“Renacer del fuego”

Los enemigos destruyen los edificios. El tiempo arruina los palacios.1 

[…] pero el fuego purifica el alma.2 

La acción de destruir implica voluntad, la de arruinar puede ser efecto de circunstancias involuntarias, pero la de purificar indica perfección.3 

El Centro Histórico de Manizales, declarado Monumento Nacional en 1996, comprende un conjunto patrimonial de alto valor arquitectónico e histórico en el que prima la arquitectura republicana y es uno de los conjuntos de este estilo más grandes de Colombia. Su elegancia y belleza ponen de manifiesto la propensión de los manizaleños por la estética.

El sector agrupa edificaciones monumentales caracterizadas por una arquitectura ostentosa y muy ornamentada, como el Palacio de la Gobernación o Palacio Amarillo, el Palacio Arzobispal, el Palacio Sanz y el Palacio de Bellas Artes. Estos palacios, por sus particulares características, han terminado por convertirse en hitos urbanos o puntos de referencia de la ciudad. Sus exclusivos diseños fueron encargados a reconocidas firmas constructoras. Estas edificaciones, diseñadas para el uso del poder público, se acoplan al entorno urbano y toman como referente los estilos europeos basados en el lujo.

La zona histórica es representativa de la década de 1920, una época de metamorfosis y transformación en la que el sector se reconstruyó a partir de sistemas constructivos experimentales que combinaron nuevos materiales como el bahareque. Esta transformación da cuenta de la evolución urbana de Manizales y es, al mismo tiempo, testigo de los sucesos históricos de la época.

Por entonces, parte de la ciudad se vino abajo a causa de sucesivos temblores e incendios, que en suma afectaron prácticamente al 70 % de lo que ahora es el Centro Histórico de la ciudad. El historiador Albeiro Valencia Llano cuenta que el primer incendio tuvo lugar en julio de 1922:

Se inició a las 3 de la mañana en un depósito de velas de parafina que había en los bajos de la casa del comerciante Joaquín Gómez Botero; para controlar el fuego hubo que destruir varias casas ya que la estrechez de las calles facilitó que las llamas se propagaran por los aleros y consumieran las casas del frente; de este modo se quemó una manzana completa y más de una cuadra.

Hasta la fecha los incendios eran raros en Manizales, a pesar de las construcciones de bahareque, pues en la cocinas se utilizaba el carbón vegetal que no levanta llama. La población superó esta tragedia: se construyeron nuevas casas y el comercio surgió robustecido.4 

Valencia Llano se refiere al segundo incendio, sucedido en 1925, en los siguientes términos:

A las 10 de la noche el tañido de las campanas de las iglesias produjo pánico general. Un aterrador incendio originado en la Droguería Andina se extendió vertiginosamente debido a que en sus dependencias tenía, además de drogas, municiones para armas de fuego. Como consecuencia, el fuego se propagó a las manzanas vecinas presagiando una gran catástrofe. A pesar del incendio de 1922 la ciudad no tenía cuerpo de bomberos y los incendios se apagaban utilizando vasijas para transportar el agua; pero esto resultó inútil.5 

Ante tal catástrofe, el alcalde, José Manuel Gutiérrez, y el gobernador, general Pompilio Gutiérrez, tomaron la determinación de utilizar dinamita para destruir algunas edificaciones alejadas del incendio con el fin de crear un anillo de campo raso para aislar el fuego. Mientras tanto, el pánico y la confusión se apoderaron de la población: todos corrían a sacar sus enseres de las casas de habitación, los guardaban en las residencias vecinas y cuando el fuego se acercaba a estas, de nuevo tenían que llevarlos a otro lugar. Finalmente, la Plaza de Bolívar, el espacio público más importante de la ciudad, fue utilizada como bodega general para acomodar los enseres, muebles y demás pertenencias recuperados del incendio. La conflagración se detuvo el 4 de julio a las 11 de la mañana pero las ruinas siguieron ardiendo durante ocho días más. En total, el fuego consumió 229 edificios a lo largo de 32 manzanas.

