Discurso inaugural

Palabras de José Darío Uribe, gerente general del banco de la República, durante la inauguración del Museo Etnográfico

Leticia, el día  30 de Noviembre de 2015

Hace 30 años, en 1986, el Banco de la República inauguraba su Biblioteca en Leticia, la cual hacía parte de un proyecto de descentralización de nuestras bibliotecas y museos iniciado en 1980. La apertura de una Biblioteca en Leticia buscaba hacer un aporte significativo a la educación, la cultura y el desarrollo de esta asombrosa región en el extremo sur de nuestro país. Desde ese primer momento se tuvo la idea de ofrecer en Leticia, no un Museo del Oro con colecciones arqueológicas, sino un Museo Etnográfico, un museo sobre las culturas y sociedades indígenas vivas y vigentes en la región.

Con la colaboración del antropólogo Roberto Pineda Camacho se adelantó el diseño y el guion de ese primer Museo Etnográfico que abrió sus puertas en 1988 en una de las salas del edificio  entonces recientemente inaugurado por el Banco de la República. Se trataba de una pequeña sala que ponía en valor y en contexto la colección de objetos etnográficos prestados por la Misión Capuchina mediante un comodato con el Banco, objetos culturales que habían sido recogidos durante años por fray Antonio Jover Lamaña entre las etnias Ticuna, Uitoto y Yucuna.

Hoy ese mismo Museo Etnográfico nos reúne y nos acoge para mostrarnos una transformación y consolidación extraordinarias. El Área Cultural del Banco de la República es uno de los ejes de la vida cultural de la ciudad; es el lugar donde miles y miles de niños, incluidos algunos de los adultos que nos acompañan, han venido a disfrutar el placer de la lectura, y donde los estudiosos encuentran un centro de documentación sobre la economía y la historia de la región amazónica y un auditorio que convoca alrededor de los temas de mayor actualidad. La pequeña sala se actualiza como un gran Museo Etnográfico, el museo que celebramos esta tarde, integrado totalmente con los demás espacios y funciones del Área Cultural.

El nuevo Museo Etnográfico del Banco de la República en Leticia se constituye en un lugar de intercambio de saberes que celebra la diversidad cultural del Amazonas. Concebido como un centro de interpretación de la Amazonia, ofrece una mirada que abarca toda la cuenca amazónica, un foco de interés mundial que compartimos entre varios países y que hoy, lejos de ser marginal, es parte esencial del debate sobre el futuro de la vida humana y de nuestras relaciones con el planeta. Los habitantes de Leticia y Tabatinga, de Colombia, Brasil y Perú, al igual que los numerosos visitantes que llegan del mundo entero, encontrarán aquí una guía que introduce y ayuda a entender la Amazonia en su geografía, su geología y su ecología, y principalmente en su historia arqueológica, social y cultural. El antropólogo Roberto Pineda Camacho nos ofrece un nuevo guion donde entendemos la región no como una selva impenetrable y ajena, sino como un mundo de aguas interconectadas que unen a los grupos humanos, y que entretejida con el clima marca los ciclos de vida de los animales y las plantas y también de las personas.

La diversidad cultural de la Amazonia tiene en el Museo Etnográfico su punto de encuentro. El equipo del Museo del Oro, liderado por la antropóloga María Alicia Uribe, con el aporte y respaldo de Roberto Pineda y el apoyo del antropólogo Héctor García y los funcionarios del Área Cultural, estableció con las comunidades indígenas diferentes formas de diálogos para que ellas mismas definieran cómo querían representarse y presentar su realidad en el museo. Los indígenas respondieron con interés, puesto que todas las comunidades étnicas colombianas se encuentran en un activo proceso de fortalecimiento de sus identidades y sus culturas, luego de siglos de embates como el trágico proceso de las caucherías que este museo expone en sus paneles y videos.

Los ticunas, uitotos y yucunas estudiaron los objetos recogidos hace cincuenta años por el padre Jover Lamaña y preservados por el Museo, y participaron en la construcción de la estructura narrativa de un guion museográfico que hace énfasis en lo que ellos consideran importante. Algunos de estos objetos ya no se hacen o ya no se hacen como antes, o se hacen solo como recuerdos para el turista, pero los indígenas reconocen en ellos un enlace con su historia y su identidad, por lo que en compañía de las antropólogas del Área Cultural han organizado un grupo de estudio para desentrañar las técnicas de manufactura, los diseños, las funciones y los significados de cada objeto. A su vez, las mujeres indígenas reunidas en un seminario multiétnico en este auditorio decidieron crear una chagra donde los cultivos representaran la vida diversa de la amazonia. Para los indígenas del Amazonas este no es un lugar turístico o folclórico: lo apropian como un centro de estudio de sus identidades, como un lugar de encuentro entre las numerosas etnias que confluyen en la región y como un lugar de diálogo, mediante los guías indígenas que acompañan los recorridos, con los leticianos y los visitantes del mundo entero.

 

Estoy seguro de que este Museo Etnográfico y esta Área Cultural serán el centro y el laboratorio de importantes procesos sociales y culturales en las próximas décadas. En ellos se continuarán fortaleciendo y transformando los servicios para los distintos públicos a la par con los cambios en el contexto. En nombre del Banco de la República deseo agradecer a la comunidad leticiana y demás comunidades del Departamento del Amazonas, a la Orden de hermanos menores capuchinos que en 2008 entregó definitivamente su colección etnográfica al Banco de la República, a la Subgerencia Cultural, al Museo del Oro y a la Sucursal de Leticia, a la Subgerencia Industrial y de Tesorería y el Departamento de Infraestructura, a las autoridades locales y regionales, a los investigadores y a las demás personas e instituciones que aportaron su saber, sus imágenes y su apoyo. A todos, muchas gracias por este museo que es el suyo.