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Esta exposición es una invitación a exceder las formas, métodos y lugares en los cuales se ha desarrollado el programa Nuevos Nombres del Banco de la República, a la vez que se considera la forma en que los artistas reaccionan a la ecología contemporánea del espacio. Además de atender a las repercusiones conceptuales e ideológicas de un proyecto expositivo en el complejo cultural y sus plataformas virtuales, en esta edición del programa se busca detonar reacciones inesperadas a la experiencia material, inmaterial y cultural del espacio, así como a la influencia simultánea entre el espacio arquitectónico e institucional y la intervención artística. ¿Qué transformaciones causa la intervención artística? ¿Cómo la especificidad conceptual, material y arquitectónica determina dicha intervención?

Durante varios meses el equipo curatorial de Nuevos Nombres consideró las implicaciones de la expansión formato expositivo. De esta manera Nuevos Nombres 2017-2018 comprende intervenciones en los espacios interiores y exteriores de la Manzana Cultural y la Biblioteca Luis Ángel Arango, así como en su portal web, sistemas de divulgación in situ y redes sociales. Esto permite a las intervenciones una presencia más prolongada que cualquier otra exposición temporal en el MAMU, a la vez que ofrece a los artistas la posibilidad de considerar el tiempo, la transformación y el deterioro material como insumos fundamentales del proceso de intervención. Como consecuencia, en esta edición del programa se busca desbordar la presentación de procesos artísticos para dar paso a una reflexión más profunda sobre la constitución histórica, política y material del espacio.

Los tres ciclos acumulativos en los cuales se presenta Nuevos Nombres 2017-2018 reflejan tres actitudes con las cuales los artistas se aproximan a la reflexión sobre el espacio, acaso demostrando también tres escalas: el espacio urbano y sus procesos de transformación; el espacio interior de la arquitectura, y sus implicaciones como espacio de exposición, colección, e incluso de vivencia cotidiana; y, finalmente, el espacio íntimo o de la experiencia personal, como lugar donde se construyen ideas, lenguajes y actitudes. Esta progresión representa un vector que empieza por privilegiar la escala y termina por acentuar la intensidad de lo singular, a medida que el espacio decrece y se hace cada vez más personal.