El arte de partear. Curanderas, comadronas y parteras del Pacífico Colombiano

Hugo Portela Guarín 
Investigación y curaduría 
Sandra Carolina Portela García 
Asistente de investigación 
Banco de la República. Áreas culturales: Chocó, Valle del Cauca y Nariño

Las curanderas, comadronas y parteras del Pacífico colombiano son mujeres que con sus saberes y prácticas acompañan a las futuras madres en el proceso de crear y dar vida. Son conocedoras de los “secretos de las mujeres” sobre la salud sexual y reproductiva femenina, y desempeñan un papel protagónico en sus comunidades al ayudar a nacer la vida, haciendo “un trabajo étnico, cultural, tradicional que viene desde el principio del mundo […] porque la partera es una de las principales trabajadoras del mundo para traer a toda la humanidad”.1 

Las parteras se encargan de favorecer y cuidar el bienestar de la mujer y su familia en estados tan importantes como el embarazo, parto y puerperio. Sin embargo, es importante destacar que su acompañamiento va más allá de atender las implicaciones físicas y biológicas que estos estados desencadenan: ellas preparan el hogar para que el trabajo de parto de la mujer, su cuerpo y el tiempo del bebé sean respetados y para que la transición del útero al hogar sea lo más cordial y armoniosa posible, celebrando con alborozo la llegada de cada vida y propiciando así el parto humanizado.

Además de la importancia del papel socio cultural que la partera desempeña, es necesario destacar que, a diferencia del Estado y de la biomedicina, las parteras llegan a todos los rincones del Pacífico, auxiliando así a mujeres, que si no fuera por su presencia, no tendrían ningún tipo de acompañamiento durante su gestación, alumbramiento y pos-parto; situación grave, especialmente si tenemos en cuenta que la tasa de mortalidad por embarazo, parto y puerperio en la región por cada 100.000 habitantes es de 86,1 –para Colombia es 74,9-, siendo la más alta la del Chocó con 227,4 seguida por el Cauca con 97,1, Nariño con 75,9 y Valle del Cauca con 71,6. En este sentido es importante reconocer que la presencia de estas mujeres y sus conocimientos se constituye en un aporte importante del mundo afro para cerrar las brechas entre los indicadores de las tasas de morbimortalidad entre las regiones.

En contraposición, se observa que el sistema colombiano de “salud pública” ejerce un papel de control social que segrega la actividad de estas especialistas, para cuya marginalización se esgrimen dispositivos de subordinación racial, de género y económicos, con el fin de descalificar sus saberes, a la luz de los principios de cientificidad.

El papel protagónico del saber y las prácticas de las parteras como garantes de la continuidad y perdurabilidad biológica y cultural del mundo afro-pacífico, clama su vinculación a una nueva lógica que permita la distribución en la gestión de la salud pública colombiana de forma conjunta; es decir, desde las diferentes fuentes de regulación, como lo son el Estado, el mercado y las tradiciones de las comunidades para superar el carácter mercantil que se ha dado a la búsqueda de la salud a partir de la Ley 100 de 1993.

En esta perspectiva se resalta la importancia del “arte de partear”, sin caer en el simplismo de visibilizarlo como un ejercicio más de “esas cosas que hacen los negros del Pacífico”2  ysí, compartiendo parte de los profundos aportes conceptuales que soportan la práctica de un arte secular que se ha mantenido en el “secreto de las mujeres”; que ha resistido, y que continúa aportando a la salud de la comunidad, favoreciendo el parto humanizado como patrimonio cultural de los ancestros africanos. Compartir estas prácticas permite que se aprecien nuevas miradas que posibiliten el encuentro entre paradigmas en una perspectiva intercultural que fomente las buenas prácticas de autocuidado individual y comunitario, así como la elaboración de protocolos de acción en salud complementarios.

CONOCIDAS Y SIN RECONOCIMIENTO

Las parteras, reconocidas y respetadas en sus comunidades por su labor, no gozan del mismo reconocimiento por parte de la biomedicina: “una parte de la sociedad desconoce nuestra profesión y no reconoce la sabiduría que tenemos, porque somos mujeres pobres, negras y analfabetas”. Ellas -sin mucho apoyo del Estado-, se han encargado de mantener vivas sus redes tradicionales y han permanecido unidas para fortalecer y fomentar la tradición, fuerza que les ha permitido redefinir y apropiar conocimientos de la biomedicina en un diálogo posibilitado por la alta valoración que algunos integrantes del personal de salud de las instituciones han hecho de sus roles y eficacias en sus comunidades.

No obstante el reconocimiento de la diversidad cultural, con todas sus connotaciones, que se hace en la carta constitucional colombiana, el Ministerio de Protección Social no reconoce a la partería como una práctica médica por vincular en una política con estrategia de salud intercultural: en muchas Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud -IPS-, cuando las parturientas a punto de dar a luz llegan acompañadas de las parteras -gracias a una decisión de consenso-, a éstas se les niega el ingreso; cuando un niño es recibido por las manos de una partera todavía no se reconoce su testimonio para declarar su nacimiento y expedir el registro que lo hará ciudadano.

La búsqueda del reconocimiento del parterismo en el Sistema General de Salud es una de las luchas que estas redes y asociaciones dan a diario, ya que el empoderamiento y apoyo a las parteras que se encuentran presentes en la región es una respuesta genuina que permitiría mejorar el panorama en lo que se refiere a la atención en salud con la esperada reducción de la morbimortalidad materno infantil en el Pacífico colombiano.

