias que Lerma hizo levantar en barro, ni de otra construcción previa, y la historia aclara que la casa de dos pisos data de 1730, cuando los hermanos Domingo y Nicolás Jimeno la construyeron con dos plantas, como se la conoce hoy. Destacada por su altura en una ciudad que los viajeros del siglo XIX describen como de un solo piso, la prestigiosa casa fue dotada con una torre o minarete desde donde los hermanos comerciantes veían llegar los barcos al puerto, así como el cargue y descargue de sus mercancías.

Luego de épocas de fausto y fiestas de ricas familias de hacendados y comerciantes, la casa fue en efecto sede de la Aduana del puerto, pero solo por un año, al final del período colonial, porque fue confiscada por la Independencia. Siendo patriota, la casa acogió al Libertador durante seis días antes de que por su enfermedad fuera trasladado a la hacienda de San Pedro Alejandrino, donde murió. Su velación tuvo lugar en el segundo piso, en la sala principal de la casa, que por cierto no es el espacio donde desde hace varias décadas la conmemoran las placas de mármol y las coronas de flores.

Los nombres

Palacio Verde
Castillo de San Lázaro
Casa de la Aduana
Casa del Consulado
Comisariato de la United Fruit Company
Hotel Colonial
Museo del Oro Tairona
Museo del Oro Tairona - Casa de la Aduana

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