Pablo Montoya

¿Cuáles son los males endémicos de la Iglesia? Aventuremos los más visibles: su corrupción política milenaria, su falso discurso de la pobreza evangélica, su mentiroso ropaje del celibato, su amancebamiento con los poderosos de las armas y el dinero. Por ello, cuando arribó al papado Albino Luciani, con el nombre de Juan Pablo I, se estremeció de temor el Vaticano por las reformas radicales que este iba a emprender.

En 1992 Rafael Chaparro Madiedo ganó el premio nacional de Colcultura con la novela Opio en las nubes. Una figura desconocida, de pronto, surgía en el panorama de la literatura colombiana. Una novela marginal, atravesada de drogas, licor, sexo y ciudades desoladas, y un poco en la línea de ¡Que viva la música! (1977) de Andrés Caicedo, acaparaba por un momento la atención de los lectores y la crítica.

Felipe García Quintero es el poeta colombiano más sobresaliente de los nacidos en la década del setenta. Lo atestiguan los importantes premios nacionales e internacionales que sus libros han logrado (Premio Encina de la Cañada, Premio Pablo Neruda, Premio del Ministerio de Cultura de Colombia, Premio Cote Lamus, Premio Universidad Industrial de Santander).

Pablo Montoya (Barrancabermeja, 1963) nos da en esta novela dos historias paralelas. Una remota, de finales del siglo XVIII, en una ciudad de más de siete mil habitantes, Popayán; y las ambiciones de un joven disperso que desea ser científico y quien se debate entre la jurisprudencia y su amor por la naturaleza: Francisco José de Caldas.La segunda historia, fechada en 1983, también se ofrece mediante cartas.

Óscar Collazos no ha escapado, como escritor de una generación realista y preocupada por asuntos sociales como es la suya, a la tentación de escribir novelas sobre la guerra entre ejército regular, guerrilla y grupos paramilitares y sus consecuencias en Colombia. Lo hizo con sus novelas Rencor (2006) y Señor sombra (2009). La primera narra las vicisitudes de una desplazada en Cartagena en un tono testimonial.

En 1992 se otorgaron los primeros Premios Nacionales de Colcultura. En la modalidad de poesía hubo dos ganadores: William Ospina con El país del viento y Gustavo Adolfo Garcés con Breves días. Creo que no ha habido, en la historia literaria del país, un mejor premio compartido que este. Ambos autores, tan disímiles en sus poéticas, eran merecedores del galardón.

En este poemario, Pablo Montoya sigue tácitamente la sentencia de Pater según la cual “todas las artes propenden a la condición de la música”. Este es, según Nietzsche, el origen de la tragedia.

Para quien ama los caballos por encima de cualquier ideología, y cree que verlos nacer, crecer y montarlos es memorable experiencia, la lectura de Este caballero a caballo puede resultar grata. El libro, de hecho, ha sido bien recibido por el establecimiento literario gracias a su rareza temática y a su pujanza verbal.

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