Paseo a pie por Los Agustinos y San José

La acción de caminar posibilita habitar el espacio urbano conformado por plazas, parques, calles, avenidas e involucra al transeúnte de manera directa con la ciudad; de ahí la importancia de recorrer los barrios paso a paso. De igual manera se puede entrar en las dinámicas urbanas de los ciudadanos y sus rutas cotidianas e interpretar los acontecimientos del lugar a través de la arquitectura y su historia.

Con el paseo a pie por los barrios San José y Los Agustinos se puede advertir la plural actividad de esta zona, especialmente la desarrollada en los bajos de las viviendas los cuales han sido destinados por tradición a la actividad comercial. En ellos abundan las tiendas donde se puede tomar tinto o beber licor y funcionan peluquerías, cafés, droguerías, talleres de reparación en general, depósitos de antiguallas, salas de videojuegos y “revuelterías”. También hay negocios reconocidos como la tienda La Brisa, que se halla en la calle 16 n.ͦ 19-16 (fotografía: "Los Agustinos #20") y la tienda de carnes Samuel’s, situada en la carrera 19 n.ͦ 16-21 (fotografía: "Galerías #1"), e incluso el Taller de Restauración y Artes Chirico, ubicado en la calle 18 n.ͦ 18-22 (fotografía: "Los Agustinos #3"), cuyo dueño, Jorge Carvajal, es un artista y restaurador de imaginería religiosa descendiente directo de los famosos artistas antioqueños del mismo apellido.

Fotografías
Colección Patrimonio Arquitectónico de Manizales (1989 - 1993) 
Fotografías
Google Maps (2010 - 2014)
Los Agustinos #20 La Brisa - Los Agustinos
Los Agustinos #20
Colección Patrimonio Arquitectónico de Manizales 
Tienda "La Brisa" - Los Agustinos #20
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Galerías #1 Los Agustinos
Galerías #1
Colección Patrimonio Arquitectónico de Manizales 
Galerías #1 - Samuel's
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Los Agustinos #3 Los Agustinos #3

Los Agustinos #3
Colección Patrimonio Arquitectónico de Manizales

Los Agustinos #3
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Los sectores con estas características son designados como “zonas grises” urbanas, según la tesis de Paul Spreiregen,1 dado que son los más antiguos y reconocidos por su recursividad y se anexionan física y funcionalmente al centro de la ciudad. Allí se reparan carros, viejas máquinas de coser y se puede encontrar cualquier cosa que sea menester.

Durante el recorrido por el barrio San José, concretamente en el trayecto hacia la plaza de mercado, es posible encontrar una edificación que en su origen fue una iglesia y que, pese a su deterioro actual, en su frontis o fachada aún exhibe la Medalla Milagrosa, símbolo e imagen de la Virgen María y vestigio de la profusa actividad evangelizadora en la zona. Paradójicamente en dicha construcción funcionan en la actualidad un supermercado y una ferretería.

Cuando se camina por los barrios Los Agustinos y San José se siente como si se estuviera recorriendo las calles de un pueblo. Tanto es así que el ruido del centro de la ciudad no llega hasta allí, pues estos sectores están aislados acústicamente. En su libro Yo me acuerdo mal de usted, el profesor Mario Hernán López Becerra se refiere a los parajes del barrio Los Agustinos así:

Al empezar a descender por alguna de las calles empinadas del viejo barrio Los Agustinos, cualquier transeúnte de estos tiempos puede pensar que ha cambiado de época. Es probable que al detenerse en alguna esquina se quede curioseando la arquitectura de las casas de dos o tres plantas y se fije en las construcciones de bahareque en las cuales sobresalen los balcones de madera adornados con matas […]. Buena parte de las casas están pintadas con colores vivos, eléctricos, saltones, como si cada familia tuviera el propósito de hacer más vistosa la vivienda, creando un ambiente de barrio al mismo tiempo envejecido y chicanero.2 El factor dominante de estos coloridos sectores es la linealidad de las fachadas, que origina la uniformidad volumétrica de cada vivienda y la disposición conjunta que configura las manzanas. Incluso es posible notar la secuencia regular de alturas en las fachadas de las casas con remate en teja de barro.

Así mismo, la escala urbana del sector es de carácter íntimo, ya que corresponde a una escala humana, que es la del común: no es monumental, no domina ni oprime por su grandeza y es proporcionada. En los andenes todavía es posible sentir la protección de los aleros gracias a su trazado continuo a lo largo de cada calle y un reflejo de ello es el uso que los peatones le dan a las esquinas al permanecer o conversar en ellas, como si se tratara de puntos de encuentro; alguno simplemente se ubica allí con el objeto de observar al que pasa.

En estas viviendas, “en sus viejos y descascarados muros” —usando la expresión de Manuel José Othón3 —, se ve la huella de la textura irregular del bahareque de tierra, en cuya superficie se acumula la suciedad producida por el esmog y cuya cara envejecida se oculta al anochecer bajo la cálida luz artificial.

Referencias

1 Paul D. Spreiregen, Compendio de arquitectura urbana (Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1973). . Volver arriba

2 Mario Hernán López Becerra, Yo me acuerdo mal de usted (Manizales: Editorial Universidad de Caldas, 2014), 29. . Volver arriba

3 Citado en Rafael Montejano y Aguiñaga, Manuel José Othón y su ambiente (San Luis Potosí: Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2001), 93. . Volver arriba