Federico Díaz-Granados

  El día de la creación tendré semillas tuyas entre mis manos y te dispersaré en el fértil territorio de cielos abolidos o en la voz que persigue otras luces, otros fulgores. Busca entonces la dirección de la guerra no importa que tu ausencia sea del tamaño de la muerte te buscaré al otro lado de la noche cuando regresemos de esta estación de adioses que es la vida.   

  Si te estrellas de frente con mi corazón no huyas y no intentes borrar tus huellas dactilares tampoco lo dejes por ahí a merced de algún desprevenido transeúnte y no lo escondas, como al hijo torpe, de las visitas.  Si lo ves mordido en los bordes como un viejo borrador de la primaria somételo a una calle de lluvias y remates. Alguien se encartará con tan pesado encargo lleno de canciones incendiadas y viejas vajillas en desuso  

 El título del último poemario de Federico Díaz-Granados alude a las relaciones entre velocidad, fugacidad e instante poético (efímero paraíso perdido en la infancia). Este oxímoron, paradójico y antitético, es capaz de unir contrarios: hace compatibles lo fugaz (contingente) y lo eterno (que solo permanece inmutable en el poema).

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