EL ARTE DE PARTEAR

El parterismo se encuentra fundamentado en las tradiciones de larga duración de saberes populares transmitidos oralmente, que varían según los grupos socioculturales; ellos son poseedores de un gran dinamismo de reordenamiento y ajuste en acuerdo con las experiencias vividas. Sectores de la biomedicina, de otras tradiciones médicas, y de la ciudadanía, comúnmente y sin tener en cuenta los contextos donde se originan, califican al parterismo como mágico, fantasmal y misterioso; valoraciones que desconocen que vivimos en un mundo pluricultural en el que existen diferentes maneras de construir el cuerpo humano, y como tal, son otras las técnicas y maneras de interpretar su funcionamiento, estados y transformaciones.

En el mundo del Pacífico las mujeres son preparadas en el “arte de partear” con los conocimientos heredados de abuelas, madres e hijas, formación que es enriquecida con la práctica que aportan las parteras al acompañar a las mujeres en sus estados de menstruación, gestación, parto y puerperio, en las circunstancias más diversas. Ellas reciben diferentes denominaciones: “parteras”, “comadronas”, “mujeres que ayudan a parir”, “la otra madre de los hijos”, “la dadora de vida”, “las madres de todos”, “las abuelas de todos” o simplemente por el nombre de doñas. La mayoría de la gente del Pacífico, como en tantos otros municipios alejados del país, ha llegado a este mundo de la mano de una partera.

Las parteras saben que para traer una vida al mundo se requiere de tiempo, mucha paciencia y mucha energía, y son conscientes de que el momento del nacimiento es rudo, por lo que ejercen un rol muy importante en la enculturación afro como educadoras que lideran los principios y las prácticas de la armonía y el equilibrio que les permite refrescar los estados de calor y frío en la madre, y mantener el equilibrio del cuerpo de la mujer a base de remedios naturales preparados con plantas medicinales que cultivan en los solares de sus casas. Entre diversos sectores de la región pacífica se dan variaciones frente a los nombres y clasificaciones de las enfermedades y sus orígenes, así como la manera de tratarlas, pero existe una transversalidad en sus saberes y prácticas ligadas a la dualidad frío-caliente.

EL MILAGRO DE LA VIDA

El éxito del saber y la práctica de las comadronas está garantizado por el conocimiento íntimo que tienen con las plantas medicinales y los recursos animales y minerales que se acompañan con rezos y secretos en sintonía con las necesidades de cada mujer.

El embarazo es calificado como un estado caliente, que supera la frontera entre el frío y el calor: es desequilibrio, pero al mismo tiempo es bienestar, es el rito de paso de toda mujer en edad reproductiva. Es un estado que se encuentra entre la vida y la muerte, por lo que puede estar asediado de incertidumbres, puede tornarse engañoso e incierto, las mujeres pueden fallecer en cualquier mes del embarazo, ya sea por una “trama” (daño que se le causa a la mujer consciente o inconscientemente para que sufra a la hora del parto) o alguna enfermedad. Su curación se logra cuando la mujer da a luz y recupera su equilibrio mediante la dieta.

Las mujeres deben tener en cuenta las recomendaciones hechas por la partera para que el parto llegue a buen término. En el momento del trabajo de parto las comadronas transmiten tranquilidad a través de consejos y suministran plantas medicinales según las necesidades de la parturienta y la experiencia de la partera. En algunas regiones del Pacífico centro–sur se le ofrecen sorbos de la “botella curada” donde se ha mezclado la fuerza de la tradición y la sabiduría, con la de las plantas medicinales.

El parto humanizado es realizado por las parteras adecuando el espacio para la llegada del bebé: se prepara un lugar dentro de su vivienda habitual para que la parturienta se sienta segura y acogida, pues la inseguridad pone en riesgo la vida de la embarazada y el hijo por nacer. En el momento que la partera ve que se acerca el nacimiento se lava las manos, arregla las sábanas limpias, hierve agua; alista el algodón, cuerda, espadadrapo, gasas, guantes, tijeras, pinzas y alcohol que utilizará en el corte del cordón umbilical y los demás elementos que necesitará para la atención de la madre. Al nacer, las parteras cortan el ombligo, limpian el bebé, lo entregan a su familia, examinan, limpian y animan a la mamá. Cuando se aseguran de que todo ha salido bien, piden que se suministre una bebida caliente a la madre y hacen otras recomendaciones -que ellas seguirán acompañando-, necesarias para su cuidado y el de su hijo. Las mujeres consideran que “el parto es el paso de la vida a la muerte” y el momento del nacimiento un volver a vivir, y en ese trance que comparten se construyen afectos que, con algunas excepciones, desencadenan en relaciones de parentesco ritual entre la parturienta y la partera.

PARTERÍA, SABER ANCESTRAL Y PRÁCTICA VIVA

La partería en el Pacífico colombiano tiene su lugar indiscutible en la memoria cultural colectiva como un saber ancestral sobre el origen de la vida y una práctica que mantiene su relevancia en la sociedad actual. La importancia de este tipo de conocimiento para Colombia y el mundo es cada vez más valorada y despierta el interés de la investigación etnográfica. Con motivo de la apertura del Centro Cultural del Banco de la República en Buenaventura, hemos preparado la exposición “Partería: saber ancestral y práctica viva” en la que se entrecruzan el conocimiento académico y tradicional sobre la diversidad de esta práctica, la riqueza de las experiencias históricas y presentes de las parteras y los procesos culturales de este patrimonio cultural.

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Referencias

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Rosminda Quiñonez, presidenta la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Periódico El Tiempo, 2015),(Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1985-1987).