La lección de ramos

Leo Matiz llegó a Bogotá, procedente de la Costa Atlántica, con tan solo veinte años. Sus recientes experiencias en Santa Marta y Barranquilla como caricaturista y “director accidental” de la revista TVO nutrían una atracción natural hacia la bohemia del centro de la capital, que reunía en pocas cuadras a buena parte de la inteligencia política, cultural y artística del país. Matiz arribó a la capital de la república probablemente en el transcurso de 1937, pero apenas en febrero de 1938 aparecieron sus primeras caricaturas publicadas en El Tiempo, y para junio del mismo año, su primera fotografía firmada.

Esta evolución rápida del dibujo satírico hacia la práctica de la fotografía se puede explicar por una relación singular que Matiz compartía con la noción de instante y que encontrará en la imagen fotosensible el modelo de su expresión. Como lo recordaba Germán Arciniegas en un artículo de Universidad, en 1929: “La persecución del gesto a través de las leves variaciones de un instante, cogido como por una de esas cámaras fotográficas maravillosas en donde se editan las milésimas de segundo para descomponer el movimiento, como no lo hace el ojo humano; tal es el papel que juega el caricaturista en nuestro arte contemporáneo”.

Las primeras fotografías de Leo Matiz publicadas en El Tiempo están fuertemente marcadas por el contexto fotográfico de la época, en particular por el aura de la producción fotográfica de Luis B. Ramos. Este pintor nacido en Guasca, logró, tras una estancia de varios años en Europa, conformar una obra coherente, articulada entre pintura, mural y fotografía, profundamente anclada en las visiones del movimiento Bachué y las inclinaciones culturales de la República Liberal. Las imágenes tomadas por Ramos de los campesinos de Cundinamarca, de las tradiciones artesanales de Boyacá, pero también de la exclusión social y urbana, inspirarán a una generación de fotógrafos a la cual Matiz pertenecía.

La lección de Ramos se observa directamente desde las publicaciones tempranas de Matiz y permeará en forma duradera la obra del fotógrafo. La analogía visual entre la obra y la temática de Ramos con los trabajos que entregará posteriormente Matiz, permite apreciar el papel que la obra del autor de la serie El hombre y la Tierra desempeñará en los éxitos de Matiz en México, país atravesado en aquella época por problemas artísticos y culturales similares a los que animaban las tertulias bogotanas.

“El ‘efecto Matiz’, como llegó a conocerse en el medio de los reporteros gráficos de los años cuarenta, radicaba en el uso de un punto bajo y en marcadas diagonales desde donde el artista accionaba el obturador de la cámara, resultando fotografías en las que (aunque tratan temas convencionales, como niños en paisajes bucólicos del campo) la composición se torna grandilocuente y el entorno adquiere una presencia de carácter épico —particularmente visible en el manejo del celaje de las nubes—, algo que recuerda las soluciones de espacios de los pintores muralistas”.  Martín Lozano.