Un museo hecho a muchas manos

El Museo del Oro Tairona – Casa de la Aduana no solamente es diverso por sus temas —la arqueología, la diversidad cultural, la historia—, también por la participación de numerosas personas en la construcción del guion de sus exhibiciones.

¿Cómo contar sobre el pasado prehispánico de la Sierra Nevada? ¿Cómo sintetizar la enorme riqueza cultural de las comunidades? ¿Cómo plasmar en una exposición la historia de Santa Marta y su región? ¿Qué sería interesante conocer de Simón Bolívar? Para responder a estas preguntas aportaron su saber los arqueólogos, los miembros de las comunidades, los historiadores samarios, los niños y jóvenes. Profesionales del Museo del Oro del Banco de la República, expertos en hacer museos, trabajaron junto a numerosos ciudadanos, grupos indígenas, investigadores y académicos de la región del Magdalena, así como con instituciones de Colombia y el mundo.

Mi objeto de museo

Cuando inició el proceso de renovación del Museo Tairona, con el fin de promover la colaboración de la ciudadanía, el Área Cultural del Banco de la República en Santa Marta invitó a los samarios a mostrar, en la actividad Mi objeto de museo, aquellas cosas que pudieran representar su identidad y su historia.

A modo de una feria que tuvo lugar en noviembre de 2011, una familia exhibió, preservado en una caja de vidrio, su tesoro más preciado: el guayo izquierdo con el cual el futbolista Ramón Rodríguez anotó en 1968 el gol que le dio al Unión Magdalena el único título nacional que ha alcanzado en toda su historia. De esta manera el tema del fútbol entró a ser parte de la sala Historias desde la Casa de la Aduana, en la que se explica cómo este deporte entró a Colombia a través de los marinos ingleses que lo jugaban en la playa de Santa Marta con los trabadores del puerto, quizás ancestros de cracks como el Pibe y Falcao.

Ese mismo día otros participantes expusieron fotos antiguas, piezas de vajilla de la bananera United Fruit Company y hasta un arcón con objetos de antaño. Por su parte, los historiadores explicaron documentos coloniales y reunieron corrillos de personas interesadas en escuchar sus narraciones; el Museo buscó entonces en archivos de España, Bogotá y Santa Marta mapas y manuscritos que dan testimonio del origen de las calles, plazas e iglesias de “la Perla de América”, una ciudad —según se contó ese día— “que siempre soñó con tener murallas para defenderse de los piratas”.

Por su parte, los indígenas ettes de las llanuras del Ariguaní se hicieron presentes y se aliaron al proyecto museográfico para contarle al mundo que renacieron de los antiguos y aguerridos chimilas. Colocaron sobre una mesa sus instrumentos de trabajo y sus tallas de madera y, usando los objetos como excusa, le explicaron a cuantos los rodeaban cómo hoy son gente nueva, gente de paz. Así, en la sala La gente del Magdalena, junto con los indígenas de la Sierra Nevada y los pescadores de mar y de río, los ettes, “la gente nueva” de las llanuras, están representados por los objetos que ellos mismos elaboraron especialmente para el museo.

Casimiro, indígena ette, explica su cultura en la actividad Mi objeto de museo Foto: Alejandra GarcésIndígenas wintukua, kankuamo, kogui y wiwa intercambiando hojas de coca. Foto: Amado Villafaña

Objetos

Más de 470 objetos arqueológicos se exhiben en la sala dedicada a las Sociedades prehispánicas, la mayoría de ellos provenientes de las colecciones que ha reunido y cuidado el Banco de la República en el Museo del Oro. Un buen número de ellos, sin embargo, forman parte de la colección de piezas de orfebrería, cerámica y lítico entregadas por la familia Facuseh de Santa Marta al Banco de la República en 2004. 

En aplicación de las leyes que estipulan que los objetos del patrimonio arqueológico pertenecen a todos los colombianos, al igual que la historia que representan, los hijos de Jorge S. Facuseh trasladaron, a través del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH, la tenencia de las piezas de su colección al Museo del Oro, que se comprometió a restaurarlas, preservarlas y darlas a conocer.

Las excavaciones adelantadas en la Casa por la Fundación Erigaie, como parte del proceso de restauración, recuperaron fragmentos coloniales de loza, copas, cuencos, lebrillos, clavos, un cepillo de dientes y una hebilla de zapato, elementos que permitieron aproximarse a cómo fue la vida cotidiana de Santa Marta en otras épocas. Fue, de cierta manera, la forma en que los antiguos habitantes de la Casa entregaron también sus objetos para el Museo.

Recordando a Bolívar

La Casa de la Aduana es reconocida, además, por ser el lugar donde se veló al Libertador Simón Bolívar tras su muerte en Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Para resaltar este aspecto de la Casa, Daniel Castro, Director de la Casa Museo Quinta de Bolívar de Bogotá, concibió la sala Bolívar estuvo aquí. El proceso contempló talleres con grupos focales de niños, estudiantes, profesores universitarios e historiadores samarios, en los que se indagaron sus imaginarios sobre Bolívar y lo que deseaban saber del prócer: “que no se cuenten solo las batallas, que se hable de sus amores, de sus dificultades”.

De esta manera, la sala Bolívar estuvo aquí presenta un dispositivo multimedia donde ciudadanos del común y expertos comparten por igual su versión propia de Bolívar y la reflexión acerca de cómo debe recordarse una persona al morir.

En grupos focales, los niños, los jóvenes y los académicos generaron el enfoque que hoy tiene la exhibición sobre el Libertador. Foto: Camilo Sánchez.
Aspecto de la grabación del video que rinde un vivo homenaje a la memoria de Simón Bolívar. Foto: Germán Ramírez
Édgar Romano Moisés es el artista que todos los años representa al Hombre Caimán en el festival de Plato, Magdalena. Foto: Clark Manuel Rodríguez.
Los niños dieron sus opiniones sobre la importancia de Bolívar para Santa Marta, en la producción del video “Bolívar estuvo aquí”. Foto: Perrenque Media Lab

También tienen voz en el Museo del Oro Tairona - Casa de la Aduana las familias afrodescendientes de la Casa de la Niña Mejía en el barrio Pescaíto de Santa Marta, que viven de la elaboración y la venta de cocadas en las playas; los indígenas de la Sierra Nevada que escogieron los aspectos y la forma como querían verse representados y suministraron fotografías y objetos para la exposición; los pescadores de Taganga que participaron en el video sobre su vida y la preparación del pescado frito con arroz de coco don Edgar Romano Moisés, quien desde hace 55 años personifica al Hombre Caimán en el Festival de Plato, y muchos otros que hacen realidad el lema que define a esta nueva institución cultural samaria:

Museo del Oro Tairona-Casa de la Aduana: un lugar de encuentro en Santa Marta donde múltiples voces dialogan sobre nuestras raíces culturales para reconocer sus huellas en el presente.

¿Y cómo se hace un museo?

Marí Micaela vende cocadas y alegrías en Santa Marta. También explica la riqueza de su tradición gastronómica en el video que grabó para el museo. Foto: Clark Manuel Rodríguez.