El arte es sobre todo una situación...

“El arte es sobre todo una situación del alma (en el sentido de algo extraordinario, impredecible momento de inspiración) no un estado del hombre (en el sentido de una profesión o de una función social). El arte es una maduración, una evolución, un alzarse que nos hace emerger de la oscuridad a una llamarada de luz.” (Jerzy Grotoski: “Declaración de principios”. Teatro Laboratorio).

“Ya no más en la horizontal de derecha a izquierda o de izquierda a derecha sino de abajo hacia arriba y en profundidad.” Berdiaev: “El sentido de la creación”.

Pretender incluir el trabajo personal dentro de afirmaciones tan precisas como las citadas implicaría el ejercicio de una objetividad y una capacidad de juicio respecto de la propia obra difíciles de poseer. Pero sí es lícito el intento de comunicar las preocupaciones constantes que me han estimulado, ya que la observación y evaluación de los resultados corresponde a otros. No pretendo justificar mi obra pero sí enumerar los modos de fe que orientan el trabajo.

En el arte como en las ciencias hay una aproximación a lo sagrado (aún sin conciencia del fenómeno, aún cuando algo se esté profanando). Bastaría para un neófito observar cualquier operación de laboratorio que requiera cierto cuidado (como la de trasladar un microorganismo de un medio de cultivo a otro en ambiente estéril) para contemplar todo un ritual. La misma conclusión puede transferirse a otras actividades humanas, como la artística. En 1971 escribí con motivo de una exposición en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, que arte, ciencia y metafísica debieran constituirse en una única búsqueda, en un intento de evitar la fragmentación a que nos somete nuestra época.

Tanto en la creación artística como en la científica habría que distinguir dos aspectos: uno comunicable (una obra, una ley) y otro, análogo, en ambos casos, originante e inefable. “Lo no verificable está estrechamente unido, forma unidad con la porción verificable. Lo sensible o visible es una sola cosa junto a lo invisible o insensible”. (Elías Piterbarg, “Definiciones inexactas”).

Dice Mircea Eliade en “Herreros y alquimistas”, “El mito precede a la invención”. Algo inexpresable precede, en el creador, a la expresión, a la materialización de la obra. La alquimia reúne lo sagrado y lo visible, la idea y el acto, lo inefable y lo expresable, indicios imprescindibles para la creación.

“Si la materia es una e indivisible, encontraremos esos indicios que buscamos en la realidad misma del hombre y en las incógnitas de la física actual.” (Piterbarg)

“La alquimia que deriva de la herrería –que sucede a su vez al desvaste elemental de la piedra, al pedernal y a la chispa– es uno de esos modelos ideales que el hombre descubre en su labor cuando explora las condiciones abiertas de su actividad en el mundo. Y resulta de tan definitivo alcance, tan esclarecedora para su conciencia, porque manifiesta una dimensión extrema del viviente, una respuesta que llena vacíos últimos del interrogar”. (Ricardo Martín-Crosa)

Nuestra obra será más completa si aceptamos que “algo” coexiste con la razón, que el símbolo o la imagen encierran más de lo que podemos verificar. Desde 1970 mi propuesta intenta acortar la contradicción entre arte y ciencia a través de una estética surgida de una relación química completa entre lo lógico-objetivo y lo subjetivo-analógico, entre lo analítico y lo sintético, valorando la imaginación como instrumento de conocimiento creador no menos riguroso que el provisto por la ciencia. A partir de entonces realicé una serie de “Analogías” (en las mayoría de las cuales el material básico estaba constituido por papas, alimento de uso universal y cotidiano de origen latinoamericano) a través de las cuales se integraban elementos metafóricos con conclusiones objetivas y preocupaciones éticas, al aludir a una amplia acción en las funciones del vegetal y la conciencia humana. En una de estas obras las papas estaban colocadas en celdas, cada una con u par de electrodos de zinc y cobre y conectadas entre sí, en serie y en paralelo. Ese sistema producía una corriente eléctrica que ponía en evidencia un voltímetro. Este conjunto de elementos estaba acompañado por una relación analógica en tres estadios de la papa: su definición, su uso cotidiano y su uso no cotidiano (producción de energía eléctrica) y tres situaciones equivalentes de la conciencia. En “Analogía IV”, sobre una mesa se enfrentaban: un plato con papas reales con los respectivos cubiertos y del otro lado, los mismos elementos, fielmente cincelados en acrílico transparente e incoloro, según el modelo real. Sobre esta obra escribió H. Safons en 1972: “(…) La obra de Grippo es total y operante desde un punto de vista ideológico. Formalmente, su “Analogía” es perfecta, pero además provee de un terreno de absoluta disponibilidad para entroncar “analógicamente” con realidades muy cotidianas. La confrontación es perfectamente legible: naturaleza-manufactura o alimento-consumo, positivo-negativo o lenguaje-metalenguaje, pueden ser pares de toda una construcción conceptual motivada con una austeridad de elementos sorprendentes.” Refiriéndose a estas obras Martín-Crosa decía: “Cada una de estas es la historia de un ser al que se pone en trance de revelar sus posibilidades ocultas. La “papa”, ascendiendo energía; el “útil” convirtiéndose en compañero simbólico; la “mesa” desatándose en círculos de intelección”. La inevitable componente simbólica reapareció en otros intentos como la muestra “Algunos oficios” en la galería Artemúltiple en 1976, donde, tras la aparente condición profana de ciertas herramientas usadas por el hombre, surgían sus cualidades ocultas, se sacralizaban, ganaban extensión por encima de su objetividad. En el catálogo correspondiente escribí: “Cuando el hombre construyó su primera herramienta, creó simultáneamente el primer objeto útil y la primera obra de arte. De ahí en adelante la herramienta estuvo presente en el accionar humano sobre el planeta, planteando nuevos interrogantes, nuevas alternativas. Asociados en la práctica de los oficios el hombre pregunta y la herramienta responde –la herramienta pregunta, el hombre responde, en el largo proceso de modificación de la naturaleza.

Modificación de la materia y modificación del espíritu, en una interacción entre el pensamiento y la mano prolongada. (Hay momentos perfectos en el trabajo del hombre donde es imposible definir si es él quien guía la herramienta o ésta la que mueve su mano).”

Posteriormente en una muestra en homenaje a Einstein (1979), inicié una secuencia en la que el valor simbólico y formal de la rosa interactuaba con el valor, no por contradictorio menos simbólico, del plomo con que fue realizada.

En la primera de estas obras se contraponían también la conocida ecuación del científico con la frase que se le atribuye: “si volviera a nacer, sería plomero”. Lo inerte del plomo, opuesto a la permanencia vital de la rosa, vuelve a parecer en cierto modo en otra muestra mía realizada en Artemúltiple, donde distintos volúmenes geométricos de plomo se modifican formalmente por las fuerzas germinativas de semillas en ellas contenidas. Pero el universo oculta más cosas de las que vemos normalmente y quizás sea necesario develarlas.

Víctor Grippo, “El arte es sobre todo una situación…”, Archivo del artista, sin fecha.