Taller de Maestros

Taller de Maestros

Talleres Los niños piensan la paz

Antecedentes

Tras la última edición del libro Casa de las Estrellas por parte de la Corporación Rural Laboratorio del Espíritu, entramos en contacto con la Subgerencia Cultural del Banco de la República, que estaba interesada en replicar de alguna manera el ejercicio de definiciones infantiles que constituyen el libro, en este caso tocando específicamente el imaginario infantil alrededor de la paz. Un aspecto de nuestra existencia tan coyuntural ahora, y al mismo tiempo tan presente siempre. La palabra paz, la realidad de la paz que más allá de lo urgente para nosotros, representa una aspiración humana necesaria en todas las épocas y lugares. Queríamos saber que piensan y sienten nuestros niños a través de talleres de lecturas y escritura. Conversamos alrededor del tema, convinimos de qué manera lo haríamos y decidimos de común acuerdo escuchar a los niños de varias ciudades de Colombia.

Las ciudades fueron: Armenia, Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Buenaventura, El Retiro, Girardot, Honda, Ipiales, Leticia, Manizales, Medellín, Neiva, Pasto, Popayán, Quibdó, Riohacha, Rionegro, San Andrés, Santa Marta, Sincelejo, Tunja. 

Los talleres

Nota necesaria:

Voy a describir – a riesgo de parecer minucioso- de manera cronológica uno de los típicos talleres que hicimos, relatándolo de forma más libre, no rígida y esquemática ya que no era así lo planteado ni lo que sucedió, porque todos los encuentros, todos, estuvieron sujetos al libre ritmo que las imprevisibles preguntas de los niños establecían, que los diálogos hacían florecer y que diversas circunstancias imponían.

Siempre llevo plan b, c, d…y e, porque nunca se sabe, y porque como lo mencionaba, las sesiones fluían a impulsos de lo que surgía enriqueciendo o dificultando lo previsto. ¡Tan raro: como la vida misma! Así me encontré con situaciones de las cuales señalo algunas: en una ciudad no hubo agua, los colegios fueron cerrados y aparecieron muy pocos niños al taller, en otras sesiones asistieron hasta el doble o más de los niños inicialmente convocados, a otro taller llegaron sólo adolescentes, hicimos reuniones que se realizaron en espacios donde no pudimos utilizar ayudas audiovisuales, sesiones mucho más cortas que las planeadas, el calor excesivo, etc. No voy a entrar en más detalles, pero los talleres se adaptaron –como creo que debe ser- a lo que fue naciendo en el camino. Es imposible reproducir con exactitud alguna de las ricas conversas que se daban porque surgían a impulsos del momento y giraban afines a lo que el taller pretendía.

Estoy convencido de que los profesores no sabemos hacer las preguntas adecuadas que logren despertar aún más preguntas, activar el intelecto y espolear la imaginación para que el alumno encuentre sus propias respuestas, no las que supone que el profesor espera de él, esas “políticamente correctas” que a los profes nos dejan “satisfechos”. En todos los encuentros me esforcé contra mis naturales limitaciones (y deformaciones), a preguntar desde esa zona más riesgosa y fértil para enriquecer la compañía que como en una fiesta nos dábamos. No sé bien cuáles son las preguntas adecuadas (no tengo esa respuesta), pero el brillo de los ojos de los niños mientras hablábamos nos guiaba.

En términos generales intentaba no dar instrucciones muy precisas, dejando siempre la posibilidad de que los niños tuvieran alternativas que inicialmente los confundían porque esto no es habitual, pero a las que gozosos se entregaban disfrutando de la casi insólita novedad de poder elegir.

Objetivo:

- Descubrir las percepciones de niños de diversas regiones del país, acerca de los múltiples sentidos que para ellos tienen la paz y la guerra, a través de talleres de lectura y escritura y de fructíferos diálogos.

- Preparación: En la gran mayoría de las ciudades elegidas el Banco tiene sucursales desde donde se hizo la convocatoria y facilitaron toda la logística, casi todos Los talleres se realizaron en los salones que tiene el Banco y en otras ocasiones los hicimos en algunas instituciones educativas.

- Características del taller:

-Duración: tres horas.

- Número de asistentes: 30 en promedio.

- Edades de los niños: de 9 a 12 años.

- Materiales: Libros de literatura (texto físico y libros escaneados):

Habría qué de Thierry Lenain y Olivier Tallec, Editorial Kokinos.

