Titiribiblioteca Comunitaria, una propuesta de educación popular ambiental para hacer las paces con la naturaleza en Ibagué

Titiribiblioteca Comunitaria, una propuesta de educación popular ambiental para hacer las paces con la naturaleza en Ibagué

Septiembre 30, 2019

“Los asentamientos humanos han estado mediados por los ríos porque estos sustentan la vida y el acceso a lo que muchos llaman servicios ambientales, pero cuando crecen los asentamientos humanos y se exacerba el consumo de la naturaleza, esta pasa a ser vista como objeto de explotación e instrumentalizada, lo que termina generando un quiebre en la relación que tenemos con nuestro medioambiente”. Esta reflexión es la que Diana Hoyos, mediadora cultural del proyecto La paz se toma la palabra en Ibagué, expone como punto de partida para contarnos el proceso que adelanta en este municipio, concretamente en el barrio Buenaventura de la comuna ocho, y que paulatinamente está propiciando que la comunidad empiece a hacer las paces con la naturaleza. Este proceso es la Titiribilioteca Comunitaria.

La iniciativa surgió en marzo de 2017, después del desastre natural de Mocoa. Ella junto a un grupo de artistas decidieron ir a los lugares afectados llevando títeres y libros para proponer una propuesta de trabajo en la que vincularon el arte de los títeres con el de la literatura como pretexto para pensarse el territorio. Dos años después, el objetivo de la Titiribiblioteca Comunitaria, proyecto vinculado a la Fundación Germán Uribe, sigue siendo generar, a través de los espacios artísticos culturales, artísticos y ambientales, un sentir del lugar que se habita y un reconocimiento del espacio para proponer alternativas de cuidado y transformación del mismo.  

La innovación que tiene la Titiribiblioteca es que a través del trabajo con los niños se vincula a los adultos para poder establecer un puente de comunicación intergeneracional para compartir ideas e iniciativas de recuperación del entorno. “El encuentro entre adultos y niños es muy valioso porque ambos grupos poblacionales hacen sus lecturas particulares del territorio: sus necesidades, riesgos, conflictos y posibilidades. Los niños crean obras de títeres en la que se plasman las necesidades, visiones y alternativas que desde ellos se proponen para superarlas. Estas propuestas se llevan a los adultos para que en conjunto se haga un plan de trabajo con las instituciones”. Diana denomina este ejercicio como planeación participativa de la comunidad a partir de las artes. “Los niños llegan todos los martes a las cinco de la tarde voluntariamente para producir sus propios títeres, recorrer la quebrada y, a partir de lo que ven, soñar un personaje y contar una historia”. 

Además del grupo en el barrio Buenaventura de Ibagué, actualmente han sido conformados dos semilleros de formación artística ambiental en el sector más deprimido de la microcuenca en Ibagué, donde el tráfico de drogas tenía mucha presencia.

“Lo que hacemos es una propuesta de educación popular ambiental para hacer las paces con la naturaleza”.

Para Diana, los problemas ambientales son problemas sociales, por lo que “hacer las paces con la naturaleza es hacer las paces con nosotros mismos para respetar la vida que nos rodea. Ya hemos superado esa visión de la quebrada como un repositorio de aguas residuales, como una frontera entre lo urbano y lo rural y hemos empezado a pensarnos como parte de la microcuenca e identificado la relación directa que hay entre el estado de esta y nuestra calidad de vida: si la microcuenca está contaminada es porque no hay apropiación de la misma por parte de la comunidad lo que da lugar a la delincuencia y el microtráfico”, asegura.

Otro de los avances que Diana resalta de la Titiribiblioteca Comunitaria es el proceso de investigación que alimenta el ejercicio político-artístico, el cual ha logrado ganar varias convocatorias y becas locales; los recursos obtenidos de estos reconocimientos han posibilitado potencializar las actividades ofrecidas a la comunidad de manera gratuita. “La investigación nos ha permitido conocer a la población que habita la comuna ocho, la cual es flotante y diversa; este un sector periférico, el más poblado de la ciudad, con más de 86 mil habitantes y es el que más presenta problemas de conflictividad. Las personas que han llegado a esa comuna son re-insertados de diversos grupos armados, víctimas de fenómenos ambientales como el de Armero y otros y son nulos los espacios y oportunidades para acceder al arte y a la cultura”. Debido a estas particularidades poblacionales la memoria de este territorio se ha ido perdiendo gradualmente, por lo que la gente asume que las condiciones precarias en las que se encuentran actualmente siempre han existido. La investigación permite construir un escenario temporal que oriente una alternativa para pensar a futuro cómo se puede transformar a partir del pasado del lugar. Al respecto, Diana expresa:

“El proyecto de la Titiribiblioteca es entonces una apuesta política, ética y estética que permite pensar el territorio y atender, desde las mismas capacidades de la comunidad, sus necesidades”. 

La red de mediadores, una comunidad de gestores de paz

Para Diana, la red de mediadores de La paz se toma la palabra ha sido clave para conformar una comunidad de gestores de paz en la ciudad. “Somos alrededor de quince mediadores en Ibagué que nos reunimos para pensarnos una actividad en conjunto; nos reunimos una vez al mes rigurosamente y hemos consolidado un grupo de estudio en el que escuchamos los podcasts de ‘La paz se cuenta’ y consignamos nuestras reflexiones en unas memorias. La red es necesaria, ha sido un estímulo y un apoyo para el desarrollo de las metodologías que se llevan a cabo. La construcción de la memoria de la quebrada la hicimos a partir de la herramienta ‘Hechos de Paz’, que es una de las herramientas más útiles para empezar procesos comunitarios de memoria y el Banco de la República también nos ha apoyado con donaciones como las del año pasado con doscientos libros de literatura infantil nuevos que recibimos en navidad”. Y concluye: “La red nos permite encontrarnos entre nosotros y nos permite decirnos ‘usted no es el único loco que está remando contra la corriente. Hágale que toca hacerle’, ese es el mayor aporte que tiene la red”. 

El llamado a la ciudadanía

La invitación que Diana extiende a los colombianos es a fortalecer la espiritualidad, en el sentido de retornar a “cultivar esa luz que somos todos” y que se ha visto apagada por la oscuridad de la guerra, el conflicto y la desigualdad, por medio de las múltiples manifestaciones de esa ética humana que genera cambios positivos como el arte, el deporte y el cuidado de la naturaleza. “Mi llamado a la ciudadanía es a que se sume a estos esfuerzos; necesitamos más personas decididas a contribuir a los procesos sociales que hay en el país que desde lo pequeño ayudan a fortalecer los esfuerzos de las iniciativas locales como la Titiribiblioteca Comunitaria que se la juegan por consolidar culturas de paz en los territorios”.  

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