Guía de estudio

El trabajo de Víctor Grippo (Junín, 1936 - Buenos Aires, 2002) se desarrolla en el cargado clima político de la capital argentina en los años setenta, un tiempo de excitación y fermento intelectual en el que la cultura emerge en las calles. En aquel ambiente de búsqueda popular de conocimiento, Grippo —químico de formación— recurre a la posibilidad de crear un pensamiento nuevo, de otorgarle otros significados a los objetos: un camino abierto en el territorio del arte.

En 1970 Grippo presenta su obra Analogía I en la exposición Arte de sistemas del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. En ella propone ampliar la función cotidiana de un objeto familiar, la patata, midiendo la energía que produce. A través de una retícula de madera con cuarenta patatas dispuestas en celdillas, con dos electrodos cada una y mediante un voltímetro, el espectador puede medir la energía eléctrica que generan. No es gratuita la elección de un alimento humilde como la patata, que se convierte por analogía en imagen de la energía mental. Con ella, Grippo revindica el valor de su país y la construcción de su propia cultura, a la vez que una sacralización, no sólo de la patata en sí, sino también de lo que se puede considerar pobre, del objeto de uso cotidiano, básico. De este modo, el trabajo de Grippo recorre desde las artes mayores a la base de la sociedad. Se dirige por analogía desde la energía vegetal a la energía de la creatividad humana, desde lo visible a lo invisible.

Grippo cree en el trabajo como fuerza constitutiva del hombre; éste se convierte en la clave para lograr el objetivo principal: la transformación del hombre a través del ejercicio de un oficio. Los cinco oficios fundacionales de la sociedad aparecen asociados en la obra Algunos oficios (1976): el herrero, el carpintero, el cantero, el labrador y el albañil. La obra paradigmática de esta relación particular con el trabajo es Construcción de un horno popular para hacer pan, que tiene lugar en 1972 en la plaza Roberto Arlt,en pleno centro porteño, dentro de la exposición colectiva Arte e ideología, CAYC al aire libre.1 Frente al sentido de denuncia y urgencia que dominaba muchas de las instalaciones de otros artistas en la plaza, con la construcción de un horno Grippo se ubica en otro registro, en el que prevalece una voluntad de restitución y de conservación de valores comunitarios. Al establecer, centralmente, un espacio de intercambios, “organizaba una comunidad precaria, que duraba tanto como la fabricación del pan y su consumo. Una comunidad transitoria y silenciosa”.2 Grippo desplaza un gesto del campo a la ciudad y, en consecuencia, las masas acuden a comer como hecho estético, ritual. Se trata de “socializar el pan, pero también la técnica, el conocimiento, la memoria”. En una formulación opuesta, Valijita del panadero (Homenaje a Marcel Duchamp) (1977) contiene un trozo de pan quemado por efecto del calor excesivo. Aquí, la decepción de la derrota política y social, la respuesta a la propuesta ideal de compartir incluida en Construcción de un horno popular para hacer pan, aparece desvanecida a causa de sucesos de violencia política acaecidos en ese mismo año.

Los mecanismos de Grippo no son nunca sofisticados ni costosos. Como respuesta a los problemas técnicos le interesan las soluciones artesanales, no industriales, una salida a la falta de recursos o repuestos procedentes del primer mundo. En sintonía con el proceso de desmaterialización de la vanguardia artística, desde mediados de los sesenta Grippo trabaja con materiales (casi) perecederos en instalaciones efímeras.3 Grippo incluye el tiempo como materia a través del uso de la patata como elemento natural perecedero, cuya podredumbre genera energía y transforma.

Si el trabajo del artista consiste en descifrar los significados ocultos que se encuentran bajo los objetos primarios, en Analogía IV (1972) el autor sacraliza de nuevo el valor de la patata y ritualiza su humildad y a la gente humilde. Sobre la mesa aparece la tensión de un mantel dividido en dos partes simétricas: una de lienzo blanco y pobre, la otra en terciopelo, negra y ostentosa. Sobre ella enfrenta dos cubiertos y dos platos con papas; unos reales, los otros réplicas en resina transparente. La obra plantea una dicotomía entre lo imprescindible y lo superfluo, lo artificial y lo natural, la confrontación naturaleza-manufactura, alimentoconsumo, positivo-negativo o lenguaje y metalenguaje como pares de toda una construcción conceptual.4