Sapo y la Canción del Mirlo de Max Velthuijs, Editorial Ekaré,

Juul de Gregie de Maeyer, Logez Ediciones,

El Pato y la Muerte de Wolf Erlbruch, Barbara Fiore Editora,

Mi día de suerte de Keiko Kasza, Grupo Editorial Norma,

Casa de las Estrellas, Selección de Javier Naranjo, Hechos del Espíritu Ediciones,

Proyecto Gulliver 2006 y 2011, Corporación de Arte y Poesía Prometeo,

Me gustaba mucho tu sonrisa, Alcaldía de Medellín, Programa Victimas del Conflicto Armado,

Jamás olvidaré tu nombre, Compiladores Patricia Nieto y Jorge Mario Betancur, Alcaldía de Medellín,

Cartas de la Persistencia, selección y notas de María Ospina Pizano, Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango.

Conjuros y Sortilegios de Irene Vasco, Panamericana Editorial,

La peor señora del mundo de Francisco Hinojosa y Rafael Barajas, Fondo de Cultura Económica.

El Tigre y el Rayo, Cuento Pemón, Ediciones Ekaré.

El Burrito y la Tuna, Cuento Guajiro, Ediciones Ekaré.

El Cocuyo y la Mora, Cuento Pemón.

Nana Vieja de Margaret Wild, ediciones Ekaré.

Palabras diversas recortadas (cerca de 200).

-Hojas tamaño carta (dos o tres por alumno), sacapuntas, borradores, lápices, colores, tizas o marcadores.

- Espacio y logística: salón o auditorio con pupitres, sillas universitarias o sillas y mesas, video proyector, tablero o papelógrafo.

Momentos del taller:

Iniciación:

Comenzaba con un saludo a los chicos contándoles de donde surgió el proyecto, quiénes lo estábamos realizando y quién era el que estaba con ellos en ese momento, de dónde venía yo, qué hacía y que había hecho, de manera breve y precisa para que los niños se distendieran un poco y sobretodo sintieran cercanos nuestros propósitos y a mí (en este caso) como el guía del taller. Les describía lo que íbamos a hacer, les hablaba de que escribiríamos sin que tuvieran que preocuparse por la ortografía, la puntuación, las tildes, que lo hicieran tranquilos, que no había calificaciones, ni escritos buenos y malos, ni palabras buenas o malas, y resaltando que sus palabras eran muy importantes para todos, porque así sabíamos lo que pensaban y sentían los niños del país. Les señalaba también la responsabilidad que tenían de que su grupo representara a su ciudad y en muchos casos a su departamento. Sugería que conversáramos mucho, interrogaran cada vez que tuvieran ganas de hacerlo y preguntaba de qué colegio eran y el grado en el que estaban. Si no era muy numeroso el grupo, les proponía que cada uno se presentara diciendo su nombre y lo que más quisiera decir de sí mismo. Luego hablábamos de la situación del país, ¿cómo la sentían?, ¿Está bien, mal?, ¿por qué?, ¿qué está pasando en Cuba?, ¿qué es Cuba?, ¿quiénes están hablando? Esto me permitía ir elaborando sobre la marcha diversas preguntas más, cuyas respuestas correctas íbamos “armando” entre todos, sin que nadie estuviera erigiéndose como el dueño de la verdad.

De acuerdo a las edades, a lo que iba percibiendo de su desarrollo intelectual y emocional, a la vivacidad o no de sus respuestas, al grado de dificultad o complejidad de sus preguntas e intervenciones, o de la mayor o menor participación en lo conversado, leía un cuento de los libros mencionados antes que consideraba el apropiado para el grupo. No había “un libro” fórmula, unívoco. Debía saber “leer” el grupo para comprender que era lo necesario para el momento. La idea era que el libro elegido removiera, “detonara” en los niños sentimientos, imágenes, sensaciones, recuerdos, acerca de lo que íbamos a escribir enseguida.

Nudo

Tras la lectura que iba acompañada en su camino de muy pocas preguntas de predicción y aclaración de dos o tres palabras, para no alterar la fluidez del texto y facilitar la comprensión, hacía algunas preguntas abiertas referentes a lo leído y lo enlazaba con el ejercicio de escritura que a continuación hacíamos.

