Primera etapa

Septiembre de 2017 a enero de 2019

Durante los últimos veinte años, las ciudades han sufrido una serie de cambios estructurales que han ayudado a reorganizar radicalmente el espacio urbano. Después de largos procesos de deterioro y abandono, varias fuerzas sociales y culturales han transformado estos espacios urbanos por medio de acciones espontáneas de apropiación, tales como colectivos culturales independientes, proyectos de emprendimiento económico especializado y de pequeña escala, y procesos de migración paulatina de vuelta hacia los barrios tradicionales de la ciudad.

A su vez, las plataformas digitales revolucionan las dinámicas de comunicación de la ciudad, generando circuitos de intercambio con frecuencia inadvertidos en la superficie urbana, pero de crucial impacto en su funcionamiento. Las llamadas economías colaborativas han transformado el uso del suelo, el transporte colectivo, el turismo y el empleo informal; como resultado de esto, los núcleos de las ciudades contemporáneas se han convertido en territorios heterogéneos, que albergan realidades simultáneas y en conflicto. La inversión privada, las iniciativas de renovación urbana, el emprendimiento de menor escala, las economías de consumo colaborativo, al igual que la resistencia política y comunitaria, no funcionan como fuerzas separadas o discernibles, sino que actúan como una ecología, cuyos agentes se asocian, antagonizan, complementan o destruyen en momentos determinados. ¿Cómo reaccionan las prácticas culturales a este escenario de transformación intensiva?

El espacio urbano se escribe y reescribe, de acuerdo con los ritmos económicos y los procesos sociales e históricos que tienen lugar en la ciudad. Por ejemplo, al transitar por el barrio La Candelaria, en Bogotá, se nota que las casas coloniales conservan su fachada, pero el espacio en su interior se ha adecuado para todo tipo de usos, desde turismo de lujo hasta educación universitaria. Los complejos arquitectónicos ya no cumplen una función única y permanente; sus usos se expanden y transforman, como resultado del choque de fuerzas que mantienen la ecología material de la ciudad en constante movimiento. Las fuerzas sociales, históricas, biológicas, climáticas, informáticas y económicas le confieren al espacio una nueva dimensión, pues aparte de ser un lugar de lo cultural, la ciudad se convierte en un organismo complejo, cuya identidad está ligada a su relativa estabilidad “molecular”: cualquier variación en el espacio tiene consecuencias profundas en su naturaleza.

Los muros y el suelo contienen marcas que son fiel testimonio de dicha transformación. Las formas y las huellas en las superficies son la prueba del constante flujo material que da vida a este gran organismo, que se ve alimentado además por la irrupción masiva de los flujos digitales. En tal sentido, la intervención artística que tiene lugar en la arquitectura no funciona solo como un señalamiento, sino como un agente transformador que altera las facetas del espacio. Un objeto en la calle puede perforar una dimensión temporal en el espacio y permitir la convivencia de tiempos simultáneos, históricos e inmediatos; un material adherido a la pared puede causar el entrecruzamiento de dos sitios, al traer cualidades de un lugar hacia el otro; un artefacto instalado en el techo de un edificio puede cambiar la naturaleza de la arquitectura, pasando de ser un lugar habitable a convertirse en una máquina; una intervención audiovisual o digital puede transformar la naturaleza de la materialidad de un espacio, o la forma en que este se percibe. Lo no arquitectónico, o el espacio negativo de la arquitectura, es por ende el lugar de lo posible: lo que pase en estos intervalos materiales tiene la infinita oportunidad de cambiar el uso, el estado o la naturaleza de la ciudad.

El complejo cultural del Banco de la República en el centro histórico de Bogotá es una amalgama de periodos, estilos y materiales desde el siglo XVII hasta la actualidad. Esta rica historia está presente en la experiencia del espacio, incluso en los espacios de circulación o tránsito. ¿Qué pasaría si en vez de emplear los espacios vacíos de las salas de exposición se convocara a los artistas a intervenir la rica materialidad de las superficies exteriores? Aparte de reconocer la tradición crítica sobre arte e intervención, basada en antagonismos sobre lo público y sobre lo institucional, en esta primera etapa de Nuevos Nombres 2017-2018 se propone una discusión que trasciende dichos vectores, en busca de un repertorio más amplio de preguntas sobre el espacio, su realidad material, su expansión ontológica en la revolución digital y su valor cultural.

Inauguración de la exposición y visita comentada con los artistas

Sábado septiembre 30 de 2017 11:00 a.m.

Exposición hasta enero 2019

Intervenciones in situ, patios y corredores del MAMU, Manzana cultural

Matilde Guerrero Snyder Moreno

Martín Carlos Guzmán

Alejandro Sánchez Suárez -

Intervenciones digitales www.banrepcultural.org/nuevos-nombres

Ana María Montenegro

Fito Segrera

Daniel Escobar Vásquez

Curaduría y textos

David Ayala Alfonso

Curaduría y coordinación del proyecto

Nicolás Gómez Echeverri

Luis Fernando Ramírez Celis

Horario

Lunes a sábado 9:00 a.m. a 7:00 p.m. Último ingreso de público: 6:30 p.m.

Domingos y festivos: 10:00 a.m. a 5:00 p.m. Último ingreso de público: 4:30 p.m.

Cerrado los martes Entrada gratuita

Museo de Arte Miguel Urrutia MAMU Calle 11 # 4-21, Bogotá

www.banrepcultural.org