Lindantonella Solano, una mediadora que trabaja en favor de los migrantes

Lindantonella Solano, una mediadora que trabaja en favor de los migrantes

Diciembre 19, 2019

Cada 18 de diciembre la ONU invita a celebrar el Día Internacional del Migrante. Este día resulta de especial interés para nuestro país si tenemos en cuenta la entrada masiva de personas venezolanas a Colombia de los últimos años. A octubre de este año, de acuerdo con Migración Colombia, la cifra de migrantes del vecino país era cercana a 1.5 millones de personas, de los cuales, menos de la mitad posee visa, permiso de residencia, u otro documento legal que les facilite su estancia en el estado colombiano. 

Uno de los departamentos que más ha recibido población proveniente de Venezuela es La Guajira. Según cifras oficiales, este territorio alberga a casi 125 mil migrantes, muchos de ellos, pertenecientes de la comunidad wayuu. Según las estadísticas del Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos, realizado por la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo, entre abril y junio de 2018 llegaron 20.579 indígenas provenientes de Venezuela, pero podrían ser más. Muchos de ellos no cuentan con documentación y los niños recién nacidos no han sido censados en su totalidad. Al no poseer un registro, se dificulta aún más la atención que el Estado colombiano pueda brindar en las áreas de salud, educación y empleo, entre otras. 

Precisamente, de esta comunidad indígena es una de nuestras mediadoras culturales del proyecto La Paz se toma la palabra, Lindantonella Solano, quien trabaja con la población wayuu proveniente del otro lado de la frontera para ayudarles a sobrellevar este difícil periodo de sus vidas. “El proyecto La Paz se toma la palabra ha sido un espacio donde cada una de las personas que ha migrado y aquellos que han regresado nuevamente, sobre todo la población wayuu, han podido refrigerar un poco esos desasosiegos del tránsito de ese desplazamiento”. Las actividades que Lindantonella ha llevado a cabo con los wayuus migrantes de Venezuela han sido, de acuerdo con ella, como “un trozo de pan para nutrir sus horas aciagas, sus momentos tristes y volver a ese yootoopülee, ese círculo de palabras, de emociones y de abrazos, a través de la narrativa y de la poética que ofrece este proyecto”. 

Por su experiencia, esta mediadora cultural ha identificado que recuperar el sentido de la vida y el volver a lograr construir un camino de prosperidad son dos de los principales desafíos a los que debe enfrentar la población que migra a este país. No obstante, encuentra en las artes y en la palabra un bálsamo que les permite llorar juntos, mitigar un poco la sensación de fracaso y derrota y recuperar un poco la humanidad que, en ocasiones, consideran perdida: “Por medio del arte y la cultura podemos trascender fronteras, estrechar nuestros lazos de hermandad y comprender que todos poblamos esta misma aldea llamada humanidad”, expresa Lindantonella.

La recomendación que esta mediadora cultural extiende a todos los colombianos es a transitar por el sendero de la vida, de la hermandad, y por supuesto, por el respeto a esa ciudadanía que tenemos todos: “Debemos desarmarnos de nuestras palabras violentas y seguir repoblando nuestra lengua por medio del amor, la fraternidad y la paz”.

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