Le entregaba a los niños hojas, un lápiz, colores, sacapuntas y borradores para compartir entre varios y pedía que escribieran su nombre completo, edad e institución en la cual estaban, luego íbamos (alguno de los profesores acompañantes y yo), pidiéndoles que sacaran de un par de bolsitas las palabras que previamente había recortado y que rodeaban un poco el mundo sensible que habitaba cada niño. En una de las bolsitas, multiplicada sólo estaba el término paz, y en la otra diferentes palabras, por ejemplo: asesinato, hermandad, guerra, miedo, amor, familia, amistad, etcétera. Cada niño debía sacar tres palabras de esa bolsita y la palabra paz de la otra, de tal manera que esta expresión era común a todos, luego les pedía que supusieran que yo era un extraterrestre que había escuchado algunas palabras por ahí que eran las que tenían en sus manos, que por favor me ayudaran a saber que significaban escribiéndolas en su hoja y poniendo lo que creyeran que querían decir, enfatizando en que no se copiaran, en lo importante que era lo que cada uno pensara. Luego de que todos las escribieran, les decía que escogieran el término que sintieran más, que les doliera o los emocionara o que los alegrara y que a partir de ella escribieran una historia real, no inventada, algo que les hubiera pasado a ellos, a la familia, a unos vecinos, en su barrio. Las historias una vez seleccionadas conformaron el apartado de Esto vivo.

Tras la escritura de la historia, les decía que les iba a hacer algunas preguntas que debían escribir y luego contestar en su hoja, tan largo o corto como quisieran, sus respuestas son las que articulan la sección Esto siento.

Finalmente los interrogaba por escrito también, por su opinión respecto a los diálogos de paz y esto es lo que constituye el último apartado Esto digo.

Desenlace:

Tras el tiempo dado para la escritura si a algunos les alcanzaba el tiempo mientras los demás acababan, dibujaban, recogía las hojas y les pedía autorización para leer todos los textos (o algunos) al azar, y siempre lo hicieron. Les preguntaba también que si me permitían dar los nombres y de acuerdo a su respuesta lo hacía o no. En medio de la lectura conversábamos de lo que iba suscitando en los niños. Hay textos tristes, perturbadores, alegres, que encontraban diversas respuestas en los chicos, risas, miradas, preguntas y a veces lágrimas. El taller terminaba con ese momento final de conversación y catarsis en un atmósfera de tranquila y honda charla, que creo que a tantos aliviaba un poco de los dolores y soledades que afloraban en sus escritos, que como me lo decían muchos, con nadie habían compartido.

Coda:

Creo que uno de los elementos esenciales de los que una descripción difícilmente da cuenta es el de la tranquilidad en la que se hacía el taller, el ambiente distendido que marcaba diferencia con un salón de clases, la disciplina que se pretendía se diera por seducción y gusto por lo que se hacía, y el hecho de que no hubiera evaluaciones, ni juicios, y un total respeto por su opinión y su voluntad, ayudaba a que las tres horas (y a veces un poco más) pasaran sin advertirlo.

Algo muy significativo es que por los temas tratados que daban cuenta de aspectos de la vida de cada niño, se generaba una atmosfera de silencio preñado de compasión y delicadeza, de afecto y sensibilidad que casi podía tocarse en el aire.

Hubo por ejemplo un taller en el que un niño tras la lectura de su texto empezó a llorar, era la historia de un amiguito muerto por su papá, al niño lo embargó el dolor, yo me detuve sin saber bien que decir y antes de hablar nada un niño se levantó, se acercó al compañero y lo abrazó, los demás niños se fueron parando para abrazar a su amiguito y lo mismo hicimos las profesoras que nos acompañaban y yo. Todos estábamos conmovidos.

Siento que en todos los talleres esta afinidad y empatía profunda por el sentir del otro, por el otro esencialmente, que así se vuelve también yo, fue algo que surgió natural, estoy seguro (me atrevo) de que nuestra reacción amorosa, detenida, cálida, nos hacía entrar en una atmósfera que sanaba un poco las heridas y nos hacía sentir al niño que cada uno es, acompañado, escuchado, abrazado.

PARTICIPASIENTE, PIENSA, DÍParticipa y construye con nosotros este proyecto. Haz clic en el botón y escribe lo que sientes con respecto a la paz, responde alguna de las preguntas y cuéntanos lo que piensas.

¿Qué sientes?

Escribe en la siguiente casilla lo que piensas sobre la paz:

Acepto los términos y condiciones y derechos de publicación.

¿qué piensas?

Elige una de las preguntas que tenemos para tí y respóndela en la siguiente casilla:

Acepto los términos y condiciones y derechos de publicación.

¿qué dices?

Elige una de las preguntas que tenemos para tí y respóndela en la siguiente casilla:

Acepto los términos y condiciones y derechos de publicación.