Soñar, creer y crear: la receta del mediador Alfredo González para construir comunidades de paz en Barranquilla

Soñar, creer y crear: la receta del mediador Alfredo González para construir comunidades de paz en Barranquilla

Enero 27, 2020

Desde La Paz se toma la palabra seguimos resaltando la labor de los mediadores culturales de la red que hemos construido en este proyecto y que abarca las 29 ciudades y territorios aledaños donde tenemos presencia institucional. En esta oportunidad, destacamos la labor de Alfredo González, un barranquillero licenciado en educación con énfasis en francés que un día decidió que su salón de clases iba a ser el barrio, la calle y la vereda y emprendió un camino social por fuera de las instituciones educativas. Sus estudiantes ahora serían niños, niñas y adolescentes junto con sus familias para enseñarles y aprender con ellos nuevas formas de ejercer ciudadanías de paz: “Estaba cansado de poner notas a estudiantes, de trabajar en cuatro paredes siguiendo unas pautas con las que no me sentía muy de acuerdo y que me impedían un contacto más directo con la gente y sus necesidades”, asegura.

Alfredo ha encontrado en el proyecto La Paz se toma la palabra una oportunidad para fortalecer su quehacer como gestor cultural y un espacio para compartir y aprender: “Para mí ser mediador cultural me ha significado una gran experiencia en el sentido de poder aportar más y conocer más a las comunidades, poder apropiarme de las ideas y valores que el proyecto brinda y poder asociarlo con lo que hacemos con la fundación. Lo que más resalto de estar en el proyecto es la capacidad que me ha brindado para poder acercarme de una mejor manera a las comunidades. Me siento parte de un proyecto importante y significativo”. El proyecto le ha permitido conocer más textos, herramientas y personas que están haciendo obras en el país con sus particularidades y desafíos territoriales y que son capaces de convertir las contingencias en estrategias para no dejar de actuar por la construcción de culturas de paz.

Sus primeros pasos como gestor cultural fueron en Pueblo Viejo, Magdalena, para luego, tras haber ganado una convocatoria de Fundalectura, conformar La Sombra del Matarratón, que nació como una tertulia y que hoy es una fundación con diez años de experiencia: “El matarratón es muy simbólico en Barranquilla porque brinda mucha sombra y es bacano sentarse debajo de ese árbol para charlar y que pasen cosas buenas”. Con esta organización, Alfredo ha adelantado una gran cantidad de actividades artísticas y culturales en la capital del Atlántico y en otros municipios en los que la poesía, la literatura y la música han sido los protagonistas: “Nuestro eslogan es soñar, creer y crear y es nuestra ruta metodológica para desarrollar acciones con y para la comunidad”.  

La mediación lectora le ha permitido a Alfredo llevar a cabo procesos más de base con comunidades afectadas por el conflicto armado, el desplazamiento forzado y las violencias urbanas: “Nuestra apuesta siempre ha sido la construcción de memoria histórica, la paz y derechos humanos a partir de las artes y la mediación lectora. La idea es que desde las lecturas las personas puedan hacer asociaciones respecto de fenómenos de su entorno social para promover el cambio de sus problemáticas”. Su estrategia consiste en visitar a las comunidades y escucharlas para que sean ellas quienes identifiquen cuáles son aquellos aspectos que quieren transformar o sobre qué temáticas quieren adelantar acciones, luego hace una selección de textos acordes a los objetivos concertados en conjunto para finalmente generar reflexiones suscitadas por los ejercicios de lectoescritura activados por los textos que conducen a acciones comunitarias.

Este mediador cultural del nodo Barranquilla está convencido de la importancia de este proyecto porque le ha permitido aportar a la construcción de paz en un país que necesita de todas las manos posibles. “Este proyecto nos ayuda a mostrarnos que, si bien como sociedad podamos estar en cuidados intensivos, tenemos opciones de tratamiento para darnos de alta; tal vez nos demoremos pero estamos trabajando en ello”. Alfredo hace un llamado a la ciudadanía a que sus propias comodidades no les impida darse cuenta de la difícil situación social en la que nos encontramos en los barrios, las ciudades y los municipios e invita a aportar desde lo pequeño. “Puede ser un cliché, pero en verdad que los buenos somos más; lo que necesitamos es que esos más se comprometan con su comunidad cercana, sus familias, sus vecinos, y contribuir con acciones pequeñas a que sus entornos se conviertan en escenarios de paz”.

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