Los mediadores del nodo Medellín le apuestan a la construcción de memorias como herramienta de paz

Los mediadores del nodo Medellín le apuestan a la construcción de memorias como herramienta de paz

Julio 31, 2019

Mediadores culturales de La Paz se toma la palabra, nodo Medellín, visitaron la Biblioteca Luis Ángel Arango para compartir experiencias con pares de Bogotá. Durante su visita, los jóvenes medellinenses, estudiantes de la Universidad de Antioquia, recorrieron las instalaciones de la BLAA en compañía de Diedre Becerra, líder del nodo Bogotá y Natalia Guarnizo, profesional experta de la subgerencia cultural; además tuvieron la oportunidad de exponer los proyectos en los que están involucrados y propusieron ideas para seguir fortaleciendo la red de mediadores. Este grupo de mediadores trabaja desde varios frentes por la recuperación de la memoria y la producción de narrativas de paz de la mano de las comunidades en territorios altamente afectados por distintos tipos de violencias.

Una de las mediadoras es Jazmín Ortiz, quien contó su experiencia en el municipio de Granada, Antioquia, donde trabaja en favor de la construcción de la memoria campesina de los cultivadores de café. Precisamente, el café se convierte en el pretexto para explorar historias y relatos relacionados con los cambios que el conflicto ha generado en el uso de la tierra y las dinámicas de vida y de trabajo de los campesinos de la zona. “Trabajamos con personas de la tercera edad porque nos parecen muy relevantes las posibilidades en términos de construcción de la memoria con esta población. Ellos son quienes han vivido en carne propia el conflicto y en estos momentos son quienes en mayor medida pueden hablar de la paz”. Por medio de conversaciones cotidianas se construyen y recogen las narrativas del conflicto, desde la perspectiva de los campesinos que la vivieron.

Otro de los mediadores de Medellín es Santiago Uribe. Su proyecto le apunta al trabajo con jóvenes de la comuna 1, ubicada al nororiente de Medellín, esta comuna agrupa a barrios como Manrique y Santo Domingo, conocidos como barrios de invasión y que han sido estigmatizados por la violencia: “Llegar a estos barrios es todo un desafío, no solo por las condiciones geográficas puesto que están asentados sobre la montaña, sino por las fronteras invisibles cada vez más visibles que complejizan el acceso”. Las tres líneas que desarrolla su proyecto son LEO-lectura, escritura y oralidad, taller de tejido y sensibilización de artes populares; la idea es identificar las necesidades y expectativas de los jóvenes para construir colaborativamente rutas de acción y así adelantar actividades y procesos culturales que alejen a los jóvenes de las esquinas: “En Medellín se habla de los jóvenes de esquina como algo problemático, la idea es que la esquina no sea la única opción de estos muchachos. Aprovechamos espacios no convencionales o no aprovechados de instituciones como colegios y bibliotecas del sector para adelantar nuestras actividades”.

Sandra Grajales y Daniela Fernández, por su parte, concentran sus esfuerzos en lo que ellas denominan los “lugares de la memoria” de los jóvenes en sectores marginalizados. “La idea es empezar a darle un lugar a lo que nunca lo ha tenido”. Su labor contempla no solo aquellos lugares físicos sino también a lugares metafóricos que contienen memorias a través de la exploración de los sentidos. Al respecto, Sandra cuenta que “en la comunidad en la que trabajamos, la empanada se ha convertido en un lugar metafórico de la memoria porque a partir de la venta de esta se logró construir la iglesia, entonces nos interesa analizar cómo un alimento se convierte en un lugar de la memoria también”. Su apuesta es construir un salón de la memoria donde los jóvenes de la comunidad plasmen relatos en los que puedan reconocerse y de esta forma contribuir a la transformación social de los estereotipos de la zona.

Juan Felipe torres, promotor de lectura y mediador del nodo Bogotá, contó acerca de “Cajas de la memoria” y “La ciudad de los monstruos”, proyectos que él lidera y que comparten su premisa de que todos tenemos derecho a contar: “En comunidades donde las memorias están tan heridas el silencio se instala e inhibe la capacidad de contar; estos proyectos invitan a generar confianza y a devolverle el poder a las palabras”. Cajas de la memoria es un ejercicio con adultos mayores en el que se usan objetos cotidianos como repositorios de memorias y detonantes para contar historias. “Ellos construyeron sus cajas y las llenan con objetos con los que puedan establecer asociaciones, activar recuerdos y construir relatos”. Por su parte, La ciudad de los monstruos es un movimiento político de, con y para niños y niñas: “Es un laboratorio en el que los niños y las niñas pueden enunciar el mundo que quieren”. Esta iniciativa, inspirada en el trabajo de Javier Naranjo, permite que niños y niñas adelanten movilizaciones, manifiestos y pancartas para que sean escuchados y reconocidos como sujetos políticos. La visita de los mediadores a la capital, que incluyó un encuentro en el Centro Nacional de Memoria Histórica donde también compartieron sus procesos de construcción de memoria, fue liderada por el profesor Jorge Eduardo Ureña, de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia.

 Representaciones mediáticas de la memoria: el caso de fragmentos y contra-monumento

Como parte de su visita, los mediadores de Medellín asistieron a la conferencia Representaciones mediáticas de la memoria, adelantada por la Dra. Neyla Graciela Pardo. La Dra. Pardo abordó el concepto de paisaje mediático como herramienta para analizar las múltiples capas de símbolos que se entretejen en la construcción de piezas de memoria en el que intervienen formas, colores, texturas, relatos, lenguajes, sonidos e intenciones para producir significados. La Dra. Pardo plantea dos criterios fundamentales al momento de pensar en procesos de construcción de memorias: “El primero es que no podemos pensar en un proceso de paz donde no transformemos nuestra condición de sujetos políticos y nos pensemos de otra manera de cara al presente y el futuro. El segundo es que se hace necesario crear consciencia en cuanto a que cualquier visión mediática, institucionalizada que genere discursos de polarización, de violencia y de guerra son contraproducentes a las transformaciones sociales que necesitamos y evita cualquier diálogo posible para reconocer al otro”.

El monumento tradicional, explica la conferencista, busca contar una historia de victorias construida desde los centros del poder para fijar una narrativa unívoca de los sucesos en el que se resaltan los denominados “héroes” que surgen en contextos de guerra, y así establecer una jerarquía entre ganadores y perdedores y posicionar el triunfo de la institucionalidad. El contra-monumento, por el contrario, en lugar de buscar hacer honor, resaltar valor o crear ideales de un modelo a seguir, pretende la recordación de seres marginalizados, criminalizados y violentados. Es así como las víctimas, en lugar de los “héroes”, son quienes adquieren el protagonismo en este tipo de apuestas artísticas. De acuerdo con Pardo, la obra de Doris Salcedo cumple con este principio de contra-monumento; allí conviven las armas entregadas por las Farc en el marco del acuerdo de paz, ahora resignificadas desde la visión de la artista, para crear diálogos y reflexiones respecto a las rupturas ocasionadas por el conflicto armado. “Podemos leer el espacio con la obra que allí vive, es una unidad semiótica que conjuga objetos, ideas, seres, historias, que construyen una narrativa.  Nos hace propuestas desde lo multimodal y lo multimedial que tienen que ver con posturas ideológicas que circulan en procesos de fin de conflicto como el nuestro”.

 

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