“La música es una forma de expresar algo de mi verdad y a través de ella es posible encontrar alguna forma de humanidad”: Philip Miller en Hablemos de verdad

“La música es una forma de expresar algo de mi verdad y a través de ella es posible encontrar alguna forma de humanidad”: Philip Miller en Hablemos de verdad

Septiembre 13, 2019

Philip Miller, compositor y músico sudafricano, estuvo en la Biblioteca Luis Ángel Arango como el invitado más reciente al ciclo de conferencias Hablemos de Verdad, en el marco del proyecto La paz se toma la palabra, en alianza con la Comisión de la Verdad. El músico, reconocido internacionalmente por su trabajo colaborativo con el artista visual William Kentridge, conversó con María Claudia Parias, directora de la Fundación Batuta y experta en procesos de transformación social por medio de la música, y pudo compartir algunas de sus reflexiones a partir de sus obras y su relación con la experiencia sudafricana del Apartheid. 

“Una vez me mudo a Johannesburgo y empiezo a estudiar Derecho es que empiezo a ver lo que está ocurriendo a mi alrededor en términos de la brutalidad del régimen del Apartheid. De alguna manera esto empieza a crear un camino en cuanto a lo que quería expresar artísticamente. Vivir en Johannesburgo y entender el tipo de violencia que el Apartheid proponía, al tiempo que despertaba mi consciencia de haber crecido con mis privilegios como blanco, de clase media y asistente a una buena escuela, más los músicos de la época, fueron una gran influencia para mí”. 

Como compositor, ha emprendido un camino personal de reflexión frente a los prejuicios que persisten en torno a la raza, el género y la identidad sexual y cómo estos se juntan y manifiestan en los diferentes episodios de violencia expuestos en sus obras. A continuación, presentamos algunos fragmentos de las respuestas de Miller a las preguntas planteadas por María Claudia Parias: 

La función de la composición y puesta en escena musical alrededor de la verdad y los procesos de consciencia

“Me pone muy nervioso hablar de esta palabra verdad y la unión de las palabras música y verdad puesto que, primero, sabemos que existen múltiples verdades y, segundo, porque puede haber agendas que buscan que, como músicos, creemos representaciones de la verdad que están configuradas a juegos políticos. Entonces para mí el proceso, más que la composición misma, que es otra preocupación, es lo más importante. Tengo que hacerme la pregunta acerca de cómo me aproximo a las personas que brindaron sus testimonios y que serán parte de mi obra”. 

Las producciones de sus obras sonoras no son convencionales, constituyen un proceso complejo que, por ejemplo, para el caso de “Rewind”, implicó la revisión de más de dos mil casetes análogos, además de una exploración exhaustiva de sonidos de archivo. Pero el desafío mayor lo propone el trabajar con testimonios duros de personas que han padecido diferentes formas de violencia: “Por supuesto, el trauma que subyace en las historias que hacen parte de mis composiciones continúa. Hay un psicólogo muy interesante en Sudáfrica que asegura que el estrés post traumático no existe, puesto que el trauma es algo continuo, pero hay gente que quiere que su historia sea escuchada una y otra vez. Yo empiezo por problematizar la palabra víctima; cuando trabajo con estas personas uso la palabra sobreviviente, en lugar de víctima, y ellos tienen absoluto control de lo que ellos quieren compartir y siempre están informados en lo que estoy haciendo y para qué lo estoy haciendo”. 

El arte y la memoria histórica

“Para mí sería muy arrogante decir que este trabajo refleja el proceso de verdad en Sudáfrica. Particularmente hemos visto que, a partir la Nación Arcoíris (como fue denominada Sudáfrica tras finalizar el Apartheid, debido a su diversidad cultural), surgió el momento político para la conformación de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación –CVR- en Sudáfrica, así como para que los responsables de crímenes atroces pudieran dar un paso al frente, confesar y pedir perdón formal a las víctimas, sus familias y el pueblo, y de esta forma poder avanzar como nación. La mayoría de la gente en Sudáfrica estaba comprometida con querer avanzar como nación, pero esto ocurrió 25 años después; la CVR fue establecida en 1995, un año después de las primeras elecciones democráticas, y las percepciones eran diferentes. ¿Cómo esto responde a la pregunta por la memoria?, yo simplemente busco en cierta forma por algo que pueda conectarnos emocionalmente con el dolor o por lo que estas personas pasaron y creo que la música encuentra las formas de conectarnos en una forma espiritual. En ese sentido, mi trabajo le habla a una verdad, con la certeza de que no es la verdad completa y de que la música nos muestra una verdad que a veces no queremos saber pero que debemos enfrentar”. 

Miller aún no cuenta con certezas en lo que tiene que ver con su posición frente a los procesos de verdad y reconciliación como el adelantado en su país natal: “Estamos luchando con el cambio ahora, con nuestra historia y su legado. Aún mantenemos esas brechas extensas entre quienes son privilegiados y quienes no, eso aún no ha cambiado suficiente. Esta es una ansiedad que yo tengo respecto de este trabajo y que se reactiva cada vez que presento mis piezas porque no estoy seguro de cuáles son mis sentimientos relacionados con la Comisión de la verdad y la Reconciliación, conmigo mismo y eso me contiene”. 

El lenguaje y las emociones

La pregunta por el lenguaje en su trabajo lo lleva a plantearse cuestionamientos relacionados con la identidad nacional y la historia política. “Durante el Apartheid fuimos alentados a utilizar el inglés de la gente blanca y el idioma era otro instrumento de separación. Después de 1994 fuimos invitados a la reconciliación y a considerarnos una sola nación, pero conservamos muchas diferencias en cuanto a la identidad nacional, sexual, racial, el lenguaje, todas estas cosas nos hacen una nación muy compleja. Aún no hemos logrado encontrar la unidad entre nosotros, entonces el lenguaje me interesa también como una posibilidad de encuentro. Puede ser un cliché decir que la música es el lenguaje universal pero sí tiene a capacidad de tocarnos profundamente en nuestras almas. Para mí la música es una forma de expresar algo de mi verdad y a través de ella es posible encontrar alguna forma de humanidad”.

Su trabajo consiste en escuchar y encontrar en los sonidos (palabras, expresiones, ruidos y usos particulares del lenguaje), emociones con las que pueda conectarse y conectar a otros. “Me interesa mucho como compositor sudafricano trabajar con gente cuya lengua no sea la mía y traer su mundo sonoro a mis composiciones. Mi trabajo con Kentridge es muy rico en el sentido de los lenguajes, el mío sonoro el suyo visual, puesto que hemos establecido una relación entre el sonido y la imagen y proponemos un diálogo en el que constantemente nos preguntamos qué tiene que ver el sonido con la imagen y viceversa”. 

La pregunta por la esperanza y la ilusión de un futuro mejor

Frente a esta pregunta, la respuesta del artista es sencilla: “Que alguien más la responda (risas)”. En este sentido, el músico plantea que no hay una respuesta satisfactoria o contundente para esto, no obstante, considera que proyectos como Batuta, que vinculan niños con la música, contienen una dosis de esperanza. “Uno de repente escucha una historia de alguien que cuenta: ‘Yo tenía 10 años y provenía de una familia con desventajas cuando alguien me dio un violín por medio de un programa de enseñanza musical y ahora tengo la oportunidad de tocar en una orquesta’. Para mí eso es esperanza”. 

 

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