La ciencia se sitúa como producto intermedio entre lo sagrado y el arte, más allá de la consideración formal de la imagen. Vida, muerte y resurrección (1980) desarrolla este significado. Grippo recurre en este caso a cinco volúmenes geométricos en plomo, duplicados: esfera, pirámide, cubo, cilindro y cono. En su interior introduce un elemento natural, judías, que humedecidas germinan y explotan, rompiendo el plomo. Frente a éstos, intactos, sus pares parecen presenciar la acción. El fenómeno que se produce es para el artista la antítesis del símbolo de muerte, de fijeza que simboliza el plomo y la vida, la semilla, la germinación que hace explotar la forma. En La comida del artista (Puerta amplia – mesa estrecha) (1991), todo un significado desarrollado en torno a la mesa y el umbral, las sillas y los alimentos, que aparecen negados en su función y ceden paso a los símbolos: maíz quemado, huevo de oro, berenjenas secas. El significado sugiere una idea de muerte, de sacrificio, mesa divina y humana, la cosmogonía que Grippo atribuye al artista.

En 1981 aparece la plomada en la obra Opuestos (Opuestos contacto-unión), y comienza una extensa serie que el artista desarrolla hasta el final de su vida, cuyo tema central son los Equilibrios. Este núcleo de trabajo está integrado por una selección de dibujos inéditos sobre papel. En él aparece por primera vez el rostro humano tratado como máscara, como otro símbolo dentro de un sistema de analogías y oposiciones interconectadas. La obra de Grippo se desarrolla en un proceso natural, con una total coherencia en segmentos de significado que aparecen inscritos unos en los otros apuntando a lo frágil, a lo violento, a lo sencillo o a lo precario.

Invitado por el InIVA en Londres, Grippo responde a la propuesta A Quality of Light con la obra La intimidad de la luz en St. Ives, de un lado y del otro (1997). Se trata de una instalación específica, llena de silencio y concentración, que dialoga con la calidad lumínica del lugar, en el que el artista dispone un humilde grupo de mesas de trabajo. El silencio de la obra de Grippo apunta a un espacio estético atemporal, contemplativo, de una calma suspendida, en el cual el orden y el alejamiento entre los cuerpos de un mismo campo semántico lo acerca al arte metafísico.

Las obras Cercando la luce y Juego de niños, ambas de 1989, muestran espacios escultóricos urbanos; son maquetas en escayola inundadas de luz, visiones apocalípticas de un mundo en desaparición, comentarios a la idea de progreso, que conviven con una esperanza visionaria. En Anónimos (1998-2001), la figura humana aparece invocada de nuevo, pero esa comunidad transitoria y silenciosa no comparte, es informe, sin expresión, casi sin vida. Son grupos humanos pero no se comunican entre ellos.

Los antiguos alquimistas denominaron unus mundus al misterio que veía en la raíz de cada ser un estado de unión con la unidad última de todo. Grippo se dirige al espacio político, social, cultural, cotidiano y afectivo del hombre. Si en castellano nos referimos coloquialmente al corazón humano como la patata, imposible no establecer una analogía y afirmar que más allá de cualquier clasificación historiográfica, el trabajo de Víctor Grippo es una herramienta dirigida a transformar el centro mismo del hombre: su conciencia individual y colectiva. Grippo cree en la constante transformación del accionar humano a través de la renovación de sus hábitos y su obra desea transmitir estas posibilidades: “A la ‘Renovación de los símbolos’ vendrá la ‘Renovación de los métodos’”.5 “El hombre se aproxima cada vez más a un mayor conocimiento. El problema está en la aplicación, en la instrumentalización. El problema está en el escaso desarrollo ético”.6

Una versión de este texto fue publicada en junio de 2014 para la Colección Folios MUAC, con motivo de la exposición Victor Grippo. Transformación, Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC, ciudad de México.

Notas

1 Cabe señalar la construcción del horno de pan en el barrio del Raval de Barcelona, en el contexto de la exposición Antagonismos. Casos de estudio (MACBA - Museu d’Art Contemporani de Barcelona, 2001). Volver arriba.

2 Andrea Giunta, “Víctor Grippo: poderes de lo precario”, en Carlos Basualdo et al., Eztetyka del sueño: versiones del sur, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2001, p. 99. Volver arriba.

3 Ana Longoni, “Víctor Grippo: una poética, una utopía”, en Marcelo Pacheco et al., Grippo, Malba - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Buenos Aires, 2004, p. 18. Volver arriba

4 Véase Horacio Safons citado por Víctor Grippo en Marcelo Pacheco et. al., op. cit., p. 169. Volver arriba

5 Víctor Grippo, “A la ‘Renovación de los símbolos’...” [12/09/1999], en Marcelo Pacheco et al., op. cit., p. 212. Volver arriba.

6 Víctor Grippo en entrevista con Jorge di Paola, “Víctor Grippo: cambiar los hábitos, modificar la conciencia” [1982], en Marcelo Pacheco et al., op. cit., p. 183. Volver arriba