Valencia Llano también describe el tercer incendio así:

Estaba Manizales en plena reconstrucción cuando fue sorprendida por un nuevo incendio, desencadenado el 20 de marzo de 1926, el cual redujo a cenizas las dos manzanas más valiosas y centrales de la ciudad, incluyendo la catedral, que había escapado del incendio de 1925. En esta oportunidad se destruyeron 20 edificios que albergaban almacenes, oficinas y casas de habitación; fue otro duro golpe al comercio y a la clase dirigente de la ciudad.6 

Ante este rosario de acontecimientos trágicos, muchos de los habitantes del sector se vieron obligados a dejar sus viviendas en busca de nuevos predios. Mucha gente, a la que se le había quemado la casa, llegó a La Buzaca, barrio de la ciudad circunscrito a la parroquia de la catedral en los años de 1920. En esta misma zona también vivió la familia del doctor Otto Morales Benítez, prolífico intelectual y político de la ciudad de Manizales.7 

A partir de 1927, Manizales pasó la prueba de fuego y el Centro Histórico de la ciudad fue reconstruido por completo; como el Ave Fénix, brotó de sus cenizas para conquistar nuevos horizontes. La reconstrucción urbana y arquitectónica de Manizales estableció un nuevo estándar de opciones constructivas para hacer frente a posibles catástrofes similares a las ya vividas. Así lo cuenta el arquitecto Giraldo Mejía:

La acción de la modernización se hizo, desde entonces, más fuerte que la misma estructuración de un pensamiento de modernidad; siendo el cemento junto con el hierro las mejores opciones, no solo para evitar los incendios, sino para, por fin, alcanzar la higienización que tanto se pregonara en el pensamiento moderno.8 

El Centro Histórico fue reconstruido según formas constructivas experimentales que combinaban nuevos materiales, lo que generó sistemas de construcción de funcionamiento híbrido apoyados en los diferentes tipos de bahareque y abrió paso al “estilo de los bahareques”9  en la época republicana de Manizales. Su uso marcó una directriz y, dada su efectividad, se volvió criterio constructivo de la comunidad, superó a los patrones en boga y se posicionó como una nueva y duradera tendencia en el entorno arquitectónico de la región. Según Giraldo Mejía, la arquitectura de los bahareques tuvo su auge entre los años 1885 y 1940.10 

Es importante señalar que el Centro Histórico de la ciudad de Manizales fue declarado Monumento Nacional en el año 1996 y ahora es Patrimonio Cultural de Interés Nacional. En la década de 1920 renovó su espíritu para convertirse en un paradigma de estética urbana y, debido a ello, cobró importancia la construcción de parques, jardines, calles arborizadas con elementos urbanos de carácter artístico, bellos edificios, fuentes de agua y retretes públicos (Fotografía: "Centro #105").

Hechos como los mencionados se llevaron a cabo en pro del mejoramiento de la ciudad y fueron acordes con las condiciones que se debían cumplir para que Manizales fuera una ciudad bella. Podríamos decir, entonces, que la ciudad purificó su alma y, mediante la arquitectura, buscó la perfección.

Fotografías
Colección Patrimonio Arquitectónico de Manizales (1989 - 1993) 
Fotografías
Google Maps (2010 - 2014) 
Palacio de la Gobernación de Caldas
Centro #105 / Palacio de la Gobernación de Caldas
Colección Patrimonio Arquitectónico de Manizales 
Palacio de la Gobernación de Caldas
Google Maps 

Referencias

1 José López de la Huerta, Examen de la posibilidad de fixar la significación de los sinónimos de la lengua castellana (Madrid: Imprenta Real, 1589), 109. . Volver arriba

2 San Lucas 12: 49. . Volver arriba

3 López de la Huerta, Examen de la posibilidad de fixar la significación de los sinónimos de la lengua castellana, 110. . Volver arriba

4 Albeiro Valencia Llano, “La edad de oro”, en Arquitectura republicana en Manizales, ed. por Jorge Eduardo Arango (Manizales: Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes en Caldas, Editorial Nomos, 1997), 48. . Volver arriba

5 Valencia Llano, “La edad de oro”, 49. . Volver arriba

6 Valencia Llano, “La edad de oro”, 50. . Volver arriba

7 Hoyos, entrevista. . Volver arriba

8 Giraldo Mejía, “100 años de arquitecturas caldenses —Apuntaciones—”, 102. . Volver arriba

9 Entendido el estilo como el uso reiterado de alguna técnica. . Volver arriba

10 Giraldo Mejía, “100 años de arquitecturas caldenses —Apuntaciones—“. . Volver arriba