“El libro no tiene ni raza ni color, es tan universal como el mar, como el agua, como el aire, como el sol.” Alexandra Ardila

“El libro no tiene ni raza ni color, es tan universal como el mar, como el agua, como el aire, como el sol.” Alexandra Ardila

Junio 13, 2017

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El inicio de una aventura

Alexandra Ardila no pensó que un viaje a La Guajira iba a ser para quedarse. Hace trece años esta promotora de lectura de Bogotá llegó a Riohacha con su esposo y tres hijos para empezar un nuevo capítulo de su vida: llevar libros a los niños wayuu.

Con dos bicicletas, 13 cajas de libros y una muda de ropa, Alexandra y su familia empezaron una aventura en los desiertos de La Guajira que sigue en pie como la de un caballero andante. “Yo tengo un perfil de aventurera. A mi me gusta la adrenalina, la aventura y la aventura con los libros es más bonita.”

Esta periodista y promotora de lectura empezó con su esposo a leer cuentos a los hijos de los pescadores, en las playas cerca a Riohacha, mientras esperaba a los turistas para tomarle fotos. La fotografía no prosperó como negocio, pero los libros y la lectura hicieron eco en la comunidad y se hizo conocer entre los wayuu.

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“A raíz de ese contacto con los niños, los padres de los niños wayuu me empezaron a pedir un auxilio para que le enseñara a leer a los niños. Ellos no tenían como pagarme, así que me daban una libra de arroz o lo que tuvieran”, cuenta Alexandra.

Las dificultades económicas y la muerte de su esposo volvieron más fuerte a Alexandra y a sus tres hijos quienes también hacen promoción de lectura en los ranchos wayuu. “Enviudé y empecé a rodar con las bicicletas y a entrar a las rancherías. La gente wayuu fue muy amable y colaboradora cuando mi esposo se enfermó y quise devolverle todo ese cariño a La Guajira”,  agrega Alexandra.

Sus hijos, Carlos, Luna y César son parte fundamental de esta labor quienes se han formado como promotores de lectura con los cursos que da el Centro Cultural del Banco de la República en Riohacha.

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“La seño” o “La medusa” son los sobrenombres que los niños wayuu le pusieron a Alexandra quien también hace parte de la red de mediadores culturales de “La paz se toma la palabra”. Varios de los libros que lleva a las rancherías hacen parte de la maleta viajera del Banco de la República.

La promoción de lectura: un intercambio de saberes

“¿Cuál es el objetivo nuestro? Acercar el libro, la lectura y la escritura pero no de una forma académica sino de una forma cotidiana”, asegura Alexandra. Pero la promotora de lectura y sus hijos no solo llevan libros a los ranchos wayuu, también llevan café o galletas. El café y las adivinanzas son lo más importante para que los niños participen y cuenten sus historias. “Les decimos a los wayuu que nosotros venimos a aprender de su saber y su vida cotidiana”.

“Donde tu llegas, te sientas alrededor del fogón, se pone el café y, mientras se prepara el café, se charla y se saca el libro y nos ponemos a leer”, relata Alexandra. “No es que yo vaya a imponer el libro sino que uno está atento de qué va a aprender del otro, es un intercambio de saberes”, agrega Alexandra.

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“Nosotros llegamos con las letras y los números y los niños nos dan su saber. Por ejemplo, la pesca, el tejido o el conocimiento sobre el encierro de las niñas wayuu”, relata Alexandra.

Antes de que Alexandra y sus tres hijos se dedicaran a llevar libros a los ranchos de La Guajira, los wayuu veían el libro como algo inalcanzable.

“Ellos nos decían, que pensaban que los libros no eran para ellos sino para la gente de la ciudad. Pero empezamos a promover que el libro es universal. El libro no tiene ni raza ni color, es tan universal como el mar, como el agua, como el aire, como el sol. Es para todos,” cuenta Alexandra.

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