Reseñas

Con prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda, que en sí mismo constituye una reseña literaria, aparece como se indica una selección de relatos de Elkin Restrepo, a la cual se refiere esta nota. Diseño de Tragaluz Editores, edición de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín, e impresión de Todográficas para Sílaba Editores. Enredada la cosa.

Con un total de veintiocho relatos, el nuevo libro de Elkin Restrepo abarca gran diversidad de motivos que ilustran la prolífica imaginación del autor.

Unos cuantos tigres azules es el título de una compilación de cuentos de Gustavo Arango, quien también es periodista y autor de libros de cuentos (Bajas pasiones, 1990; Su última palabra fue silencio, 1993; El origen del mundo, 2010, entre otros), reportajes, crónicas y ensayos. Además es profesor de literatura en los Estados Unidos.

Hasta hace algunas décadas, los libros de cuento eran el final de un proceso acumulativo. Un cuento producto de las impresiones de un viaje se sumaba a otro que solicitaba la redacción de un periódico y a dos más aparecidos en la revista independiente de unos amigos.

En este libro el escritor Vladimir Carrillo reconstruye la vida dramática de Gilberto Torres, un colombiano con una entereza y una dignidad como pocos en este país.

“Decrépito treintón es abandonado por cincuentona ardiente” [pág. 138]. Así se cierra este recuento de más de quince años en la vida de José Hilario López, joven que como barman nocturno conoce en su establecimiento a Simona Escobar, mujer mayor de Medellín con hermana gemela, casada con diplomático, y discreta en sus aventuras.

Es fácil encontrar en la literatura colombiana, y en particular en autores nacidos en Cali, una preocupación constante por convertir la música en un elemento fundamental de la narración, que logre comunicar al lector la existencia de un discurso sonoro paralelo, que proporcione una intensidad dramática adicional a ciertas escenas y que enriquezca el tono, el colorido y el ritmo de las acciones de los personajes o de las situaciones noveladas.

¿Cuáles son los males endémicos de la Iglesia? Aventuremos los más visibles: su corrupción política milenaria, su falso discurso de la pobreza evangélica, su mentiroso ropaje del celibato, su amancebamiento con los poderosos de las armas y el dinero. Por ello, cuando arribó al papado Albino Luciani, con el nombre de Juan Pablo I, se estremeció de temor el Vaticano por las reformas radicales que este iba a emprender.

En 1992 Rafael Chaparro Madiedo ganó el premio nacional de Colcultura con la novela Opio en las nubes. Una figura desconocida, de pronto, surgía en el panorama de la literatura colombiana. Una novela marginal, atravesada de drogas, licor, sexo y ciudades desoladas, y un poco en la línea de ¡Que viva la música! (1977) de Andrés Caicedo, acaparaba por un momento la atención de los lectores y la crítica.

No hubo cielo comienza de manera dramática: Son las diez de la noche de mi último viernes. ¿Hasta cuándo se tiene conciencia de la vida que se deja? Sentada en el borde inferior de la cama, me inclino sobre la pared para sostener el cuerpo; la escopeta sale de mis rodillas, la boca del arma está en mi cabeza; la culata, cuñada entre mis pies, descansa en el piso. Las manos sin vida tocan el arma. [pág. 13]

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